martes, 28 de julio de 2020

SAN NAZARIO Y SAN CELSO, MÁRTIRES. —28 de julio.





   El bienaventurado san Nazario nació en Roma, y fué hijo de un caballero africano y de una señora romana, los dos nobles y muy ricos. Fué discípulo del apóstol san Pedro y bautizado por Lino su coadjutor. Como iba creciendo en mocedad, iba juntamente creciendo en virtudes, y llegó a tanto la fama de su santidad, que muchos acudían a él para pedirle consejo y remedio en sus trabajos, y resplandecía en Roma como una estrella del firmamento. Por inspiración del Señor determinó salir de ella: y habiendo allegado de su hacienda alguna cantidad de dineros, se puso en camino. Predicaba a Jesucristo a los pueblos por donde pasaba, y hacía largas limosnas a los pobres necesitados, juntando en uno la misericordia espiritual y corporal. Vino a Placencia, y de allí a Milán, donde fué preso por mandato del presidente Anolino porque predicaba a Cristo. Quiso persuadirle a que adorase a sus falsos dioses, y no habiéndolo podido acabar con él, le mandó dar en su venerable rostro muchas bofetadas y echar de la ciudad. Tuvo Nazario esta afrenta por mucha honra, por haberla padecido por Cristo. Salió de Milán, y por divina revelación pasó a Francia, derramando por todas partes los resplandores del Evangelio.
   Estando en una ciudad de aquel reino, llamada Melia, una mujer principal por nombre Marianila, le trajo un niño suyo de pequeña edad, y poniéndosele en las manos le dijo: Este niño lo seguirá adonde quiera que fueres, hasta que contigo se presente delante del divino acatamiento: y dejándole a Nazario la madre se fué. Nazario tomó el niño: le bautizó y le puso el nombre Celso, y lo trajo siempre consigo, y padeció muchos trabajos, penas y tormentos con él. En la misma Francia fueron presos por un presidente llamado Dinovan, y el niño azotado cruelmente; y sufriendo con ánimo de varón los azotes, con palabras balbucientes dijo al juez: Dios, a quien yo sirvo, te juzgará. Después de esto, habiendo sido avisado el emperador Nerón, que Nazario apartaba de la adoración de los dioses a la gente, y que predicaba que Jesucristo era Dios del cielo y de la tierra, y que muchos le creían y recibían su doctrina en Francia, le mandó prender y traer a Roma, donde el mismo emperador le procuró persuadir que adorase a los ídolos: y visto que estaba firme en no hacerlo, le mandó echar en el mar y con él el niño Celso. Los llevaron al puerto de Ostia, y puestos en un navío los echaron bien dentro en el mar.


   Al tiempo que los ministros del emperador, pensaron haber ido al fondo y ser manjar de los peces, los vieron andar sobre las aguas con grande admiración; y movidos de este milagro, comenzaron a tener con gran veneración a los que antes querían quitar la vida, y tomaron por maestro á Nazario y se juntaron con él: y con esto Nazario, viéndose libre, pudo volver a predicar por las ciudades de Italia, y vino a parar a Milán, donde de nuevo fué preso por el mismo presidente Anolino, que antes le había preso, maltratado y desterrado; el cual, habiéndolo primero consultado con el emperador (por ser Nazario ciudadano y romano, y hombre principal), le mandó juntamente con Celso degollar. 


   Fueron martirizados estos dos santos a los 28 de julio: cerca de los años del Señor de 68; aunque algunos ponen su fiesta al 12 de junio, por ser el dia en que san Ambrosio halló sus cuerpos en Milán: los cuales en aquella ciudad fueron reverenciados y colocados con gran devoción, y después repartidas sus sagradas reliquias, como un precioso y riquísimo Tesoro, por diversas partes del mundo, como lo notó el cardenal Boronio en sus anotaciones del Martirologio romano.



LA LEYENDA DE ORO. —1839.



No hay comentarios.:

Publicar un comentario