viernes, 28 de abril de 2023

SAN PABLO DE LA CRUZ, SACERDOTE, FUNDADOR DE LOS PASIONISTAS. —28 de abril.


 

   Pablo Francisco Danei nació en 1694 en Ovada, un pequeño pueblo de la región piamontesa de Alejandría, y fue el primero de los 16 hijos nacidos en el seno de una familia de origen noble, pero con serias dificultades económicas. Desde muy joven mostró un gran interés por la práctica de las virtudes cristianas y una fe muy sólida, alimentada por la participación diaria en la misa, la frecuencia de los sacramentos y la práctica continua de la oración, pero para ayudar a la familia empezó a trabajar con su padre comerciante. Su vocación, sin embargo, lo llevó a otra parte.

 

La Cruz en el corazón y el alma

 

   En 1713 Pablo Francisco, joven de 17 años, tuvo una experiencia religiosa muy especial que lo llevó a la decisión de vivir como un monje ermitaño, aunque no pertenecía a ninguna Orden. A la edad de 26 años el obispo le permitió instalarse en una celda detrás de la iglesia de Castellazzo Bormida. Allí maduró la idea de fundar una nueva Congregación, llamada “los Pobres de Jesús”. Dentro de la celda, durante más de un año, se dedicó a escribir la Regla que estaría marcada por el amor a la Cruz de Jesús. Esta, de hecho, será la típica espiritualidad de los religiosos que Pablo guiará: en una época de fe débil, para abrazar la elección más impopular, la que pasa por la oblación de sí mismos y el costoso desapego de la propia comodidad. Comenzó a llamarse a sí mismo “Hermano Pablo de la Cruz” y a ayudar a los pobres y enfermos en los que pudo contemplar el rostro de Jesús crucificado.

 



La Pasión de Jesús, el amor de Dios por el hombre

 

   Finalmente, en 1727 Benedicto XIII autorizó a Pablo a reunir a su alrededor algunos compañeros para ayudarlo. El primero sería su hermano carnal, Juan Bautista: los dos fueron ordenados sacerdotes en el mismo año. Así nació el primer núcleo de la Orden de los Clérigos Descalzos de la Santa Cruz y la Pasión de Nuestro Señor Jesucristo, más tarde llamados Pasionistas. En la base se hallaba una pertenencia radical a la Cruz de Jesús; pertenencia personal que contemplaba la pasión de Cristo no tanto como si el sufrimiento fuera el requisito necesario para “pagar el infinito precio de la redención del pecado”, como se decía en aquel entonces, sino al contrario, pertenencia que honraba y agradecía la pasión de Jesús como “la más alta expresión del amor de Dios por el hombre”. Los primeros religiosos fueron preparados para ser fervientes predicadores: no lucharán contra los turcos con armas, pero con la palabra de Dios y la acción educativa vencerán la ignorancia, la irreligiosidad y el abandono de la práctica del Evangelio.

 

Llegar hasta “los más lejanos”

 

   Pablo de la Cruz habló y escribió mucho: tal vez diez mil cartas o más; su predicación durante el Jubileo de 1750 fue histórica. Su vida, sin embargo, transcurrió en su mayor parte en soledad, en el retiro del Monte Argentario donde se trasladó y donde fundó el primer convento. Desde allí partió para las misiones dirigidas a las zonas más pobres de la Maremma y a las islas más remotas del archipiélago toscano, donde era muy difícil hacer llegar la Palabra de Dios. En 1771, gracias a la colaboración de la Madre Crocefissa Costantini, fundó en Tarquinia la rama femenina de la Congregación: las monjas de clausura que se convertirían en las Hermanas Pasionistas de San Pablo de la Cruz, una congregación de vida apostólica consagrada a la misión educativa, especialmente de las mujeres víctimas de la violencia y la explotación. Pablo murió en Roma en 1775; fue canonizado por Pío IX en 1867.


jueves, 27 de abril de 2023

SAN PEDRO CANISIO, MARTILLO DE LOS HEREJES ALEMANES. —27 de abril.


Su contribución a liberar parte de la Europa germánica del yugo de la mentira religiosa y filosófica y de la tiranía política que le es intrínseca es ejemplo de la fuerza que puede tener el trabajo intelectual al servicio la Verdad.

