lunes, 17 de agosto de 2026

SAN JACINTO Misionero dominico. — 17 de agosto.

 


Ramo espiritual: «No ruego por el mundo, sino por los que tú, Padre, me has dado, porque tuyos son». Juan 17:9

 

   San Jacinto, Apóstol del Norte y Taumaturgo de su siglo, provenía de una familia ilustre. Fue el propio Santo Domingo quien recibió sus votos y lo envió a evangelizar Polonia, país que movilizó con ahínco y donde realizó innumerables conversiones. Su vida fue un ejercicio constante de caridad hacia todos los que sufren y de santa crueldad consigo mismo. Imitando a su padre, Santo Domingo, no tuvo más morada que la iglesia ni más lecho que la tierra; cada noche se lastimaba los hombros con cadenas de hierro y ayunaba frecuentemente solo con pan y agua.

 


   Entre los milagros que realizó se encontraban la resurrección de los muertos, la liberación de los poseídos por demonios y la curación de muchos enfermos. Se le vio cruzando el caudaloso río Vístula con varios de sus hermanos, sobre su manto extendido. Obligado a huir de los tártaros, al menos llevó consigo el Santísimo Sacramento para evitar su profanación. Cuando estaba a punto de salir de la iglesia, una voz salió de la estatua de María, pidiéndole que también se lo llevara. Pesaba entre ochocientas y novecientas libras; Jacinto, lleno de fe, lo tomó en su mano y lo encontró tan ligero como una caña. Sin barca, cruzó el gran río Borístenes con su carga como si fuera tierra firme, mientras su manto servía de barca para sus hermanos, que lo seguían.

 


  Consolado por varias visitas de la Santísima Virgen, tuvo una revelación de su muerte, que ocurrió el 15 de agosto de 1257.

 

Abate L. Jaud, Vidas de los santos para cada día del año, Tours, Mame, 1950.


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