martes, 24 de marzo de 2020

SAN SIMÓN, inocente y mártir. (+ 1475.) — 24 de marzo.





     El martirio del glorioso e inocente niño san Simón, lo escribió pocos días después de haber pasado, Juan Matías Tiberino, cuya relación compendiada es como sigue:
  
   «Habitaban, dice, en un barrio de Trento, que está a la izquierda del castillo, tres familias de judíos, cuyas cabezas eran Tobías, Angelo y Samuel, con quienes vivía un infernal y bárbaro viejo llamado Moisés. Estos se juntaron el jueves de la semana santa en la sinagoga y dijeron a Tobías:


   —Tú solo, oh Tobías, puedes satisfacer nuestros deseos; porque tú tienes familiar comunicación con los cristianos, y así puedes con gran facilidad cogerles un niño, y si esto haces, tú vivirás con descanso, tus hijos con grandes medras.


   Con esta promesa Tobías entró a la tarde en la calle que llaman de las Fosas, y luego puso los ojos en un niño hermoso de dos años y cuatro meses, que estaba sentado y solo sobre el umbral de la puerta de su casa, y mirando el traidor a una y otra parta de la calle, y viendo que nadie le observaba, se llegó a la inocente criatura, y le puso con gran cariño un dedo en su tierna manecita. El niño le tomó el índice, y levantándose le fué siguiendo, hasta que, habiendo pasado dos o tres casas, puso el judío una moneda en las manos del Niño, y acariciándole en sus brazos para que no llorase, lo llevó fuera del barrio y se entró en casa de Samuel.


   Allí le pusieron en la cama, y como llorase e invocase el nombre de su madre, le daban uvas pasas, confites y otras cosillas. Entre tanto la madre andaba desesperada buscando al hijo de sus entrañas, sin poderlo hallar en ninguna parte.


   A la noche el cruel viejo Moisés con los otros judíos, tomando aquel inocente ángel que descuidado dormía, pasaron al lugar de la sinagoga que estaba en la misma casa, y allí desnudaron aquella inocente víctima dejándola en carnes; y tomando Samuel un lienzo, le rodeó el cuello embarazándole el aliento, para que no se oyesen sus gritos, y teniéndole los demás los pies y las manos. Entonces el viejo Moisés circuncidó al niño para disponerlo al sacrificio. Sacó después unas tijeras y comentó a abrirle desde la barba la mejilla derecha, y cortándole un pequeño pedazo de carne la puso en una fuente que tenía para recoger la sangre.



   Tomó después cada uno de los judíos las tijeras para hacer por turno la misma sacrílega y sangrienta ceremonia, y en acabando, el infame viejo abrió con un cuchillo la pierna derecha del mártir, y cortó un pedacito de carne de la pantorrilla; y los demás hicieron lo mismo.


   Luego el viejo levantó en alto al niño, en forma de cruz, y le fueron punzando con agujas todo el cuerpo más de una hora, hasta que el niño espiró, y pasó a gozar de Dios en el coro de los inocentes mártires.»





Reflexión: Jamás permitió a los judíos la ley de Dios dada por Moisés, sacrificio alguno de víctimas humanas, a pesar de ser tan usada esta bárbara costumbre entre las naciones y pueblos idólatras.


   La religión cristiana abolió hasta los sacrificios de animales, y toda práctica de culto sangriento, y así no fué la religión divina la que inspiró a aquellos judíos los nefandos sacrificios de niños que hacían, sino la abominable superstición en que cayeron, después de haber crucificado al Hijo de Dios, y rechazado la ley de su divino Mesías.


   Los pueblos que dejan la verdadera religión, se olvidan de la ley de la caridad, y se vuelven egoístas, inhumanos y crueles.







Oración: Señor Dios, cuya Pasión santísima confesó el santo inocente niño Simón, no hablando, sino perdiendo por ti la vida; concédenos que nuestra vida pregone con inculpables costumbres, la misma fe que confesamos con nuestros labios. Por Jesucristo, nuestro Señor. Amén.



