viernes, 20 de marzo de 2020

NOVENA EN HONOR DEL Glorioso Patriarca de los Monjes de Occidente SAN BENITO. DÍA 8.




COMENZAMOS: 13 de marzo.



FINALIZAMOS: 21 de marzo (fecha de su festividad).



Aviso: Antes de la Novena es muy conveniente que las personas que deseen practicar este piadoso ejercicio determinen exactamente las gracias o favores que desean alcanzar de Dios por intercesión del Santo.



Por la señal, etc.



Acto de contrición.



   Señor mío Jesucristo, que quisiste tomar forma de siervo y nacer de una Virgen Purísima, muriendo en una cruz para librarme del pecado y del infierno, acordaos de vuestra infinita caridad, ten piedad de mí, pobre pecador, que, oprimido con el peso de mis culpas y confesando su malicia, me arrepiento de ellas, y me pesa de lo íntimo de mi corazón de haberlas cometido, por ser ofensas a vuestra bondad inmensa, a quien amo sobre todas las cosas. Propongo firmemente, con el auxilio de vuestra gracia, nunca más pecar. Haced, Señor, por los méritos e intercesión de vuestro fiel siervo San Benito que no me rinda a las asechanzas del común enemigo, antes bien me mantenga constante en el propósito que hago de no ofenderos más, y así consiga, con vuestra gracia, perseverar en vuestro amor hasta el último instante de mi vida, para continuar amándoos, bendiciéndoos y alabándoos por toda la eternidad en el cielo. Amén.



ORACIÓN PARA TODOS LOS DÍAS



   Señor Dios Todopoderoso, que queréis ser glorificado en vuestros Santos, haciéndoles participantes de vuestras riquezas y de vuestro poder; Vos que habéis ensalzado a vuestro fiel siervo Benito llenándole del espíritu de todos los justos y concediéndole gran poder ante vuestro divino acatamiento para ayudar a cuantos le invocan con amor y confianza; otorgadnos, Señor, por intercesión del Glorioso Patriarca la gracia de imitar sus virtudes y de sentir los efectos de su particular devoción. Por Jesucristo Nuestro Señor que con Vos vive y reina por los siglos de los siglos.

Amén.




DÍA OCTAVO (20 de marzo).





Muerte o tránsito glorioso de San Benito.




   PRIMER PUNTO. —Benito, que desde su infancia había servido al Señor, considerando los bienes celestiales y eternos que Dios ha preparado a cuantos le aman; Benito, que siempre tuvo su mirada en los cielos, y que, merced a la divina bondad de Dios, saboreó anticipadamente las delicias inefables de la celestial Jerusalem; Benito que hablaba con placer de ellas, comunicando el aprecio que de ellas hacía a las almas con quienes conversaba, viviendo en este mundo, tenía un paraíso en su alma. Por eso la muerte que tanto horror suele causar, era para ella cosa más ardientemente deseada como el término de este destierro y el mensajero de la felicidad eterna. Jesucristo se había dignado revelarle el día y la hora de su tránsito glorioso, y seis días antes mandó abrir el sepulcro en que debían descansar sus restos mortales, para enseñarnos a todos que para no tener horror a la muerte el mejor remedio es tenerla siempre presente. Durante seis días le consumió una recia fiebre, y el día último de su enfermedad mandó que sus hijos le llevasen a la iglesia, donde, de pie, recibió el Viático, y en brazos de sus discípulos, con las manos levantadas al cielo, pronunciando fervorosa oración, entregó su espíritu a Dios. ¡Qué valor, qué energía de alma de este varón esclarecido al disolverse las fuerzas de su cuerpo! ¡Qué dicha la de aquellos discípulos suyos que presenciaron tan santo fin y vieron cómo mueren los justos como Benito! Sin embargo, no temamos afirmar que mucho más dichosos han de ser los que, imitándole, merezcan seguirle en la alegría de su triunfo.




