viernes, 3 de julio de 2020

JUNIO: MES DEL SAGRADO CORAZÓN DE JESÚS. —DÍA TRIGÉSIMO TERCERO (FINALIZAMOS).



“Jardín del Sagrado Corazón de Jesús” Por   Gabino Chávez, Pbro.

Entra en este jardín delicioso para reanimar tu alma enferma — (El Señor a Santa Margarita.)

Con las debidas licencias.

México 1901.




Acto de Contrición.




   Adorable Salvador mío, lleno de confusión y de vergüenza, vengo a postrarme a vuestras plantas, a pediros perdón y misericordia; bien conozco, Señor, que no lo merezco, antes soy indigno de ser escuchado pues innumerables veces he despreciado la gracia recibida, abusando de vuestra bondad y clemencia; el conocimiento de mi infidelidad é inconstancia me acobarda y desalienta, porque el ingrato no es digno de nuevos favores; pero vuestra voz dulcísima me alienta y anima cuando dice: “Venid a mí todos.” ¿Conque aún es tiempo, Jesús mío? ¿puedo aun esperar el perdón y la misericordia? ¡Oh Corazón compasivo de mi Jesús! ¡Bendito seáis! a Vos me acojo, sed Vos mi asilo, mi refugio, mi esperanza y mi consuelo. Padre Eterno, mucho os he ofendido y he sido muy ingrato correspondiendo los favores con ofensas; mas ya me arrepiento muy de veras; perdonadme, y recibid en desagravio el Corazón amorosísimo de Jesús vuestro Hijo: yo os ofrezco sus méritos, sus virtudes y sus penas; y por ellos espero el perdón y la gracia de vuestro amor. Amén.


Oración preparatoria para todos los días.


   Amabilísimo Jesús mío, que con tanto amor convidasteis a la bienaventurada Margarita a que entrase en vuestro Sagrado Corazón, como en un jardín delicioso lleno de flores de admirable variedad, de incomparable hermosura y suavísima fragancia, diciéndole que escogiese cuantas le agradasen. ¡Ah Señor! permitidme entrar, aunque tan indigno, en ese jardín florido, en ese paraíso de celestiales delicias, en vuestro divino Corazón, y si queréis que escoja las flores que me agraden, yo os pido el lirio de la pureza, la rosa del amor, y la violeta de la humildad, ya que con estas las tendré todas, pues son inseparables; y teniéndolas todo mi corazón, a semejanza del vuestro, se transformará en un jardín de delicias para Vos, y entonces podré deciros con la esposa: “Venga mi Amado a su huerto.” Concededme, Señor, esta gracia; quitad de mi corazón las espinas del pecado, destruid todo lo que en él os desagrada, y plantad todas las flores que os deleiten, para que no haya en mí cosa que os disguste, ¡oh mi Dios, y mi amor, y todo mi bien! Así sea.






DÍA TREINTA Y TRES (3 de julio).


El Corazón de Jesús, Delicia de todos los santos.


1. Es cierto que en el cielo las almas tendrán tres cosas: la visión, la fruición y la posesión de Dios, las cuales corresponden a la fe, esperanza y caridad que en la vida practicaron, como lo explica Santo Tomás, y los cuerpos tendrán aquellas cuatro dotes que Corresponden a las cuatro virtudes cardinales conforme al mismo angélico Doctor; pero no cabe   duda en que aparte de la gloria esencial de la bienaventuranza, tendrán por otros títulos más o menos gloria accidental, así como los mártires, los doctores y las vírgenes la tienen y se llama la aureola del martirio, del doctorado y de la virginidad. ¿Quién podrá dudar que será una gran felicidad, y una especial delicia en la gloria el contemplar aquella santa humanidad de nuestro adorable Redentor? ¿Aquellos ojos como dos soles reverberantes de luz aquella frente de real majestad, aquellos labios en que se ha derramado la gracia, aquel rostro de divinal hermosura en el cual los mismos ángeles desean estar siempre mirando? Sí, ¡Jesucristo, hermoso en su forma sobre todos los hijos de los hombres, será, en su contemplación, una de las mayores delicias de la corte celestial!