FLOS SANCTORVM
DE LA FAMILIA CRISTIANA.


MARTIROLOGIO ROMANO: 24 DE MARZO.






—En Roma, los santos mártires Marco y Timoteo, los cuales fueron martirizados en tiempo del emperador Antonino.


—En la misma ciudad, san Epigmenio, presbítero, el cual alcanzó la palma del martirio habiendo sido degollado en la persecución del emperador Diocleciano, siendo juez Turpio.




—En Roma también, la pasión de san Pigmenio, presbítero, el cual, en tiempo de Juliano Apóstata, arrojado en el Tiber, filé muerto por confesar la fe de Jesucristo.


—En Cesárea de Palestina, el tránsito de los santos mártires Timolao, Dionisio, Pausides, Rómulo, dos Alejandros, Agapio y otro Dionisio, los cuales, haciendo sido degollados en la persecución de Diocleciano, siendo Urbano presidente, merecieron la corona de la vida. 



—En Berbería, el tránsito de los santos hermanos Rómulo y Segundo, martirizados por confesar a Jesucristo.


—En Trento, san Simón, niño, que mataron cruentamente los judíos, y resplandeció después en muchos milagros. 





—En Sinada en Frigia, san Agapito, obispo.




—En Brescia, san Latino, obispo.


—En Siria, san Seleuco, confesor.




—Y en otras partes se hace la fiesta y la conmemoración de otros muchos santos Mártires, Confesores y santas Vírgenes.


   Alabado y glorificado sea Dios eternamente.





AÑO CRISTIANO
POR EL P. J. CROISSET, de la Compañía de Jesús. (1864).
Traducido del francés. Por el P. J. F. de ISLA, de la misma Compañía.


lunes, 23 de marzo de 2020

SANTOS MÁRTIRES DE CARTAGO: SANTOS VICTORIANO, LIBERATO, y compañeros mártires. (+ 484) —23 de marzo.






   Era Victoriano procónsul de Cartago y uno de los hombres más ricos del norte de África.

   Su fe cristiana era firmísima, por eso, cuando Hunerico cambió su fe católica por la arriana, no quiso tener un alto cargo como el procónsul de fe católica e instó a Victoriano que cambiara de fe, confesando que Cristo no era Dios.

   Victoriano respondió: “Nada puede separarme de la fe y el amor de Nuestro Señor Jesucristo. En la confianza que tengo en un maestro tan poderoso, estoy dispuesto a sufrir todo tipo de tormentos en lugar de consentir la impiedad arriana. Podrás exponerme a las bestias salvajes o torturarme, pero nunca me obligarás a abandonar la Iglesia Católica en la que fui bautizado”.

   Esta respuesta exasperó tanto al tirano que hizo que el santo sufriera crueles tormentos, que Victoriano soportó con coraje, para finalmente alcanzar la corona del martirio.

 
Victoriano

   

Fueron apresados también en Tambala dos hermanos.

   Les colgaron por las muñecas, mientras pendían grandes pesos de sus pies.

   Uno de ellos cedió y clamó libertad a cambio de renegar de Cristo, pero su hermano le dijo: “No lo hagas, hermano, o te acusaré ante el tribunal de Cristo, pues, ¿acaso no hemos jurado sobre Su Cuerpo y Sangre sufrir juntos por Él?”

   Y con estas palabras el hermano débil se confortó, por lo cual confesó nuevamente a Cristo.

   Los vándalos, enfurecidos, les aplicaron hierros candentes en los costados, tormento en el cual expiraron ambos hermanos.




   También padecieron dos mercaderes catagineses, ambos llamados Frumencio.

   Habían vendido todos sus bienes en favor de los pobres y siguieron a Cristo hasta el martirio.




   Había entre los prisioneros un médico de Cartago llamado Liberato, que junto a su mujer e hijos fue exiliado.

   Fueron ambos esposos separados en la prisión, mientras que la mujer decía al marido: “No pienses más en tus hijos, Jesucristo lo guardará”.