 

   Pedro Kanijs, cuyo nombre al latinizarse se convirtió en Canisio, nació en Nimega, Holanda (provincia de Güeldres, en los Países Bajos), el 8 de mayo de 1521. Su padre fue el maestre Jacobo, alcalde de esta opulenta ciudad bañada por el Rin y el Waal.

 

   A San Pedro Canisio se lo considera el segundo evangelizador de Alemania y el valeroso apóstol de Suiza, sus dos patrias de adopción. Es venerado como uno de los creadores de la prensa católica y fue el primero del numeroso ejército de escritores jesuitas.

 

   Conocido por el sobrenombre de “martillo de los herejes”, Pedro el jesuita defiende las posiciones romanas ortodoxas. Sin este centinela, tan enérgico como conciliador, la expansión luterana se habría convertido en una catástrofe para la Iglesia. Oponiéndose a las posiciones del reformador de Eisleben, el “gentleman de la Compañía” suscita y lleva adelante una reforma católica en profundidad, por medio de una densa actividad: enseñanza, controversia, predicación, catequesis. Veámoslo a través de los diversos frentes en los que trabaja.

 

   A ejemplo de San Agustín -en el año 397-, Pedro escribe -en 1570- sus memorias. Siguiendo este texto latino revisado y anotado por el P. Otto Braunsberger, presentaremos algunos detalles. Desde que tenía diez años, el niño, rodeado por sus amigos atentos y en actitud de recogimiento, “juega a decir misa”. Poco después, meditando en la iglesia de San Esteban, ora con esta súplica: “¡Señor Dios: instruidme, guiadme!”. En esta misma época, agitado por los escándalos que le rodean, Pedro Kanijs lleva un cilicio (faja de cuerdas ceñidas al cuerpo) para preservarse del mal mediante una activa penitencia.

 



   En 1539, a la edad de dieciocho años, estudia derecho canónico en la universidad de Lovaina, capital de Brabante ¿Qué orientación va a seguir este joven de veinte años y de voluntad firme, que ha quedado tan asqueado de los borrachos de carnaval que ha decidido abstenerse de probar el vino?

 

   En 1540, su excelente compañero de promoción, Lorenzo Sirio, se hace cartujo. ¿Le va a seguir Pedro? No, pues su padre empieza a mover sus influencias con intención de poder ofrecerle a su heredero una canonjía en Colonia. ¿Va a aprovechar estas circunstancias para construirse una existencia tranquila y confortable? Nada de eso; las cosas no serán así.

 

   En 1543, con veintidós años, Pedro oye hablar con elogios de Pierre Fávre, miembro de un grupúsculo que comienza a abrirse camino: los “compañeros de la amistad de Cristo”. Estos se confiesan y proclaman “caballeros del Papa”. ¿Por qué no integrarse en esta joven sociedad de “sacerdotes reformados”? Canisio consulta a Favre. Escuchemos al neófito jesuita confesar su entusiasmo:

   “Bajo la dirección de Pierre Favre, acabo de hacer los ejercicios (retiro espiritual prolongado según el método de Ignacio de Loyola). Estos han cambiado mi espíritu y mis sentimientos, han iluminado mi alma con nuevos rayos de la gracia celeste, han conferido a mi voluntad un nuevo vigor. La abundancia de los dones divinos repercute incluso en mi cuerpo: me siento fortalecido y como transformado. Mi deseo es trabajar con Jesucristo en el servicio de las almas”.

 

   El 8 de Mayo de 1543, día de su cumpleaños, el novicio jesuita se compromete por medio de la profesión:

   “Yo, Pedro Canisio de Nimega, hago hoy a Dios, a la Virgen María, ante San Miguel Arcángel y todos los Santos, voto de ponerme bajo la obediencia (obediencia sumisa) de la Compañía llamada de Jesucristo”.

