sábado, 13 de marzo de 2021

MEDITACIONES PARA LA CUARESMA: SÁBADO DE LA TERCERA SEMANA DE CUARESMA.


 


Tomado de “Meditaciones para todos los días del año - Para uso del clero y de los fieles”, P. Andrés Hamon, cura de San Sulpicio.

 

 

 

  

RESUMEN PARA LA VÍSPERA EN LA NOCHE.

 

 

       

Emplearemos la meditación de mañana: En repasar la mitad ya transcurrida de la Cuaresma; En preparar los medios de pasar mejor la otra mitad de ella.

 

 

    

   Tomaremos la resolución:

   De aplicarnos a la práctica del recogimiento y al espíritu de oración por el uso frecuente de las jaculatorias; De utilizar mejor la predicación que oigamos y las lecturas piadosas que tuviéremos.

   Nuestro ramillete espiritual serán las palabras de San Agustín: “Temed perder la gracia que pasa”.

 

 

     

MEDITACIÓN DE LA MAÑANA.

 

 

      

   Adoremos a Jesucristo solitario en el desierto, durante la santa Cuarentena que allí pasó, misterio que ahora veneramos. Este divino solitario nos invita a adelantar en la virtud durante estos días de salvación. Confundámonos de haber correspondido tan mal a su llamamiento hasta ahora y pidámosle la gracia de corresponder mejor durante la segunda mitad de este tiempo.

 

 

     

PUNTO PRIMERO — NO HEMOS SIDO LO QUE DEBÍAMOS SER, DURANTE LA PRIMERA MITAD DE LA CUARESMA.

 

 

     

   Para comprenderlo, basta considerar lo que debíamos ser y lo que hemos sido. —Primeramente, lo que debíamos ser— Es un grande error pensar que, para asegurar la salvación basta no cometer grandes faltas. El joven del Evangelio, que había practicado todos los mandamientos, “rehusó abrazar la más alta perfección, que era vender todos sus bienes y dar su precio a los pobres: y esto bastó para que Nuestro Señor dijera, gimiendo: ‘¡Qué difícil es que los ricos se salven!’, y a los Apóstoles: ‘Si éste no se salva, ¿quién se salvará?’”. Sentencias, ambas que parecen una profecía de la perdición de este desgraciado. Los Apóstoles mismos tuvieron entre sí una discusión de amor propio que no excedía los límites del pecado venial, y, sin embargo, Jesucristo les dijo: “Si no os convertís y os hacéis como los niños, no entraréis en el Reino de los Cielos”. El Obispo de Éfeso, que se cree sería San Timoteo, mereció ser alabado por Nuestro Señor por sus trabajos y su celo; sin embargo, no se hubiera salvado si no se hubiera esforzado en hacerse mejor: “Erais más fervoroso al comenzar, le dijo Jesucristo: Si no volvéis al primitivo fervor, quitaré el candelero de su lugar, es decir, os retiraré la luz de mi gracia”. Todos estos ejemplos nos dicen claramente que es un error creer asegurar la salvación por el solo hecho de no cometer de ordinario graves faltas. Para hacer cierta la propia vocación y elección, es preciso tomar a pecho la vida perfecta y multiplicar las buenas obras. Es necesario corresponder a las gracias que se reciben y llevar una vida conforme a ellas, “pues se le pedirá más a quien más haya recibido”. Tales debieron ser nuestros diarios esfuerzos durante esta primera mitad de la Cuaresma.

   — Pero, ¿Es así como hemos vivido? ¿Hemos tomado a pecho la grande obra de nuestra perfección? ¿Hemos comprendido que estas palabras de Nuestro Señor: “Sed perfectos como vuestro Padre celestial es perfecto”, no expresan un simple consejo, sino un precepto de aspirar a la perfección según nuestras fuerzas y la gracia que Dios nos da? Por consiguiente, ¿Hemos procurado cada día ser mejores que el anterior, y en cada hora vivir más santamente que en la que pasó? ¿Qué frutos hemos sacado de todos los medios de salvación de este santo tiempo, de tantas lecturas y piadosos ejemplos, de tantos buenos pensamientos y piadosas inspiraciones y de tantas gracias interiores y exteriores? ¡Ay! Reconozcámoslo gimiendo: NO HEMOS SIDO LO QUE DEBÍAMOS SER.

 

 

   

PUNTO SEGUNDOMEDIOS DE PASAR MEJOR LA SEGUNDA MITAD DE LA CUARESMA.

 

 

   

   Es preciso DEJAR LA VIDA DE DISIPACIÓN para entregarnos a la práctica del recogimiento, sin la cual toda virtud es imposible. Es preciso decirse en el fondo del corazón: “Yo quiero ser santo”; y, como consecuencia de esta resolución, hay que EVITAR CON CUIDADO AÚN LAS FALTAS VENIALES, sin permitirnos ninguna con propósito deliberado; después, hacernos con frecuencia esta pregunta: “¿Es así como los santos pensaban, obraban, oraban y conversaban?”, y arreglar, según esto, nuestra conducta. Es necesario NO RESISTIR A NINGUNA GRACIA, sino ponernos en manos de Dios, para dejarnos conducir por el Espíritu Santo, como el niño por la mano de su madre. En cada lectura que hagamos y en cada instrucción que oigamos, es necesario decirnos: “¿Qué fruto sacaré de esto?” A cada buen pensamiento que nos venga, es necesario responder a Dios como Samuel: “Aquí estoy, Señor”, y seguir la inspiración. Es preciso DETERMINAR ALGÚN DEFECTO PARTICULAR QUE REFORMAR en lo que resta de la Cuaresma, como el amor propio, el carácter o los pecados de la lengua.

 



No hay comentarios.:

Publicar un comentario