lunes, 29 de julio de 2019

SANTA MARTA: TRIDUO EN SU HONOR.




ORACIONES PARA TODO LOS DÍAS.

Acto de contrición: Dios mío, Padre Celestial, me pesa de todo corazón de haberos ofendido y os pido perdón de mis pecados porque con ellos merecí las penas del infierno, renové la pasión dolorosísima de Jesucristo, mi Redentor, y sobre todo por haber con ellos ofendido a Vos que sois bondad infinita; propongo con el auxilio de vuestra gracia jamás ofenderos y evitar todo cuanto pueda desagradaros. Os lo pido por los méritos de mi Señor Jesucristo que con Vos vive y reina con el Espíritu Santo por los siglos de los siglos. Así sea.

Invocación: Prodigiosa Virgen Santa Marta, acudo a ti en demanda de ayuda y protección. Por tu solicitud y fervor en el servicio del divino Maestro Jesús, te ruego intercedas por mí y me obtengas de su amantísimo Corazón la gracia que fervorosamente te pido y que espero no será óbice para mi bien espiritual y eterno.

—Hágase la petición.

—Rezar tres veces el Padrenuestro y el Gloria.

Rezar a continuación el día que corresponda.



DÍA PRIMERO


Santa Marta gloriosa, que llena de humildad, hiciste saber a Jesús, en unión con tu santa hermana María Magdalena la enfermedad de Lázaro vuestro hermano, con este mensaje: “Señor, mira que aquel que tu amas está enfermo”; infunde en mi alma sentimientos de humildad y de filial confianza en la Providencia de Dios, para que merezca como tú la gracia que por tu mediación solicito.

Jaculatoria: Señor, por el amoroso hospedaje que siempre hallaste en Betania, en casa de los Santos hermanos Lázaro, Marta y María Magdalena, oye mi petición y concédeme la gracia que te pido. ¡Jesús dulcísimo óyeme!

—Tres Avemarías al Inmaculado Corazón de María intercaladas con la jaculatoria:

Dulce Corazón de María.
Sed mi salvación.

Terminar con la oración final para todos los días.



ORACION FINAL PARA TODOS LOS DÍAS

Fervorosa discípula de Jesús, amable Santa Marta, cuya afanosa solicitud en el servicio del Maestro Divino fue motivo para que oyeras de sus labios aquellas memorables palabras: “Marta, Marta tú te afanas y acongojas distraída en muchísimas cosas, y a la verdad que una sola cosa es necesaria, que es la salvación eterna”; haz, dulce protectora mía, que al buscar el remedio de mis necesidades temporales y al atender al cumplimiento de las obligaciones de mi estado, jamás me olvide que soy un viajero de paso por la tierra y en camino hacia la eternidad, y que por tanto una sola cosa me es absolutamente necesaria, el obtener mi eterna salvación.

Oh dichosos hermanos, Lázaro, Marta y María Magdalena, rogad por nosotros y haced que los que os invocamos y nuestras familias tengamos la dicha de reunirnos en el cielo como vosotros para gozar para siempre de la gloria de Dios.

Oh Santa Marta, por la señal de la Cruz que sostienes con tu diestra y por cuya virtud venciste al dragón infernal que tienes humillado a tus pies, ayúdanos a vencer las tentaciones y dificultades en esta vida, llevando con fidelidad la cruz de nuestro estado, hasta conseguir como tú la victoria final sobre el enemigo de nuestras almas. Así sea.


DÍA SEGUNDO

Santa Marta gloriosa, que, con tus palabras llenas de fe y esperanza en el poder de Jesús, ausente en la muerte de tu hermano Lázaro: “Señor, si hubieses estado aquí no hubiera muerto mi hermano”, conmoviste el corazón del Divino Maestro y oíste de sus labios aquella promesa: “Tu hermano resucitará”, obtén para mi esta fe ciega en el poder de Dios y esta confianza en su bondad infinita, que me hagan merecedor de la gracia que por tus ruegos solicito.

Jaculatoria: Señor, por la gratitud de tu Corazón divino a los caritativos moradores de la casa de Betania, Lázaro, Marta y María Magdalena, oye mi petición y concédeme la gracia que te pido. ¿Jesús dulcísimo óyeme!

—Tres Avemarías al Inmaculado Corazón de María intercaladas con la jaculatoria:

Dulce Corazón de María.
Sed mi salvación.

Terminar con la oración final para todos los días.



DÍA TERCERO

Santa Marta gloriosa, que oíste de labios de Jesús aquellas palabras: “Yo soy la resurrección y la vida; quien cree en mí, aunque hubiere muerto vivirá. Y todo aquel que vive y cree en mí, aunque hubiere muerto vivirá. Y todo aquel que vive y cree en mí no morirá para siempre. ¿Crees tú esto?”, y tu llena de fe y perseverando en tu petición, le respondiste: “Oh, Señor, sí que lo creo, y que tú eres el Cristo, el Hijo de Dios vivo que has venido a este mundo”; alcánzame de Divino Maestro fervor y constancia en mi oración, para así merecer la gracia que solicito.

Jaculatoria: Señor, por tus lágrimas de compasión derramadas en Betania ante el sepulcro de Lázaro y por el milagro de su resurrección, obrado por ti como respuestas a las suplicas de sus santas hermanas Marta y María Magdalena, concédeme la gracia que te pido ¿Jesús, dulcísimo, óyeme!

Dulce Corazón de María.
Sed mi salvación.

Terminar con la oración final para todos los días.



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