 

   Diácono en 1544, ordenado sacerdote en 1546, este joven maestro es ya conocido por dos publicaciones que revelan la posesión de un sólido conocimiento en los terrenos de la mística y la escritura; una de ellas acerca de los Sermones de Juan Tauler, primera obra impresa de la Compañía de Jesús; la otra, una edición crítica de las obras de San Cirilo de Alejandría y de San León Magno. Después de haber asistido al concilio de Trento como teólogo consultor del cardenal de Augsburgo, Otto van Trusches, residirá un tiempo en Roma y luego en Mesina. A finales de 1549 lo encontramos ya en su puesto, dispuesto para trabajar, en la universidad bávara de Ingoldstat. Es el comienzo de un largo apostolado al servicio de Alemania.

 



   A su llegada a las orillas del hermoso Danubio, el maestro Canisio escucha el balance de la situación que le presentan dos de sus hermanos de religión que se encuentran ya allí: Le Jay y Salmerón. La situación resumida en una estadística reveladora, parece catastrófica: “Nueve de cada diez alemanes han sido ganados para la reforma luterana o están en vías de serlo”. Por tanto, la reacción es urgente: hay que hacer algo; si, pero ¿qué y cómo?

 

   El trío de jesuitas pasa revista a las fuerzas en conflicto mediante el siguiente examen: Del lado protestante la confusión es extrema. Desde la muerte de Lutero (1546), no ha surgido ningún sucesor que se ponga a la cabeza del movimiento. Melanchton aparecía a los ojos de muchos de sus correligionarios como un vacilante, un criptocatólico. Flavio Ilírico es un revolucionario declarado. Entre muchos pastores protestantes hay que lamentar desenfrenos, saqueos, y crímenes de todo tipo. En el sector católico igualmente se combinan muchos males: ignorancia de la gente y del clero, relajamiento monástico generalizado, iglesias devastadas, fieles vacilantes, tibios o amedrentados.

 

   Primera reacción jesuítica: enseñanza y predicación. El 26 de noviembre de 1549, Canisio imparte su primer curso universitario sobre los sacramentos. Los sermones al pueblo se multiplican con éxito. El año siguiente se inaugura el colegio de Viena. El infatigable Canisio predica a las gentes del campo. Su reputación es tal que se libra por poco de ser promovido como arzobispo de la capital austríaca. ¿Desempeñó las funciones de administrador diocesano? Es muy probable. Pero de modo inmediato será otro el trabajo que va a acaparar todas sus energías: Escribir un Catecismo.

 

   La idea proviene de una simple constatación: la urgente necesidad de una catequesis (instrucción religiosa) estructurada. Recuérdese el De catequizándis rúdibus de San Agustín, redactado en el año 400. En 1555 aparece un librito con un título interminable: Suma de la doctrina cristiana presentada en forma de preguntas y respuestas y publicada por primera vez, para uso de la infancia cristiana, por orden y autoridad de su Majestad el rey de los Romanos, de Hungría y de Bohemia, archiduque de Austria.

 

   Primitivamente redactado en latín y traducido en seguida al alemán, el manual original alcanza rápidamente un gran éxito y se multiplica en libritos especializados, según la siguiente distribución:

1555: Suma de la doctrina cristiana (222 preguntas), para los colegiales mayores y los estudiantes.

1556: Catecismo menor (59 preguntas), a menudo junto a la cartilla, para uso de los principiantes.

1557: Catecismo mediano (122 preguntas), el de mayor difusión entre la gente.

 



   Naturalmente, los protestantes reaccionaron en seguida y con gran energía. El tímido Melanchton califica al autor de “cínico” (perro). El luterano Johann Wigand se hace eco de este insulto y ataca al adversario: “Canisio es un perro que desgarra a dentelladas las sagradas escrituras y las coge por los pelos. Su catecismo es un sable que atraviesa las almas, las mata y se las presenta al diablo”.

 

  Diecisiete años después de la muerte de su autor, el jesuita Mateo Arder pone las cosas en su sitio:

“El bien realizado por el catecismo de Canisio, es inmenso. Se les explica a los jóvenes, se comenta en las iglesias, en las escuelas, en los colegios, en las universidades. Su autor sigue hoy hablando en múltiples lenguas: alemán, eslavo, italiano, francés, español, polaco, griego, húngaro, danés, inglés, escocés, e incluso en hindú y japonés. Su redactor ya puede ser llamado con toda justicia Doctor de las Naciones”.