2. Mas. entre todos los miembros del cuerpo gloriosísimo de nuestro Señor Jesucristo, los que resplandecerán con más luz y belleza serán las llagas que por nuestro amor en la cruz recibió, y que tuvo la fineza de querer, para más excitarnos a amarle, conservarlas en el cielo, en su cuerpo resucitado y glorioso, ¿Quién podrá imaginar, ni menos expresar los torrentes de luz apacible y dulcísima que despedirán esas llagas, iluminando y embelleciendo como cinco focos celestiales, la inmensa ciudad de Dios? Y entre todas ha de sobresalir con especial luz y hermosura aquella herida profunda del sacratísimo Costado, y en el seno de ella, bajo la carne del Señor, translúcida como Un puro cristal, se verá latir aquel Corazón dulce, amoroso, grande, noble y generoso que tanto amamos en esta vida, y en el que místicamente entrábamos y salíamos tantas veces, trayendo a él nuestros afectos encendidos, y sacando de él las gracias más exquisitas y las más señaladas mercedes ¡Oh y cuánta delicia será el contemplar allí al divinísimo Corazón de Jesús, centro de todo el amor que hace arder en dulces llamas a todo el amor que hace arder en dulces llamas a toda la Jerusalén celestial! Jamás el sol ardiente y luminoso que nos alumbra y vivifica, ha aparecido tan radiante, tan magnifico y tan bello en medio del cielo, como el divino Corazón en medio del empíreo, alumbrándolo todo con sus fulgores, y calentándolo todo con sus llamas. Así, el Corazón de Jesús será en los esplendores de la gloria, la eterna delicia de los santos.



—Práctica. Meditar a menudo en la gloria para alentarse en las fatigas y consolarse en los trabajos de la vida.



Oración.


   Corazón de Jesús, sol divino de abrasadores rayos, que alumbráis dulcemente, y deliciosamente inflamáis a los santos en el cielo: Cordero celestial que sois la antorcha resplandeciente de la ciudad eterna, que con Vos no necesita de otro sol ni de otra luz, ¿cuándo llegará el dichoso día, Salvador mío, en que yo os mire cara a cara allá en la gloria, y contemple la luz de vuestros ojos, y la serenidad de vuestra frente, y la gracia de vuestros labios, y la indecible hermosura de vuestro semblante? ¿cuándo veré fulgurar esas llagas amorosas que estarán como disparando ardientes flechas que hieran dulcemente los corazones? ¿cuándo me abismaré en la contemplación de aquel amante y divino Corazón que fué mi morada, y mi suave nido, y mi rico tesoro acá en la tierra? ¡oh Señor,  Señor Jesús! abreviad si os place, el tiempo de mi peregrinación en este destierro, a fin de que yo pueda volar a gozaros y a contemplaros en la excelsitud de vuestra gloria. “Habitado he, con los habitantes de Cédar, el valle tenebroso, y mi alma ha andado mucho tiempo peregrinando”. (Salm. CXIX, 6). Acabe ya, Señor, el suelo para llegar al cielo; termine de una vez el destierro para regresar a la patria, rómpanse al fin las ataduras de la mortalidad, para entrar libre a la inmortal y eterna vida ¡Corazón de Jesús, Vos seréis mi delicia, mi amor y mi contento en los esplendores de la gloria celestial! Amén.





Oración par a después de la meditación.


