jueves, 30 de julio de 2020

NOVENA EN HONOR A SAN CAYETANO DE THIENE. SEGUNDO DÍA.




COMENZAMOS: 29 de julio.


FINALIZAMOS: 6 de agosto.


FESTIVIDAD: 7 de agosto.



NOVENA AL GLORIOSO SAN CAYETANO DE THIENE, PARA IMPLORAR POR SU INTERCESIÓN LA SALUD DEL ALMA Y CUERPO EN TODO TIEMPO, Y MUY EN PARTICULAR EN TIEMPO DE ALGUNA CALAMIDAD.



 
Por la señal de la Santa Cruz; de nuestros enemigos líbranos, Señor Dios nuestro. En el nombre del Padre, y del Hijo , y del Espíritu Santo. Amén.
     




PREPARACIÓN PARA TODOS LOS DÍAS.



   Glorioso San Cayetano, amigo de Jesús, Redentor del linaje humano, y amigo también de María Santísima, madre de los hombres, ¿a quién puedo acudir mejor para alcanzar el remedio de mis males tanto del alma como del cuerpo, que a Vos tan allegado de los dos personajes en cuyas manos están los tesoros de gracia y de naturaleza? Vos, santo mío, si queréis, podéis reparar los percances que me afligen. No espero que me despreciéis en este momento que acudo a Vos confiado en vuestro valimiento y patrocinio. ¿Puede retraeros de consolarme el ver en mí alguna falta que tenga enojada a la Divina justicia y que la obligue a castigarme? ¡Oh San Cayetano!, no os detenga esto. A la presencia del Señor me humillo, y reconociéndome pecador, digo con todas las veras de mi alma: Dios mío, perdón, pésame de haberos agraviado, por ser Vos quien sois, bondad inmensa. Concededme la gracia, y ahora muy en particular para rendir culto a vuestro especial amigo San Cayetano, por cuya intercesión espero obtener de Vos en esta novena el bien que deseo, y al fin de mi vida el descanso de mi alma en vuestra compañía eternamente en la gloria. Amén.








DÍA SEGUNDO (30 de julio).




MEDITACIÓN: CELO DE SAN CAYETANO EN PROPORCIONAR MEDIOS A LOS PECADORES ARREPENTIDOS PARA MANTENERSE EN EL ESTADO DE PENITENCIA.



   San Cayetano, que prestaba tantos trabajos, y hacía tantos sacrificios para la conversión de los pecadores y de toda clase de almas perdidas, ¿podía dejar de prestarlos a fin de que los convertidos a la gracia perseverasen en tan feliz estado? No. Así es que, para lograr su permanencia en la nueva amistad divina, arbitraba medios y los ponía en práctica. ¡Qué rígidos ayunos hacía para mortificar el apetito! ¡Qué crueles disciplinas descargaba sobre su inocente cuerpo! ¡Qué pesado descanso daba a sus miembros fatigados por el trabajo, tomándolo sobre el duro suelo! ¡Qué insoportables eran las vigilias que observaba! Se presentaba Cayetano a los nuevos penitentes como un esqueleto descarnado por riquísimas maceraciones. Y a fin de no asustarles con cuadro de cruel penitencia tan al vivo en su mismo cuerpo, los llamaba a la casa de Dios a fin de sus labios, las pláticas que formaba sobre el ayuno y mortificación de Jesucristo. Le presentaba después el mismo divino Maestro atado a la columna recibiendo azotes en satisfacción de los pecados del mundo, y el mismo Señor clavado en el leño sacro de la Cruz padeciendo agonía mortal para conseguir perdón de la mucha ingratitud del hombre. A fin de fortalecerlos en medio de las mortificaciones que emprendiesen y sostenerlos en sus propósitos, los exhortaba a la oración, a la frecuencia de Sacramentos, y al retiro, muy en particular a las mujeres, estableciendo para su recogimiento lugares a propósito con el nombre de casas de arrepentidas.