 

   De hecho, las estadísticas hablan por sí solas al mostrar el récord de reediciones de que hay constancia: doscientas en vida del autor, más de cuatrocientas cincuenta en total.

 

   Detengámonos ahora en una de las más conocidas dietas en las que Canisio participará, la dieta de Worms de 1557. Los diálogos se inauguran el 11 de septiembre de 1557. Melanchton (60 años), jefe de filas protestante, se muestra ofensivo hasta el insulto: “Nosotros rechazamos todas las herejías y principalmente las decisiones impías del pretendido concilio de Trento”.

 

   Líder católico, Canisio subraya las divisiones luteranas y hace una pregunta con trampa que va a sembrar el desconcierto en el campo protestante: “¿Condenáis los errores de Calvino, Zwinglio, Ilírico?”. En vista de las respuestas evasivas de sus correligionarios, Melanchton monta en cólera, y finalmente provoca la disolución de la asamblea. En estas circunstancias, Canisio no tiene dificultades para establecer el siguiente balance: 1) Ante sus interlocutores desunidos, los católicos aparecen unidos; 2) Debido a sus variaciones, las diversas iglesias protestantes caen en el descrédito; 3) Los católicos recuperan y consolidan sus posiciones en toda Alemania”.

 

   Nombrado provincial de la Alta-Germania (Alemania, Austria y Bohemia) en 1556, el responsable multiplica sus predicaciones que conocen un éxito esplendoroso. Un sermón de 1559 expresa sin ambages la lúcida visión del predicador acerca de la decadencia alemana. Los fieles de la diócesis de Augsburgo tienen que escuchar esas duras verdades. Ante este apostolado resplandeciente, se intensifican los ataques luteranos. Entre sus oleadas tumultuosas, destacamos el panfleto publicado en 1562 por el predicador Jerónimo Rauscher. El título mismo del folleto nos habla del tono que presenta: “Cien mentiras papistas groseras, desvergonzadas, sebosas, cebonas y pestilentes, por medio de las cuales, los llamados papistas defienden los artículos principales de su doctrina”.

 

   Con calma y con mesura, Canisio responde por medio de preguntas vivas, acuciantes, actuales. El maestro interpela con educación al adversario, sin descender nunca al nivel de los insultos recibidos de éste.

 

   En 1565, Francisco de Borja, tercer general de los jesuitas, nombra a su compañero Pedro “visitador general de la Alta y Baja Alemania y de las Provincias renanas”. Cada vez más, el titular de dicho cargo se va convirtiendo en el alma de la Acción católica del centro de Europa.

 

   En 1581, a la edad de sesenta años, Canisio recibe felicitaciones, pero también el traslado a un nuevo destino. De modo lacónico, la “obediencia” (orden de misión) que recibe, le asigna esta nueva tarea: “viajar a Friburgo para fundar allí el colegio de Saint-Michel”. Sin rechistar lo más mínimo, con una obediencia perfecta, parte hacia esta capital del cantón helvético, situada a mitad de camino entre Lausana y Berna (que distan cien kilómetros entre sí). Allí se va a integrar hasta el punto de convertirse, durante los dieciséis años que le restan por vivir, en el más célebre ciudadano de honor.

 



   Desde su residencia en Friburgo, el anciano jesuita escribe a muchos de sus amigos: Claudio Aquaviva, general de los jesuitas; Francisco Bonomio, nuncio apostólico; Carlos Borromeo, nombrado visitador en Suiza; Francisco de Sales, misionero en Chablais. Tras cuatro meses de cruel enfermedad -hidropesía complicada con un fuerte catarro-, el santo religioso muere el 21 de Diciembre de 1597. A propósito de este enfermo modelo, su enfermero anota en el cuaderno médico: “Nunca pide un alivio, abandonándose totalmente a sus superiores”.

 

   Alemania y Suiza se muestran sumamente agradecidos a su intrépido evangelizador que supo evitarles el caer totalmente en el luteranismo. Todavía hoy, el estudio teológico de Innsbruck, capital del tirol austríaco, lleva el nombre de “Canísium”. La sociedad de ayuda al clero funciona bajo la protección de este segundo apóstol de Alemania. Friburgo no le va a la zaga en esta gratitud activa. Visitadores y peregrinos pueden acceder al colegio Saint-Michel, que domina toda la ciudad, por las “escaleras de Pedro Canisio”.