   Corazón de mi Jesús, ya he procurado entrar en el jardín que sois Vos, meditando alguno de vuestros títulos gloriosos, o de vuestros oficios misericordiosos, o de vuestras dignidades maravillosas; ya me he sentado por algunos instantes bajo de la sombra de aquel que había deseado, y he aspirado el aroma de sus purísimas flores, y he saboreado alguno de sus frutos, dulcísimos a mi garganta. Haced, Corazón divino, que yo me nutra con tan regalados manjares, que yo no quiera habitar ya entre la turba de las criaturas; sino que en Vos ponga el dulce nido donde fomente los santos deseos, y los fervientes afectos; y que en vuestro adorable Corazón haga perpetua morada; que allí habite, pues para eso lo he escogido, y allí me vea siempre libre de mis enemigos, siempre lleno de amor para con Vos, siempre agradecido a vuestras grandes finezas; y pasando mi vida allí escondido, como el santo Job pueda allí exclamar: “En mi nidito moriré; y como la palma multiplicaré los días”, (Job. XXIX , 18) siendo trasplantado a los jardines eternos del paraíso celestial. Amén.




—Un Credo al Sagrado Corazón.




JACULATORIA. 



—Corazón de Jesús, jardín de celestiales delicias.


—En ti viva, y en ti muera, y te goce eternamente.
    




jueves, 2 de julio de 2020

JUNIO: MES DEL SAGRADO CORAZÓN DE JESÚS. —DÍA TRIGÉSIMO SEGUNDO.




“Jardín del Sagrado Corazón de Jesús” Por   Gabino Chávez, Pbro.

Entra en este jardín delicioso para reanimar tu alma enferma — (El Señor a Santa Margarita.)

Con las debidas licencias.

México 1901.




Acto de Contrición.




   Adorable Salvador mío, lleno de confusión y de vergüenza, vengo a postrarme a vuestras plantas, a pediros perdón y misericordia; bien conozco, Señor, que no lo merezco, antes soy indigno de ser escuchado pues innumerables veces he despreciado la gracia recibida, abusando de vuestra bondad y clemencia; el conocimiento de mi infidelidad é inconstancia me acobarda y desalienta, porque el ingrato no es digno de nuevos favores; pero vuestra voz dulcísima me alienta y anima cuando dice: “Venid a mí todos.” ¿Conque aún es tiempo, Jesús mío? ¿puedo aun esperar el perdón y la misericordia? ¡Oh Corazón compasivo de mi Jesús! ¡Bendito seáis! a Vos me acojo, sed Vos mi asilo, mi refugio, mi esperanza y mi consuelo. Padre Eterno, mucho os he ofendido y he sido muy ingrato correspondiendo los favores con ofensas; mas ya me arrepiento muy de veras; perdonadme, y recibid en desagravio el Corazón amorosísimo de Jesús vuestro Hijo: º Amén.


Oración preparatoria para todos los días.


   Amabilísimo Jesús mío, que con tanto amor convidasteis a la bienaventurada Margarita a que entrase en vuestro Sagrado Corazón, como en un jardín delicioso lleno de flores de admirable variedad, de incomparable hermosura y suavísima fragancia, diciéndole que escogiese cuantas le agradasen. ¡Ah Señor! permitidme entrar, aunque tan indigno, en ese jardín florido, en ese paraíso de celestiales delicias, en vuestro divino Corazón, y si queréis que escoja las flores que me agraden, yo os pido el lirio de la pureza, la rosa del amor, y la violeta de la humildad, ya que con estas las tendré todas, pues son inseparables; y teniéndolas todo mi corazón, a semejanza del vuestro, se transformará en un jardín de delicias para Vos, y entonces podré deciros con la esposa: “Venga mi Amado a su huerto.” Concededme, Señor, esta gracia; quitad de mi corazón las espinas del pecado, destruid todo lo que en él os desagrada, y plantad todas las flores que os deleiten, para que no haya en mí cosa que os disguste, ¡oh mi Dios, y mi amor, y todo mi bien! Así sea.






DÍA TREINTA Y DOS. (2 de julio).



El Corazón de Jesús, Esperanza de los que mueren en su amor.


