lunes, 26 de julio de 2021

SANTA ANA, MADRE DE LA VIRGEN MARÍA. —26 de julio.


 

La bienaventurada santa Ana, madre de nuestra Señora santa María, Madre de nuestro Señor Jesucristo, fué natural de Belén, hija de Stolano, y por otro nombre Gaziro, y de Emerencia, y fué mujer de san Joaquín, galileo, de la ciudad de Nazaret. Los dos eran de la tribu de Judá y del real linaje de David. Se ejercitaban continuamente en la guarda de la ley de Dios, en oraciones y santas obras, y particularmente en limosnas, porque dividían la renta que cada año cobraban de su hacienda en tres partes, de las cuales las unas gastaban en su casa y familia, la otra en el templo y con sus ministros, y la tercera daban a los pobres.




 

   Vivían muy afligidos estos santos casados por haberlo sido veinte años sin tener fruto de bendición, por lo cual andaban como avergonzados y corridos, y apartados del trato y conversación de los otros hombres de su calidad, hasta que un día apareció un ángel a san Joaquín y le dijo que Ana su mujer pariría una hija, a quien pondrían por nombre María, la cual sería llenado Espíritu Santo, y más ilustre y dichosa que Sara, Rebeca, Raquel y todas las otras excelentes mujeres que ha habido en el mundo; y como el ángel lo dijo, así se cumplió.

 

 


   Concibió Ana de su marido Joaquín y parió a la serenísima Reina de los ángeles, nuestra Señora, la virgen María. No tenemos otras cosas ciertas y averiguadas de la vida y muerte de santa Ana. Algunos dicen que murió después de haber nacido Jesucristo, nuestro Redentor, en 26 de julio, imperando Octaviano.




   Lo que podemos afirmar seguramente es que tiene eminentísimo lugar en el cielo. Pues, así como la mayor alabanza que se puede dar a nuestra Señora es llamarla Madre de Dios, porque en este apellidó se encierran todos los privilegios, gracias y preeminencias que competen a tal Madre, así la mayor loa que se puede dar a santa Ana es llamarla madre de la Madre de Dios, y abuela de Jesucristo; del cual no hay duda sino que fué muy regalada y favorecida, y enriquecida de todas las virtudes que convenía tuviese la que se podía tener por tal, y a boca llena llamarse abuela del Hijo de Dios. Y si el agua es tanto más pura cuanto se coge más cerca de su fuente, ¿qué debemos nosotros creer de la grandeza, excelencia y pureza de esta gloriosa santa, que bebió y se hartó de la misma fuente de todas las-virtudes y gracias, y según la carne le fué más conjunta persona que ninguna otra criatura después de su bendita hija y Madre del mismo Dios?

 

   Escribieron de santa Ana san Epifanio, Hæresi, 68; san Juan Damasceno, lib. IV, cap. 15. También anda entre las epístolas de san Jerónimo una, que es la 101, en que se trata de santa Ana y del nacimiento de nuestra Señora, y el Martirologio romano y los demás hacen mención de santa Ana. El papa Gregorio XII, el año 1584, que fué el duodécimo de su pontificado, en el primer día de mayo mandó que se celebrase por toda la Iglesia católica la fiesta de santa Ana, con solemnidad de fiesta doble, a los 26 de julio, que es el día de su fiesta. (P. Ribadeneira.)

 


LA

LEYENDA DE ORO (1897)


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