 

   ¿Con qué quedarnos de esta maravillosa herencia, casi cuatro siglos después de la muerte del apóstol? Sin dudarlo un instante, propongo esta oración:

“Señor, tú sabes en qué medida y cuántas veces me has confiado Alemania, de la que sigo preocupándome y por la que deseo morir. Tú eres quien -al igual que en Suiza- me ordena beber en la fuente de tu corazón abierto. ¡Oh Salvador mío!”


 


   Estando en Friburgo el 21 de diciembre de 1597, después de haber rezado el santo Rosario, exclamó lleno de alegría y emoción: “Miradla, ahí está. Ahí está”. Y murió. La Virgen Santísima había venido para llevárselo al cielo.

 

   El Sumo Pontífice Pío XI, después de canonizarlo, lo declaró Doctor de la Iglesia, en 1925.

 

JOSÉ MARÍA RIPOLL RODRÍGUEZ. En Revista Arbil, Nº 61.

 

ORACIÓN

   Oh Dios, que confirmaste con tu virtud y doctrina al Santo Confesor Pedro Canisio, para defender la fe católica: concede bondadoso que sus ejemplos y consejos, tornen a la salud a los que vagan lejos de ella, y los espíritus de los fieles perseveren en la confesión de la verdad. Por J. C. N. S.

 

lunes, 10 de abril de 2023

SAN EZEQUIEL, PROFETA Y MÁRTIR. —10 de abril.


 

   De Buzy, sacerdote de la antigua ley, fué hijo Ezequiel, uno de los cuatro profetas mayores. Llevado con Jeconías cautivo a Babilonia, empezó allí a profetizar por los años 595 antes de Jesucristo. Nos consta en orden a sus profecías o revelaciones que le habló el Señor cerca del río Cobar o Éufrates, a los treinta años de su edad, cinco de la transmigración o cautiverio del rey Joachín. Se cree profetizó de veinte a veintidós años. San Jerónimo en el prefacio de este profeta dice que sus admirables visiones comprensivas de muchos misterios las dijo, no en estilo sublime, sino en un medio capaz de que las entendiese el pueblo, observando con sabia industria este método, a fin de que no pudiesen percibir los de Babilonia las reprensiones que hacía a los judíos, para que no les afligiesen más duramente.

 

   Se cree que murió apedreado por orden de un príncipe de su nación, al cual había reprendido por su idolatría. En el Martirologio romano se lee que fué muerto en Babilonia por el juez del pueblo hebreo, y enterrado en el sepulcro de Sem y Arfaxat, progenitores de Abrahán.

 

LA

LEYENDA DE ORO (1896)


Martirologio Romano: 10 de abril.



—San Ezequiel, profeta y mártir, el cual habiendo reprendido al juez del pueblo de Israel porque adoraba los ídolos, fue muerto por él en Babilonia, y enterrado en el sepulcro de Sem y de Arfaxad, progenitores de Abrahán, a donde solían concurrir muchos a hacer oración.





—El tránsito de muchos santos Mártires, en Roma, a los cuales bautizó el papa san Alejandro mientras estuvo preso. A todos estos mandó el prefecto Aureliano que en una nave vieja fuesen llevados a alta mar, y allí con piedras atadas al cuello los sumergiesen.




—Los santos mártires Apolonio, presbítero, y otros cinco, en Alejandría, que en la persecución de Maximiano fueron sumergidos en el mar.

 




—Los santos mártires Terencio, Africano, Pompeyo y sus compañeros, en África, los cuales en tiempo del emperador Decio, siendo prefecto Fortuniano, después de haberlos azotado y atormentado en el potro y de otras maneras, por último los degollaron, alcanzando así la palma del martirio.

 



—San Macario, obispo de Antioquía, en el mismo día, esclarecido en virtudes y milagros.

 

Y en otras partes, otros muchos santos Mártires y Confesores, y santas Vírgenes.

 

R. Deo Gratias.

 

AÑO CRISTIANO

POR EL P. J. CROISSET, de la Compañía de Jesús. (1864).

