miércoles, 29 de julio de 2020

NOVENA EN HONOR A SAN CAYETANO DE THIENE.




COMENZAMOS: 29 de julio.



FINALIZAMOS: 6 de agosto.



FESTIVIDAD: 7 de agosto.




 Novena dispuesta por el padre fray Rafael José Ferriol, capuchino exclaustrado y párroco de San Jaime en Palma de Mallorca, impresa en esa misma ciudad por la viuda de Buenaventura Villalonga en 1865, con licencia eclesiástica.




 
ADVERTENCIA DEL AUTOR




Circunstancias bastante azarosas motivaron escribir estas sencillas consideraciones sobre el celo que en bien de los hombres ejerció durante la vida el ilustre fundador de los Padres Teatinos San Cayetano. Acometidos los moradores de la ciudad de Palma de Mallorca, en agosto de 1865 por el terrible y mortal enemigo de la vida humana el cólera morbo, los feligreses de la parroquial de San Jaime determinaron implorar la protección del esclarecido patriarca por medio de nueve días consecutivos, a fin de recabar del Cielo misericordia. Y no teniendo a la mano un librito con qué dirigirse, adaptado al objeto que se habían propuesto, se pensó en realizarlo por medio de los presentes asuntos; primero, para mover los corazones a conversión santa y perseverancia firme en el bien obrar: y segundo, para dar a conocer cuál era el espíritu de San Cayetano en bien moral y físico de sus semejantes. Por el orden en que están y con la misma explicación que se les dio, se leyeron en los días que duró el ejercicio de la Novena. Y a fin de que las consideraciones puedan ser de utilidad en todo tiempo a los fieles, y de memoria honorífica al Santo, por lo mucho que trabajó por la salvación de las almas se presentan impresas a la luz pública. Se espera que Dios bendecirá el trabajo.





NOVENA AL GLORIOSO SAN CAYETANO DE THIENE, PARA IMPLORAR POR SU INTERCESIÓN LA SALUD DEL ALMA Y CUERPO EN TODO TIEMPO, Y MUY EN PARTICULAR EN TIEMPO DE ALGUNA CALAMIDAD.




 
Por la señal de la Santa Cruz; de nuestros enemigos líbranos, Señor Dios nuestro. En el nombre del Padre, y del Hijo , y del Espíritu Santo. Amén.
     



PREPARACIÓN PARA TODOS LOS DÍAS.



   Glorioso San Cayetano, amigo de Jesús, Redentor del linaje humano, y amigo también de María Santísima, madre de los hombres, ¿a quién puedo acudir mejor para alcanzar el remedio de mis males tanto del alma como del cuerpo, que a Vos tan allegado de los dos personajes en cuyas manos están los tesoros de gracia y de naturaleza? Vos, santo mío, si queréis, podéis reparar los percances que me afligen. No espero que me despreciéis en este momento que acudo a Vos confiado en vuestro valimiento y patrocinio. ¿Puede retraeros de consolarme el ver en mí alguna falta que tenga enojada a la Divina justicia y que la obligue a castigarme? ¡Oh San Cayetano!, no os detenga esto. A la presencia del Señor me humillo, y reconociéndome pecador, digo con todas las veras de mi alma: Dios mío, perdón, pésame de haberos agraviado, por ser Vos quien sois, bondad inmensa. Concededme la gracia, y ahora muy en particular para rendir culto a vuestro especial amigo San Cayetano, por cuya intercesión espero obtener de Vos en esta novena el bien que deseo, y al fin de mi vida el descanso de mi alma en vuestra compañía eternamente en la gloria. Amén.






DÍA PRIMERO (29 de julio)




MEDITACIÓN: CELO DE SAN CAYETANO POR LA CONVERSIÓN DE LOS PECADORES.