   Los arrianos dijeron a la mujer “Tu marido se ha sometido a las órdenes del rey, cede tú también y seréis libres”.

   Quiso ella ver a Liberato para ver si era cierto.

   Al entrar en su celda y reprocharle su pecado, el marido le dijo “Os han engañado, oh esposa mía, nunca he renunciado a mi fe”.

   Ambos fueron martirizados con los anteriores mártires en este día del año 484.





Fuente:
-"Vidas de los Santos". Tomo III. Alban Butler. REV. S. BARING-GOULD. 1914.

sábado, 21 de marzo de 2020

MARTIROLOGIO ROMANO: DÍA 21 DE MARZO.







—En el Monte Casino, el tránsito de san Benito, abad, el cual restableció y propagó maravillosamente en el Occidente la disciplina monástica casi del todo relajada; su vida gloriosa en virtudes y milagros escribió san Gregorio papa. 






—En Alejandría, la conmemoración de los santos mártires que, en tiempo del emperador Constancio y del prefecto Filagrio, apoderándose de improviso los arrianos y los gentiles de las iglesias en Viernes Santo, fueron asesinados.





—En el mismo dia, los santos mártires Filemon y Domnino.





—En Catania, san Berilo, ordenado obispo por san Pedro, el cual, habiendo convertido muchos gentiles a la fe, en la última edad descansó en paz. 





—En Alejandría, san Serapion, anacoreta, obispo de Thmuis, varón de gran virtud, el cual fue desterrado por el furor de los arríanos, y murió en el destierro.



—En territorio de León de Francia, san Lupicinío, abad, cuya vida fue esclarecida por la gloria de la santidad y de los milagros.





—Y en otras partes se hace la fiesta y la conmemoración de otros muchos santos Mártires, Confesores y santas Vírgenes.


   Alabado y glorificado sea Dios eternamente.





AÑO CRISTIANO
POR EL P. J. CROISSET, de la Compañía de Jesús. (1864).
Traducido del francés. Por el P. J. F. de ISLA, de la misma Compañía.


NOVENA EN HONOR DEL Glorioso Patriarca de los Monjes de Occidente SAN BENITO. DÍA 9.





COMENZAMOS: 13 de marzo.



FINALIZAMOS: 21 de marzo (fecha de su festividad).




Aviso: Antes de la Novena es muy conveniente que las personas que deseen practicar este piadoso ejercicio determinen exactamente las gracias o favores que desean alcanzar de Dios por intercesión del Santo.



Por la señal, etc.


Acto de contrición.


   Señor mío Jesucristo, que quisiste tomar forma de siervo y nacer de una Virgen Purísima, muriendo en una cruz para librarme del pecado y del infierno, acordaos de vuestra infinita caridad, ten piedad de mí, pobre pecador, que, oprimido con el peso de mis culpas y confesando su malicia, me arrepiento de ellas, y me pesa de lo íntimo de mi corazón de haberlas cometido, por ser ofensas a vuestra bondad inmensa, a quien amo sobre todas las cosas. Propongo firmemente, con el auxilio de vuestra gracia, nunca más pecar. Haced, Señor, por los méritos e intercesión de vuestro fiel siervo San Benito que no me rinda a las asechanzas del común enemigo, antes bien me mantenga constante en el propósito que hago de no ofenderos más, y así consiga, con vuestra gracia, perseverar en vuestro amor hasta el último instante de mi vida, para continuar amándoos, bendiciéndoos y alabándoos por toda la eternidad en el cielo. Amén.



ORACIÓN PARA TODOS LOS DÍAS



   Señor Dios Todopoderoso, que queréis ser glorificado en vuestros Santos, haciéndoles participantes de vuestras riquezas y de vuestro poder; Vos que habéis ensalzado a vuestro fiel siervo Benito llenándole del espíritu de todos los justos y concediéndole gran poder ante vuestro divino acatamiento para ayudar a cuantos le invocan con amor y confianza; otorgadnos, Señor, por intercesión del Glorioso Patriarca la gracia de imitar sus virtudes y de sentir los efectos de su particular devoción. Por Jesucristo Nuestro Señor que con Vos vive y reina por los siglos de los siglos.