Traducido del francés. Por el P. J. F. de ISLA, de la misma Compañía.

 

lunes, 20 de marzo de 2023

BREVE RESUMEN DE LA VIDA DEL SANTÍSIMO PATRIARCA SEÑOR SAN JOSÉ.



   San José, esposo de la Santísima Virgen, y en cierto sentido padre del Salvador del mundo, nació en la Judea hacia los cuarenta o cincuenta años antes del nacimiento de Cristo. No se sabe con certeza el lugar de su nacimiento; pero es probable que fué Nazaret, población corta de la Galilea inferior, donde tenía el santo su habitación. Era de la tribu de Judá, y de la familia real que había reinado desde David hasta la cautividad de Babilonia. Fué su padre, según la naturaleza, Jacob, como escribe San Mateo cap. I; y según la ley Helí, como parece decir San Lucas cap. 3. Fué su madre la muy noble e ilustre matrona Abigail; de modo que Jacob y Helí fueron hermanos, y habiendo muerto Helí sin hijos, tomó Jacob por esposa á Abigail, y de ella hubo al Señor San José, quien, por disposición de la ley, era contado por hijo de Helí; así sienten San Agustín y el angélico doctor Santo Tomás.

 

   Autores hay que opinan que nació San José el mismo año del advenimiento al trono de César Augusto, año que, según refieren Plinio y Séneca, fué notable por un maravilloso fenómeno. Una mañana salió el sol coronado de estrellas dispuestas en forma de espigas de trigo, ceñidas de un arco-iris. Ciertamente que este prodigio no era puramente natural; y al disponerlo así la divina Providencia parece que quería manifestar los designios de su amor y misericordia para con los hombres. Los romanos auguraron de él la grandeza del reinado de Augusto; pero nosotros, si tal historia es verdadera, podemos creer que presagiaba el nacimiento de nuestro santo Patriarca, arco-iris que anunciaba al mundo moral la reconciliación del cielo con la tierra, de Dios con los hombres.

 

   Fué Su abuelo Nathan, hermano de Barpanter, abuelo que fué de la santísima Virgen María. De aquí se infiere que el Señor San José y la Virgen nuestra Señora fueron primos segundos, ambos descendientes por línea recta de la real casa de David.

 



   Preguntan los sagrados intérpretes sobre estas palabras de San Mateo: Jacob engendró a José esposo de María; ¿por qué se colige la genealogía de Cristo Señor nuestro de la del Señor San José, siendo nuestro Señor hijo de María santísima y no del santo Patriarca? La razón que dan, es que las mujeres hebreas, cuando heredaban a sus padres, para que los bienes no salieran de la tribu, debían, según la ley de los Números, elegir esposo en su misma tribu y linaje; y como San Joaquín, padre de María santísima, no tuvo hijos, debió casarla con varón de su propia familia, y éste fué el Señor San José; y así la genealogía del santo Patriarca es la de la Virgen, y consiguientemente la de Cristo nuestro Señor. Además, según algunos era el Señor San José heredero del cetro de Judá, el cual, no sólo por promesa y donación de Dios, sino por derecho hereditario de sucesión vino a Cristo por José: porque, así como el santo Patriarca tenía en Cristo, según la ley, y aun prácticamente ejercitaba todos los derechos que tienen los padres en los hijos, del mismo modo Cristo nuestro Señor tenía en el Señor San José todos los derechos legales que tienen los hijos en sus padres, y así lo tenía al reino judaico después de su muerte. Los que sostienen para San José y para Cristo este derecho al reino temporal, ven una prueba de ello en las palabras de los Magos, que, solicitando, adorar y rendir vasallaje al recién nacido Rey de los judíos decían: ¿Dónde está el que ha nacido Rey de los judíos?  Y aun parece que quiso el Señor para mayor honra de su padre putativo el Señor San José, blasonar el título de Rey de los judíos, haciéndolo poner en la cruz sobre su cabeza: Jesús Nazareno Rey de los judíos.