   Pecadores, que renunciasteis el camino de la maldad para no entrar más en él, tened siempre en la memoria los medios de que San Cayetano se valía para conservar en el arrepentimiento y lágrimas de contrición, a los que convertía a Jesucristo, y ponedlos en práctica. Macerad la carne, crucificadla en Cristo Jesús, y mereceréis el perdón y la gracia en vida y en la hora de la muerte.




EJEMPLO: «En la ciudad de Nápoles, un hombre había dejado de confesar cierto pecado, más por negligencia en el examen que por estudiosa malicia. No se acordaba de la culpa, pero siempre le punzaba la espina de que no eran enteras las confesiones. Con este desabrimiento se puso a hacer oración delante del sepulcro de San Cayetano, y se le representó, salía de él el Santo, y puesto a su vista, solo con mirarle le trajo a la memoria la culpa que ocasionaba el remordimiento y él no encontraba, con lo cual, sin salir de la iglesia se confesó, y logrando la serenidad de su conciencia, dio gracias al Santo». Vida de San Cayetano, edic. de 1723, pág. 587.




—Se rezará nueve veces el Padre nuestro, Ave María, y Gloria Patri con una aspiración antes de cada uno:


¡Oh San Cayetano, rogad por la conversión de los pecadores! Padre nuestro, Ave María, y Gloria Patri.


¡Oh San Cayetano, rogad por la conversión de los herejes e infelices! Padre nuestro, Ave María, y Gloria Patri.


¡Oh San Cayetano, rogad por la conservación de los justos en el estado de la gracia! Padre nuestro, Ave María, y Gloria Patri.


¡Oh San Cayetano, rogad por el sostén y extensión de la Iglesia Católica! Padre nuestro, Ave María, y Gloria Patri.


¡Oh San Cayetano, rogad por la pureza y por la defensa de los ministros del santuario! Padre nuestro, Ave María, y Gloria Patri.


¡Oh San Cayetano, rogad por la paz entre los reinos católicos! Padre nuestro, Ave María, y Gloria Patri.


¡Oh San Cayetano, rogad por la salud de todos los fieles cristiano-católicos! Padre nuestro, Ave María, y Gloria Patri.


¡Oh San Cayetano, rogad por la conservación y aumento de los frutos de la tierra! Padre nuestro, Ave María, y Gloria Patri.


¡Oh San Cayetano, rogad por todos los enfermos agonizantes, a fin de que mueran en el ósculo del Señor! Padre nuestro, Ave María, y Gloria Patri.
  



CONCLUSIÓN PARA TODOS LOS DÍAS



    Poderosísimo San Cayetano, a vuestro honor y ensalzamiento se ha dirigido este piadoso ejercicio. Si no ha llegado al pie de vuestro altar con toda aquella devoción que el Señor requiere en tales actos, haya para nosotros indulgencia, santo mío; mirad que somos todos miserables hijos de un padre prevaricador. Y en este concepto, según lo bueno que haya en nuestra oración, y en atención a los méritos de la Pasión de Jesucristo, tomad interés por nuestro bien, especialmente por la salud de nuestras almas. No nos abandonéis, ¡oh glorioso San Cayetano! Hoy más que nunca miradnos con ojos de compasión. Impetrad del trono de la Trinidad santísima el perdón de nuestras iniquidades que tan irritado tienen al Cielo contra nosotros, alcanzadnos la amistad divina con que seamos bendecidos durante la vida en este destierro, y coronados después de la muerte con la diadema de la inmortalidad en el reino de la gloria. Amén.




ORACIÓN DE SAN CAYETANO PARA EL REMEDIO DE LAS MAYORES NECESIDADES



   Mira, Señor y Padre santísimo, desde tu santuario, y sublime morada celestial esta sacrosanta Hostia que ofrece nuestro Sumo Pontífice Hijo tuyo y Señor nuestro, por los pecados de sus hermanos: aplácate, no obstante las muchas maldades del mundo; atiende a la voz de la Sangre de nuestro hermano Jesucristo que clama a ti desde la Cruz: otorga, Señor, nuestros ruegos: aplácate Señor, y concédenos lo que te pedimos; no des largas por ser Tú quién eres, Dios mío, pues tu santo Nombre ya se invocó sobre tu pueblo; y haz con nosotros según tu misericordia. Amén.