—Amén.





DÍA NOVENO (21 de marzo).





Patrocinio de San Benito.




   PRIMER PUNTO. —“En modo alguno concibáis tristeza por la descomposición de este cuerpecillo, porque estaré más cerca de vos luego que haya depuesto este peso, y seré un cooperador asiduo de cuantas obras emprendáis.” Tales eran las palabras con las cuales despedía Benito a su discípulo amado Mauro cuando se encaminaba por mandato suyo a propagar su Regla en Francia, palabras que encerraban la promesa de que nunca dejarían de ayudar a sus hijos y a sus verdaderos devotos. Promesa que ha tenido exacto cumplimiento en el decurso de los siglos. Muchos y esclarecidos milagros nos refieren las historias obrados por el siervo de Dios para proteger a los que de veras le invocan. En ellos se ve el interés que se toma por cuantos acuden a su protección nunca desmentida y cómo los saca de los mayores apuros. Recordemos uno entre muchos, para que se haga manifiesto que no en vano se niega Benito en cualquiera necesidad.
  

   Reinando en Francia Carlomagno, entraron por el Norte los bárbaros, y talando cuanto encontraban a su paso llegaron al monasterio de Fleury, sitio en que descansaban las cenizas de Benito. Prendieron, a los monjes y les dieron muerte cruel, quemando después el convento. Sentía mucha pena el Conde Gillolp, devotísimo del santo, al ver las ruinas que habían causado, y deseaba perseguir a los bárbaros, pero contando con pocos soldados no se atrevía a realizarlo. Encomendóse á San Benito y se le apareció en sueños prometiendo su ayuda contra aquellas gentes que tantos males causaban a la religión. Reunió sus soldados el Conde, los persiguió, y al cabo de tres días los derrotó completamente en una batalla, merced al auxilio de Benito, que, montado en un caballo y con su hábito monástico, se le apareció en medio de la pelea.


   ¿Quién puede enumerar los hechos milagrosos, pruebas de su protección? ¿Quién puede contar las curaciones obtenidas por su mediación y las gracias espirituales para las almas? ¿No ha deshecho y deshace los embustes diabólicos; no libra de toda clase de peligros a sus devotos? Serían necesarias muchas páginas si fuéramos a poner aquí lo que se halla escrito en muchos libros, que prueba la protección del santo patriarca.



   SEGUNDO PUNTO. —¡Oh esclarecido San Benito! No podemos menos de reconocer y de admirar tu valioso poder para remediar toda necesidad. Sabemos que habéis obrado muchedumbre de milagros en favor de tus devotos. No dudamos de tu poder ni de tu grande compasión para con los infelices que aquí vivimos. ¿Qué puede negarte el Señor en el cielo si tanto te concedió en el mundo? Por eso, santo bendito y protector nuestro, a ti hemos recurrido en esta novena y recurrimos ahora con más instancia pidiéndoos las gracias que más necesitamos.


   ¡Que nuestra confianza en vuestra paternal bondad no quede frustrada! Dígnate acoger nuestros ruegos y presentarlos ante el trono del Altísimo para que, conseguidas las mercedes que pedimos, vivamos, conformando nuestra vida a la ley de Dios tan inculcada en tus enseñanzas, y después vayamos a la gloria para tributar juntos con vos eternas alabanzas a Dios por las mercedes recibidas. Así sea.




Obsequio. —Para terminar santamente la novena repetir con frecuencia en este día: San Benito, nuestro padre y protector, interceded por nosotros.






—A esta intención, y además para alcanzar la gracia especial que se le pida en la Novena, rezaremos tres Padre nuestros y tres Ave Marías con Gloria Patri.



—Aquí se cantan los gozos, y al fin de ellos se puede decir la oración que sigue:




viernes, 20 de marzo de 2020

SAN JOAQUÍN, Padre de la Madre de Dios. — 20 de marzo y 16 de agosto.