   SEGUNDO PUNTO. —Hallándose un día Santa Gertrudis en oración contemplando el fin glorioso de su padre San Benito, le suplicó que él, en consideración de tan excepcional privilegio como había tenido de morir de pie y exhalando una oración junto al altar, se dignara favorecerla en la hora de su muerte. El santo la contestó entonces: “Cualquiera que me trajere a la memoria las mercedes que el Señor me hizo al morir sentir a mi auxilio en el trance terrible de la muerte pues yo, como fiel abogado, le defenderé contra el diablo y sus asechanzas, para que salga libre de sus redes y vaya conmigo a gozar de la gloria por los siglos infinitos”.


   Tal ha sido el motivo y principio de tomar como protector de la buena muerte con San José al glorioso San Benito, y todos sus verdaderos hijos y devotos se encomiendan a él todos los días felicitándole por su dichos o tránsito y pidiéndole asistencia en la suprema hora.

   Encomendémonos también nosotros a él con fervor: siendo muchos los que han experimentado su ayuda ¿podrá abandonarnos a nosotros que queremos ser fieles hijos suyo?




Obsequio. En memoria de la santa muerte de Benito representarnos la nuestra y pedirle con el corazón, viendo nuestros apuros, su asistencia provechosa.









—A esta intención, y además para alcanzar la gracia especial que se le pida en la Novena, rezaremos tres Padre nuestros y tres Ave Marías con Gloria Patri.





—Aquí se cantan los gozos, y al fin de ellos se puede decir la oración que sigue:







GOZOS AL GLORIOSO PADRE SAN BENITO



Estribillo. —Benito, de tus devotos
Fiel y amante protector,
Ven y lleva nuestros votos
Hasta el trono del Señor.



Salve ¡oh preclaro Benito,
Brillante sol del Casino
Cuyo fulgor peregrino
A la Europa iluminó;
Salve egregio patriarca
De los monjes de Occidente,
Salve estrella refulgente
De la célica mansión.



Estribillo. —Benito, de tus devotos
Fiel y amante protector,
Ven y lleva nuestros votos
Hasta el trono del Señor.


De noble estirpe nacido,
Ya de la ciencia anheloso,
A Roma vas presuroso
Como a foco del saber;
Pero Dios, que complacido
En ti sus ojos fijara,
Otro lugar te prepara
Donde vayas a aprender.



Estribillo. —Benito, de tus devotos
Fiel y amante protector,
Ven y lleva nuestros votos
Hasta el trono del Señor.



Por eso dejas familia
Y placeres seductores
Y pasajeros honores
Y a Cristo buscando vas;
Y en la gruta de Subiaco
A retirarte convida
Donde comiences la vida
Que el cielo te ha de ganar.



Estribillo. —Benito, de tus devotos
Fiel y amante protector,
Ven y lleva nuestros votos
Hasta el trono del Señor.


Mirando tu santa vida
El enemigo envidioso
Mueve sus artes mañosos
Con una vil tentación,
Pero tú, muy confiado
En los divinos favores,
Entre espinas los furores
Burlas del fiero dragón.


Estribillo. —Benito, de tus devotos
Fiel y amante protector,
Ven y lleva nuestros votos
Hasta el trono del Señor.


Marchas de aquí perseguido
¡Oh Benito! hasta Casino
Donde te reserva el destino
Una misión sin igual.
Y tú vista allí tendiendo
Ves mil bárbaras naciones
Que gimen en las prisiones
Del enemigo infernal.



Estribillo. —Benito, de tus devotos
Fiel y amante protector,
Ven y lleva nuestros votos
Hasta el trono del Señor.



Ardiendo de santo celo
Con tu código divino
Abres un nuevo camino
A numerosa legión.
Que cual rápido torrente
Se desborda, avasallando
Por doquier, y predicando
De Cristo la religión.


Estribillo. —Benito, de tus devotos
Fiel y amante protector,
Ven y lleva nuestros votos
Hasta el trono del Señor.


A su frente y con la cruz
Rindes a aquellas naciones
Que Roma con sus legiones
Nunca pudo dominar,
Y aquellas incultas gentes
Cual leones antes fieros
Vienen cual mansos corderos
Su cerviz a presentar.