1. Si el vivir en la preciosa habitación del Sagrado Corazón de Jesús, es una cosa tan dulce y una tan grata seguridad, que los santos gozaban grandemente en permanecer allí, y decían con David: ¡oh y qué dulce habitación! ¡aquí moraré, porque la he escogido! lo que hacía exclamar a San Bernardo: ¡qué cosa tan suave es el morar en este Corazón!. ¡Oh y cuán grato, cuán suave, cuán consolador, cuán envidiable será el morir, el exhalar el último aliento, encerrado en ese aposento vivificador en el que vive la misma vida del mundo, como dice también el melifluo Doctor! Jesucristo quiso morir para endulzarnos el trago siempre amargo de la muerte, para moderar los justos temores que inspira, y para alentarnos en aquel instante supremo con la dulcísima confianza que su mu    Aerte en el árbol de la cruz debe inspirarnos. Por eso, en la hora de la muerte, se pone en las manos del cristiano una Imagen de Cristo crucificado, y una cera encendida; la Imagen, para alentar la esperanza en los méritos de nuestro amado Redentor, recordando que murió en la cruz por nuestro remedio: y la vela, para testificar nuestra fe, más viva en aquellos momentos tan terribles. ¡Oh dulcísimo Salvador mío! haced que en Vos siempre more, y en vuestros amorosos brazos acabe yo mi pobre vida.


2. Mas, así como en la cruz, después de su muerte, dispuso nuestro amantísimo Salvador, que su sagrado Costado fuese traspasado con la lanza, para dejarnos una morada siempre abierta, un refugio siempre seguro donde guarecernos de las iras del Padre ofendido: así también quiso que su divino Corazón nos sirviese en nuestra muerte como de dulce nido, en donde acabar tranquilos nuestros días, pudiendo nosotros decir mejor que el santo Job: “En mi nidito moriré, y como la palma multiplicaré mis días:” pues el Corazón de Jesús, suave, dulce, caliente y recogido como un nido pequeño, será precioso asilo en aquel trance, y en su compañía, en las montañas de la gloria, veremos multiplicar nuestros día, no solo mil años como se dice que dura la palma, sino millares y millones de años, por los siglos que no tienen fin. Por eso el Corazón de Jesús es la esperanza de los que mueren en su santo amor.



Práctica. Hacer la aceptación de la muerte, con todas las penas y amarguras de que el Señor se digne rodearla.



Oración.


   Corazón benignísimo de mi Jesús, habitación dulcísima, morada hermosísima, asilo segurísimo donde puedo y quiero pasar toda mi vida, ¡ojalá que toda ella me hubiera aprovechado de esta mansión de amor y de delicias! desgraciadamente he pasado gran parte de mi vida, errando como el pródigo, lejos de esta casa, de mi padre, entregado a apacentar mis indignos apetitos y a sumirme en el cieno de los deleites de los sentidos: pero ya hoy quiero volver a la amada casa de mi padre; quiero morar de hoy en adelante en esta dulce habitación, y no volver a salir de ella jamás. Pronto, muy pronto tal vez, acabará para mí la negrura, de este destierro, la obscuridad de esta noche, y la duración de esta vida, que no es la vida verdadera, sino la expectación de la eterna vida. Concededme, Señor mío, Jesús mío, amado Salvador mío, que, en el dulce nido de vuestro sacratísimo Corazón, acabe yo felizmente mi vida, lavando con su preciosísima sangre mis pecados é inflamando mi amor en sus ardientes llamas, para que, recibido en vuestro seno, pueda como Vos decirle al ir a espirar: “En tus manos Señor, encomiendo mi espíritu.” Amén.


    





Oración par a después de la meditación.


   Corazón de mi Jesús, ya he procurado entrar en el jardín que sois Vos, meditando alguno de vuestros títulos gloriosos, o de vuestros oficios misericordiosos, o de vuestras dignidades maravillosas; ya me he sentado por algunos instantes bajo de la sombra de aquel que había deseado, y he aspirado el aroma de sus purísimas flores, y he saboreado alguno de sus frutos, dulcísimos a mi garganta. Haced, Corazón divino, que yo me nutra con tan regalados manjares, que yo no quiera habitar ya entre la turba de las criaturas; sino que en Vos ponga el dulce nido donde fomente los santos deseos, y los fervientes afectos; y que en vuestro adorable Corazón haga perpetua morada; que allí habite, pues para eso lo he escogido, y allí me vea siempre libre de mis enemigos, siempre lleno de amor para con Vos, siempre agradecido a vuestras grandes finezas; y pasando mi vida allí escondido, como el santo Job pueda allí exclamar: “En mi nidito moriré; y como la palma multiplicaré los días”, (Job. XXIX , 18) siendo trasplantado a los jardines eternos del paraíso celestial. Amén.