Desde pequeñito empezó San Cayetano a considerar el fin de la venida de Jesucristo a la tierra, y lo que trabajó el divino Maestro para llevarlo a cabo. Todos sabemos que el Hijo de Dios descendió del Cielo a la tierra para convertir y salvar los pecadores. He aquí que San Cayetano tuvo esto presente toda su vida; y toda su vida la pasó ejercitándose en bien espiritual de los mismos. Jamás miró con indiferencia la pérdida de ningún alma: la sentía y lloraba amargamente. Por obstinadas o endurecidas que se presentasen algunas, no se espantaba, ni cejaba su celo en trabajar para sacarlas de su empedernimiento, y llevarlas a punto de salvación. Muy perdido estaba en tiempo de San Cayetano el reino de Nápoles: la desmoralización era general, los escándalos se daban la mano uno a otro, y la herejía llegó a reinar en el entendimiento de muchos. En tan malhadada época para aquella nación, el espíritu celoso de San Cayetano no flaqueó. Sentía la desgracia moral y la lloraba haciendo penitencia a fin de implorar la mudanza de costumbres en aquellos habitantes, el perdón de sus culpas, y la gracia divina. Y no se contentaba su celo en esperarlo todo de la oración y mortificaciones: se entregaba a la vida activa anunciando en público la palabra del Señor y la necesidad de convertirse. ¡Cuánto padeció durante este género de vida, ávido de la reforma moral de todos los cristianos! Fríos, calores, hambre, cansancios, desprecios, peligros de muerte; todo lo tenía por bien empleado convirtiendo una sola alma. El número de los que trajo a buen camino y de los que introdujo al gremio de la Santa Iglesia, fue crecidísimo. Muchísimos fueron los pecadores que abandonaron su mala vida; muchísimos los incrédulos que abrazaron la verdad pura del Santo Evangelio protestando sus errores; muchísimos los que se sujetaron a la autoridad del Sumo Pontífice; y muchísimos los que renunciaron al islamismo. No es extraño que Cayetano fuese apellidado Cazador de almas.


   Mira, pecador, cualquier que seas, lo que debes hacer queriendo ser devoto verdadero de San Cayetano. El santo pide tu conversión. Examina, pues, tu conciencia, detesta luego tus faltas, llóralas, confiésalas, y no vuelvas a pecar.





EJEMPLO: «Cierto caballero napolitano vivía tan licenciosamente, que era más conocido por sus vicios que por su nobleza. Le corregían sus amigos los excesos, pero en vano, porque unas veces los oía con desprecio, y otras los huía por no parecer contumaz. Enredado en un laberinto de culpas, desconfiaba ya de hallar misericordia. En este infeliz estado y ceguedad se hallaba en ocasión que, más por curiosidad que por devoción, entró un día en la iglesia de San Pablo. Por hacer lo que todos, se postró entre los muchos que acuden a venerar a San Cayetano, le pidió, aunque con tibieza, se acordase de él. No dilató el Santo su favor a este pecador endurecido, porque inmediatamente se sintió movido de compunción a la detestación de sus culpas. Advirtió la novedad del impulso, pero bien hallado con sus deleites, trató de sacudirlo y salirse de la iglesia. Tres veces intentó levantarse y no pudo. Sintiendo por instantes lo que obraba en su corazón el poder de la divina gracia, fue ilustrado con el conocimiento de sus graves culpas, y a ese paso fue excesivo el dolor que concibió de ellas, pasando a demostraciones exteriores confesándolas, y a predicar que lo debía a la virtud bondadosa de San Cayetano». Vida de San Cayetano, edic. de 1723, pág. 587.





—Se rezará nueve veces el Padre nuestro, Ave María, y Gloria Patri con una aspiración antes de cada uno:



¡Oh San Cayetano, rogad por la conversión de los pecadores! Padre nuestro, Ave María, y Gloria Patri.



¡Oh San Cayetano, rogad por la conversión de los herejes e infelices! Padre nuestro, Ave María, y Gloria Patri.



¡Oh San Cayetano, rogad por la conservación de los justos en el estado de la gracia! Padre nuestro, Ave María, y Gloria Patri.



¡Oh San Cayetano, rogad por el sostén y extensión de la Iglesia Católica! Padre nuestro, Ave María, y Gloria Patri.



¡Oh San Cayetano, rogad por la pureza y por la defensa de los ministros del santuario! Padre nuestro, Ave María, y Gloria Patri.



¡Oh San Cayetano, rogad por la paz entre los reinos católicos! Padre nuestro, Ave María, y Gloria Patri.



¡Oh San Cayetano, rogad por la salud de todos los fieles cristiano-católicos! Padre nuestro, Ave María, y Gloria Patri.



¡Oh San Cayetano, rogad por la conservación y aumento de los frutos de la tierra! Padre nuestro, Ave María, y Gloria Patri.



¡Oh San Cayetano, rogad por todos los enfermos agonizantes, a fin de que mueran en el ósculo del Señor! Padre nuestro, Ave María, y Gloria Patri.
  




CONCLUSIÓN PARA TODOS LOS DÍAS



    Poderosísimo San Cayetano, a vuestro honor y ensalzamiento se ha dirigido este piadoso ejercicio. Si no ha llegado al pie de vuestro altar con toda aquella devoción que el Señor requiere en tales actos, haya para nosotros indulgencia, santo mío; mirad que somos todos miserables hijos de un padre prevaricador. Y en este concepto, según lo bueno que haya en nuestra oración, y en atención a los méritos de la Pasión de Jesucristo, tomad interés por nuestro bien, especialmente por la salud de nuestras almas. No nos abandonéis, ¡oh glorioso San Cayetano! Hoy más que nunca miradnos con ojos de compasión. Impetrad del trono de la Trinidad santísima el perdón de nuestras iniquidades que tan irritado tienen al Cielo contra nosotros, alcanzadnos la amistad divina con que seamos bendecidos durante la vida en este destierro, y coronados después de la muerte con la diadema de la inmortalidad en el reino de la gloria. Amén.