Estribillo. —Benito, de tus devotos
Fiel y amante protector,
Ven y lleva nuestros votos
Hasta el trono del Señor.


Tus virtudes eminentes
Prueban milagros sin cuento,
Y no se da un elemento
Que te pueda resistir;
Mauro camina en las aguas
Cual, por suelo resistente,
Ordenas y clara fuente
Ves de una roca salir.


Estribillo. —Benito, de tus devotos
Fiel y amante protector,
Ven y lleva nuestros votos
Hasta el trono del Señor.


Rómpese á la cruz la copa
Que veneno encierra y muerte
Al niño yerto é inerte
Vida muy pronto le das.
Recobra el ciego la vista,
La salud el moribundo,
Huye a tu vista al profundo
Averno el fiero Satán.


Estribillo. —Benito, de tus devotos
Fiel y amante protector,
Ven y lleva nuestros votos
Hasta el trono del Señor.


De la muerte a los umbrales
Y al oratorio llevado,
De tus hijos circundado
No tardas en espirar;
Pero ven que tu alma pura
Por una luciente vía
Resplandeciente subía
Del alto cielo a gozar.


Estribillo. —Benito, de tus devotos
Fiel y amante protector,
Ven y lleva nuestros votos
Hasta el trono del Señor.


¡Oh padre! Padre amoroso,
Haz que tus huellas siguiendo
Y tus mandatos cumpliendo
En el valle del dolor,
Ese camino, tomemos
Que te llevó luminoso
Á ese puerto venturoso
De la gloria y del amor.


AMÉN


—Ora pro nobis Sancte Pater Benedicte.


R) Ut digni efficiamur promissionibus Christi.




OREMUS


Excita, Domine, in Ecclesia tua Spiritum, cui Beatus Benedictus Abbas servivit, ut eodem nos repleti studeamus amare quod amavit, et opere exercere quod docuit.



En castellano. —Renovad, Señor, en vuestra Iglesia el espíritu a quien sirvió el glorioso San Benito, para que, llenos de ese mismo espíritu, nos apliquemos a amar lo que él amó y a poner por obra sus enseñanzas.

Amén.



ORACIÓN FINAL PARA TODOS LOS DÍAS



   Os saludamos con filial afecto, ¡oh gloriosísimo Padre San Benito! vaso de elección, varón angélico, obrador de grandes maravillas, cooperador de Cristo en la obra de la salvación y santificación de las almas.


   ¡Oh Patriarca de los monjes! Mirad desde el cielo la viña que planto vuestra mano. Seguid levantándola de su postración, multiplicad y santificad el número de vuestros hijos; florezca entre ellos el espíritu de vuestra Santa Regla. Proteged de un modo especial a cuantos con filial cariño se une a vuestros monjes y se ponen bajo vuestro amparo y paternal protección. 


  ¡Oh Protector de la Iglesia! Ayudad al Sumo Pontífice y a cuantos están encargados de guardar la grey de Cristo. Suscitad celosos misioneros que, como en otros tiempos lo hicieron vuestros hijos, esparzan por doquiera la semilla del Evangelio; defended asimismo las ordenes religiosa de los crueles ataques de sus enemigos.


Rogad por todos los fieles cristianos y alcanzadnos a todos ¡oh Santo Padre! Una muerte tranquila y santa como la vuestra; apartad de nosotros en aquella hora suprema las asechanzas del enemigo visitándonos con vuestra dulce presencia y no nos abandonéis hasta que, libre nuestra alma de los lazos del cuerpo, vaya a gozar en vuestra compañía de la eterna bienaventuranza. Amén.



   Fué revelado a Santa Gertrudis por el mismo San Benito que asistiría el santo a la hora de la muerte a todos los que en vida hubiesen rezado esta oración.



   Tiene, además, indulgencia plenaria concedida por el Papa Clemente XIV. Y otra concedida por S. S. León P. XIII á los que recen la misma oración durante los nueve días que preceden la fiesta de San Benito y cumplan las condiciones acostumbradas.





NOVENAS VARIAS (1883)





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