—Un Credo al Sagrado Corazón.




JACULATORIA. 



—Corazón de Jesús, jardín de celestiales delicias.


—En ti viva, y en ti muera, y te goce eternamente.



miércoles, 1 de julio de 2020

JUNIO: MES DEL SAGRADO CORAZÓN DE JESÚS. —DÍA TRIGÉSIMO PRIMERO.



“Jardín del Sagrado Corazón de Jesús” Por   Gabino Chávez, Pbro.

Entra en este jardín delicioso para reanimar tu alma enferma — (El Señor a Santa Margarita.)

Con las debidas licencias.

México 1901.



Acto de Contrición.



   Adorable Salvador mío, lleno de confusión y de vergüenza, vengo a postrarme a vuestras plantas, a pediros perdón y misericordia; bien conozco, Señor, que no lo merezco, antes soy indigno de ser escuchado pues innumerables veces he despreciado la gracia recibida, abusando de vuestra bondad y clemencia; el conocimiento de mi infidelidad é inconstancia me acobarda y desalienta, porque el ingrato no es digno de nuevos favores; pero vuestra voz dulcísima me alienta y anima cuando dice: “Venid a mí todos.” ¿Conque aún es tiempo, Jesús mío? ¿puedo aun esperar el perdón y la misericordia? ¡Oh Corazón compasivo de mi Jesús! ¡Bendito seáis! a Vos me acojo, sed Vos mi asilo, mi refugio, mi esperanza y mi consuelo. Padre Eterno, mucho os he ofendido y he sido muy ingrato correspondiendo los favores con ofensas; mas ya me arrepiento muy de veras; perdonadme, y recibid en desagravio el Corazón amorosísimo de Jesús vuestro Hijo: yo os ofrezco sus méritos, sus virtudes y sus penas; y por ellos espero el perdón y la gracia de vuestro amor. Amén.



Oración preparatoria para todos los días.



   Amabilísimo Jesús mío, que con tanto amor convidasteis a la bienaventurada Margarita a que entrase en vuestro Sagrado Corazón, como en un jardín delicioso lleno de flores de admirable variedad, de incomparable hermosura y suavísima fragancia, diciéndole que escogiese cuantas le agradasen. ¡Ah Señor! permitidme entrar, aunque tan indigno, en ese jardín florido, en ese paraíso de celestiales delicias, en vuestro divino Corazón, y si queréis que escoja las flores que me agraden, yo os pido el lirio de la pureza, la rosa del amor, y la violeta de la humildad, ya que con estas las tendré todas, pues son inseparables; y teniéndolas todo mi corazón, a semejanza del vuestro, se transformará en un jardín de delicias para Vos, y entonces podré deciros con la esposa: “Venga mi Amado a su huerto.” Concededme, Señor, esta gracia; quitad de mi corazón las espinas del pecado, destruid todo lo que en él os desagrada, y plantad todas las flores que os deleiten, para que no haya en mí cosa que os disguste, ¡oh mi Dios, y mi amor, y todo mi bien! Así sea.






DÍA TREINTA Y UNO (1º de julio).


El Corazón de Jesús, Celoso de las almas.