ORACIÓN DE SAN CAYETANO PARA EL REMEDIO DE LAS MAYORES NECESIDADES



   Mira, Señor y Padre santísimo, desde tu santuario, y sublime morada celestial esta sacrosanta Hostia que ofrece nuestro Sumo Pontífice Hijo tuyo y Señor nuestro, por los pecados de sus hermanos: aplácate, no obstante las muchas maldades del mundo; atiende a la voz de la Sangre de nuestro hermano Jesucristo que clama a ti desde la Cruz: otorga, Señor, nuestros ruegos: aplácate Señor, y concédenos lo que te pedimos; no des largas por ser Tú quién eres, Dios mío, pues tu santo Nombre ya se invocó sobre tu pueblo; y haz con nosotros según tu misericordia. Amén.






GOZOS AL GLORIOSO SAN CAYETANO
 

Conde en Venecia nacisteis,
Y en la juventud florida
Deudos y honras de esta vida
Por pobre desconocisteis:
Pues en Dios, gran veneciano,
Lográis nobleza mayor:
Sednos padre y protector,
Milagrero Cayetano.
  
Vuestra patria os aclamaba,
Ya por santo entre niñeces,
Y en vos ciertas solideces
De la virtud admiraba:
Pues disteis muestras enano
De agigantado valor:
Sednos padre y protector,
Milagrero Cayetano.
 
La pobreza y abstinencia
Como apóstol abrazasteis,
Y a vuestros hijos mandasteis
Vivir de la providencia:
Y siempre con larga mano
Os socorría el Señor:
Sednos padre y protector,
Milagrero Cayetano.
  
Humilde en los hospitales
Servíais a los dolientes,
Sanando sus accidentes
Incurables o mortales:
Y pues poder soberano
Os ha dado el Redentor:
Sednos padre y protector,
Milagrero Cayetano.
  
En Roma puso María
A Jesús en vuestros brazos,
Logrando en tiernos abrazos,
Tan amable compañía:
Y pues depósito Pífano
Fuisteis del mismo Criador:
Sednos padre y protector,
Milagrero Cayetano.
 
Fuiste insigne penitente,
Tanto que según decíais,
Vuestro cuerpo aborrecíais
Como al demonio insolente.
Pues sois del mundo liviano
Constante perseguidor:
Sednos padre y protector,
Milagrero Cayetano.
    
Vuestro aspecto prodigioso
Todos los vicios destruye,
Y de vuestra imagen huye
El espíritu alevoso:
Pues del infernal villano
Sois firme espanto y terror,
Sednos padre y protector,
Milagrero Cayetano.
    
Un Moro porque votó
Retener vuestra figura,
De una prisión cruel, y dura
Felizmente se libró:
Pues sois aun del más pagano
Amable consolador:
Sednos padre y protector,
Milagrero Cayetano.
    
Muchas almas acosadas
De venérea tentación
Deja vuestra intercesión
Dichosamente libradas:
Pues sobresale a lo humano
Vuestro virgíneo candor:
Sednos padre y protector,
Milagrero Cayetano.
    
Dais esfuerzo, luz, y guía
Al más triste agonizante,
Y al enfermo vacilante
Suspendéis la frenesía:
Para que como cristiano
Muera contrito de amor:
Sednos padre y protector,
Milagrero Cayetano.
   
En los partos laboriosos
Dais feliz alumbramiento,
Trocando en alegre acento
Los suspiros dolorosos:
Pues nunca el devoto en vano
Imploró vuestro favor:
Sednos padre y protector,
Milagrero Cayetano.
    
El conyugal desconsuelo
Por falla de sucesión,
Alivias grato Patrón
Si es conveniente su anhelo:
Que cuando el deseo es vano
No os merece por fiador:
Sednos padre y protector,
Milagrero Cayetano.


      
Antífona:

Buscad primero el Reino de Dios y su justicia, y todo lo demás se os añadirá.


. Bajo la sombra de tus alas protégenos, San Cayetano.


. Sé nuestro refugio en la tribulación.


 
ORACIÓN


   Suplicámoste, Señor, que no nos falte en nuestras necesidades la intercesión de tu bienaventurado confesor San Cayetano, para que experimentemos continuamente el auxilio de aquél que respetuosamente veneramos. Por Jesucristo Nuestro Señor. Amén.



—En el nombre del Padre, y del Hijo , y del Espíritu Santo. Amén. 






No hay comentarios.:

Publicar un comentario