   Fué el gloriosísimo padre de la Santísima Virgen san Joaquín, galileo de nación, de la ciudad de Nazareth, y de linaje real y el más ilustre de toda Judea, porque era de la tribu de Judá, y descendía por línea recta del rey David.

   Llámesele Joaquín, que quiere decir Preparación del Señor, porque, como dice san Epifanio, por él se preparó el templo vivo del Señor del mundo, que fue la Virgen María, su hija.

   Era hombre justo que trataba en rebaños y lanas, y se casó con una virtuosísima doncella de Belén, llamada Ana. 



   Vivían los dos santos esposos como dos ángeles, pero sin tener hijos, lo cual les era causa de grande humillación, pues entre los judíos se tenía como cosa afrentosa ser estériles, y por maldito quien no dejaba descendencia de sí, porque perdía para siempre la esperanza de emparentar con el Mesías.

   Mas el Señor les consoló con enviar a san Joaquín un ángel que le dijese que Ana su mujer había de concebir una doncella santísima escogida de Dios para madre suya, la cual había de parir al Mesías tan deseado; y cumpliéndose el plazo señalado por el ángel, les nació en Nazareth aquella benditísima niña, sobre la cual echó Dios todas sus bendiciones.

 


   ¿Quién podrá declarar la alegría de san Joaquín, cuando vio en sus brazos aquella hija tan deseada no sólo de los hombres, sino de los mismos ángeles?

   ¡Con qué reverencia la miraría, viendo la hermosura de la niña que admiraba cielo y tierra!



   Le puso por nombre María, que significa excelsa, porque había de ser la más alta y excelsa de todas las puras criaturas; y al cabo de ochenta días fueron Joaquín y Ana a Jerusalén a cumplir la ley de la purificación para ofrecerla en el templo, y cuando la santísima Niña llegó a la edad de tres años, en la festividad de las Encenias, que era por el mes de noviembre, la presentaron a los sacerdotes, para que se criara entre las otras vírgenes consagradas a Dios, en una parte del templo que estaba diputada para crianza y habitación de ellas. 




   Vivieron en Jerusalén Joaquín y Ana porque el amor que tenían a su hija no les permitía ausentarse de aquel tesoro divino; y así los años que le quedaron de vida, que fueron pocos, frecuentaba lo más que podía san Joaquín aquel templo vivo de Dios, su santísima hija, más preciosa que el templo de Jerusalén y que el cielo empíreo, hasta que siendo ya dé unos ochenta años y la Virgen de once, la dejó por heredera de sus bienes y entregó su espíritu al Señor que le había criado y honrado con la dignidad de padre de la Madre de Dios y Reina de los cielos.





Reflexión: Exclama lleno de admiración san Juan Damasceno: «¡Oh bienaventurado par, Joaquín y Ana, a los cuales está obligada toda criatura! Porque por vosotros ofreció el Creador aquel don que se aventaja a todos los dones del mundo, esto es, a su castísima Madre, la cual sola fué digna de su Creador. Bien os dais a conocer que sois inmaculados por el fruto purísimo de vuestro vientre. Cumplisteis casta y santamente vuestro oficio, y produjisteis el tesoro de la virginidad.»



   Seamos, pues, devotos de estos gloriosos padres de la Madre de Dios, pues son tan grandes sus méritos y eficaces sus oraciones, porque, así como la Virgen puede mucho con Dios, por ser madre suya, así ellos pueden mucho con la Madre de Dios, por hija suya, la cual se huelga que honremos a sus santísimos padres, y como buena hija toma por hechos a sí los obsequios que les hacemos.




Oración: Oh Dios, que entre todos los santos escogiste al bienaventurado san Joaquín para que fuese padre de la Madre de tu Hijo; te suplicamos nos concedas que experimentemos perpetuamente la poderosa protección de aquel, cuya fiesta hoy solemnizamos. Por Jesucristo, nuestro Señor. Amén.


FLOS SANCTORVM
DE LA FAMILIA CRISTIANA.