1. Del celo de las almas que tuvo Jesucristo, dicen las Santas Escrituras que le enflaqueció o lo devoró; (Salm. LXVIII, 10) y en persona del Señor decía también David: “mi celo me ha hecho debilitar y perder el color.” (Salm. CXVIII, 139). Porque, aunque se hable del celo de la casa del Señor, sabido es que las almas son también casas vivas, en donde habita; y por eso, cuando dice que el celo lo ha enflaquecido, añade la razón, “porque han olvidado tus palabras mis enemigos;” es decir, porque han olvidado los mandamientos de la santa ley del Señor. Y este celo le devoró, porque él le hizo sudar sangre en el huerto de los olivos, le hizo derramarla como una lluvia en la columna, y le hizo expirar entre durísimos tormentos en la cruz. De aquí es, que la primera palabra que en ella habló nuestro divino Salvador, fué arrancada de su pecho y de sus labios por el celo que le devoraba del bien de las almas, pues de ellas se ocupa antes que todo, y exhala hacia su eterno Padre aquel grito de amor y de misericordia: “Padre, perdónalos que no saben lo que hacen”.


2. Mas si el celo no es otra cosa que la flama de la caridad, y el hogar de la caridad es el Corazón de Jesucristo, como lo llama la Iglesia en sus letanías, claro viene a ser que el Sagrado Corazón, es el que arde en llamas de celo por nuestro bien: el celo de nuestras almas le hizo arrojar, en la noche de su pasión, con tal violencia su preciosa sangre, que corría a gotas hasta caer en la tierra, como para bañarla con un riego divino, y purificarla de las manchas conque el hombre la tenía contaminada; ese celo lo llenó de tristeza hasta la muerte: y ese mismo celo, lo hizo aun después de la muerte entregarse a la lanza del soldado para dar salida a la inmensidad de su amor, con las últimas gotas de su sangre. ¿Con qué celo no deberemos tratar de salvarnos, cuando el Señor perdió la vida para alcanzárnoslo? Pidamos al Sagrado Corazón de Jesús el celo de la salvación de las almas, para procurar, no sólo la nuestra, sino también la de nuestros hermanos.



Práctica: Una ferviente comunión en honor del Sagrado Corazón de Jesús.



Oración.


   Escrito está en las Santas Escrituras que Vos sois un Dios celoso. (Exod. XX, 5).  Vuestro amante Corazón nos hace el honor de estar celoso de este nuestro, tan pobre, tan ruin y miserable; no queréis que le entreguemos a las viles criaturas, y aun os quejáis justamente de que os hemos faltado con muchos amadores, prometiendo recibirnos, no obstante, en vuestros brazos, si arrepentidos acudimos a vuestro llamamiento. ¡Bendito sea mil veces tanto amor! ¡Bendita tanta bondad y misericordia! ¡Bendito tan ardiente y compasivo celo! Haced, Corazón sacratísimo, que os ame a Vos solo; que, a vuestra imitación, sea celoso del bien de mis hermanos: que mi celo me haga enflaquecer como al profeta; que mi celo me devore y me consuma, para que, dándoos muchas almas, merezca la mía ir a veros y gozaros eternamente. Amén.






Oración para después de la meditación.


   Corazón de mi Jesús, ya he procurado entrar en el jardín que sois Vos, meditando alguno de vuestros títulos gloriosos, o de vuestros oficios misericordiosos, o de vuestras dignidades maravillosas; ya me he sentado por algunos instantes bajo de la sombra de aquel que había deseado, y he aspirado el aroma de sus purísimas flores, y he saboreado alguno de sus frutos, dulcísimos a mi garganta. Haced, Corazón divino, que yo me nutra con tan regalados manjares, que yo no quiera habitar ya entre la turba de las criaturas; sino que en Vos ponga el dulce nido donde fomente los santos deseos, y los fervientes afectos; y que en vuestro adorable Corazón haga perpetua morada; que allí habite, pues para eso lo he escogido, y allí me vea siempre libre de mis enemigos, siempre lleno de amor para con Vos, siempre agradecido a vuestras grandes finezas; y pasando mi vida allí escondido, como el santo Job pueda allí exclamar: “En mi nidito moriré; y como la palma multiplicaré los días”, (Job. XXIX , 18) siendo trasplantado a los jardines eternos del paraíso celestial. Amén.




—Un Credo al Sagrado Corazón.



JACULATORIA. 


—Corazón de Jesús, jardín de celestiales delicias.


—En ti viva, y en ti muera, y te goce eternamente.