 

   Teólogos de autoridad, entre ellos Gersón y el Beato Canisio, afirman que puede piadosamente creerse haber sido San José santificado en el vientre de su madre. El gran Gersón expuso este incomparable privilegio de nuestro santo protector en un sermón que tuvo en Constanza al tiempo del concilio, y no consta que los Padres reclamasen contra esta sentencia. ¿Qué? ¿acaso no parece conforme a la grandeza del misterio de la Encarnación el que San José tuviese el privilegio que tuvo el Bautista? ¿y que quisiera Dios glorificar en estos dos varones escogidos la sublime misión que encomendaba al uno como precursor y al otro como padre putativo de su santísimo Hijo?

 

   Según la ley fué circuncidado el día octavo de su nacimiento, y sus padres, es de creer que, por inspiración del cielo, le pusieron el admirable y alto nombre de José, que significa aumento.

 

   Sienten algunos, con más o menos fundamento, que a los tres años de su edad fué ilustrado con ciencia infusa; otros se atreven a decir que a los siete años fué adornado y enriquecido con todas las ciencias divinas y humanas; según San Agustín, fué eminente teólogo; San Crisóstomo dice que penetró los misterios de la Biblia; Santo Tomás opina que supo perfectamente las ciencias; San Dionisio que especuló todas las facultades que disputan las escuelas; y San Ambrosio, que alcanzó todas las artes liberales y la historia oriental, que emprendió todas las mecánicas, aunque la que más ejercitó para sustentar a su divino Hijo y castísima esposa, fué la carpintería, por alta disposición del Altísimo.





   Y ¿qué diremos de las virtudes de aquel que, habiendo merecido ser llamado en el Evangelio varón justo, fué destinado para esposo de la más santa entre las puras criaturas, y para ser el padre putativo, guía y guardián del Redentor del mundo? Desde sus más tiernos años resplandecieron en él todas las virtudes, como convenía al que el mismo Dios había escogido entre todos los hombres, para que desempeñase los cargos más sublimes y grandiosos, que el cielo puede encomendar a un mortal. Vivía elevado en altísimas contemplaciones, mostrando en todo un espíritu angelical y una santidad peregrina; pues la exterior modestia y compostura, indicaba el colmo de gracias que redundaba en su alma, siendo muy reposado, su rostro sereno y modesto sin afectación; el ánimo humilde; las palabras graves y agradables; su conversación modesta, sin risas, sin perturbación y sin ira; cortés, afable, cariñoso, y en todo y por todo un dechado de las mayores perfecciones. Gran fe, grande esperanza y grandísima caridad, virginal y celestial pureza, perfectísima obediencia, rara simplicidad, singular prudencia, maravillosa fortaleza y constancia, increíble paciencia y mansedumbre, vigilancia cuidadosa, y solícita providencia. Además de la hermosura del alma, quiso dotarlo el Señor de las mayores perfecciones y hermosura exterior; porque su imagen y perfecciones habían de ser como un bosquejo según el cual había de formar el Espíritu Santo en el seno de la santísima Virgen, como dice Isolano, la hermosísima humanidad de Cristo.

 

   ¿Qué fundamento tenían, pregunta el doctísimo Salmerón, cuantos llegaban a conocer y tratar a Cristo, para conocerle y tratarle, sin controversia alguna, como á hijo de San José? Y responde, que no pequeño fundamento era la semejanza en facciones, en genio y costumbres tan grande, que Jesús, como si San José le hubiese realmente engendrado, era en rostro, genio y costumbres un retrato perfeccionado de éste. Luego si Cristo Señor nuestro fué el más hermoso de los hombres, y todas sus perfecciones eran las mismas de San José, porque en todo fué parecido a su padre putativo, se infiere que el Santo Patriarca era en su cuerpo hermoso y perfecto como el que más entre los hijos de los hombres.

 




   Los años que vivió San José, no los dice el Evangelio ni otra escritura auténtica, ni el tiempo en que murió; lo que se tiene por más cierto es, que era muerto al tiempo de la pasión del Señor; porque si viviera aquél, a ninguna otra persona encomendara Cristo desde la cruz a su santísima Madre.

 

   El cuerpo del Señor San José fué sepultado, como dice Beda, en el valle de Josafat, y cerca del sepulcro donde después fué también depositado el cuerpo de la santísima Virgen.

 

 

DEVOCIONARIO EN HONOR DEL PATRIARCA, SEÑOR SAN JOSÉ.