GOZOS AL GLORIOSO SAN CAYETANO

 

Conde en Venecia nacisteis,
Y en la juventud florida
Deudos y honras de esta vida
Por pobre desconocisteis:
Pues en Dios, gran veneciano,
Lográis nobleza mayor:
Sednos padre y protector,
Milagrero Cayetano.
  
Vuestra patria os aclamaba,
Ya por santo entre niñeces,
Y en vos ciertas solideces
De la virtud admiraba:
Pues disteis muestras enano
De agigantado valor:
Sednos padre y protector,
Milagrero Cayetano.
 
La pobreza y abstinencia
Como apóstol abrazasteis,
Y a vuestros hijos mandasteis
Vivir de la providencia:
Y siempre con larga mano
Os socorría el Señor:
Sednos padre y protector,
Milagrero Cayetano.
  
Humilde en los hospitales
Servíais a los dolientes,
Sanando sus accidentes
Incurables o mortales:
Y pues poder soberano
Os ha dado el Redentor:
Sednos padre y protector,
Milagrero Cayetano.
  
En Roma puso María
A Jesús en vuestros brazos,
Logrando en tiernos abrazos,
Tan amable compañía:
Y pues depósito Pífano
Fuisteis del mismo Criador:
Sednos padre y protector,
Milagrero Cayetano.
 
Fuiste insigne penitente,
Tanto que según decíais,
Vuestro cuerpo aborrecíais
Como al demonio insolente.
Pues sois del mundo liviano
Constante perseguidor:
Sednos padre y protector,
Milagrero Cayetano.
     
Vuestro aspecto prodigioso
Todos los vicios destruye,
Y de vuestra imagen huye
El espíritu alevoso:
Pues del infernal villano
Sois firme espanto y terror,
Sednos padre y protector,
Milagrero Cayetano.
    
Un Moro porque votó
Retener vuestra figura,
De una prisión cruel, y dura
Felizmente se libró:
Pues sois aun del más pagano
Amable consolador:
Sednos padre y protector,
Milagrero Cayetano.
    
Muchas almas acosadas
De venérea tentación
Deja vuestra intercesión
Dichosamente libradas:
Pues sobresale a lo humano
Vuestro virgíneo candor:
Sednos padre y protector,
Milagrero Cayetano.
    
Dais esfuerzo, luz, y guía
Al más triste agonizante,
Y al enfermo vacilante
Suspendéis la frenesía:
Para que como cristiano
Muera contrito de amor:
Sednos padre y protector,
Milagrero Cayetano.
   
En los partos laboriosos
Dais feliz alumbramiento,
Trocando en alegre acento
Los suspiros dolorosos:
Pues nunca el devoto en vano
Imploró vuestro favor:
Sednos padre y protector,
Milagrero Cayetano.
    
El conyugal desconsuelo
Por falla de sucesión,
Alivias grato Patrón
Si es conveniente su anhelo:
Que cuando el deseo es vano
No os merece por fiador:
Sednos padre y protector,
Milagrero Cayetano.



      
Antífona:



Buscad primero el Reino de Dios y su justicia, y todo lo demás se os añadirá.



. Bajo la sombra de tus alas protégenos, San Cayetano.



. Sé nuestro refugio en la tribulación.



 
ORACIÓN



   Suplicámoste, Señor, que no nos falte en nuestras necesidades la intercesión de tu bienaventurado confesor San Cayetano, para que experimentemos continuamente el auxilio de aquél que respetuosamente veneramos. Por Jesucristo Nuestro Señor. Amén.




—En el nombre del Padre, y del Hijo , y del Espíritu Santo. Amén.


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