sábado, 21 de abril de 2018

SANTORAL DÍA 21 DE ABRIL.





—Santo Anselmo, obispo, confesor y doctor; Anastasio, obispo; Atón, obispo; 

SAN ANSELMO, OBISPO Y CONFESOR.




Anastasio, obispo. 



—Apolo, Isacio y Crotates, mártires en Roma; Arator, presbítero, y Félix, Vidal, Fortunato y Silvio, mártires en Alejandría; Abdécalas, Ananías y Pusicio, mártires en Persia;  Timoteo, mártir en Ravena; Simeón, obispo y mártir. 

Simeón, obispo y mártir. 



—Maximiano, patriarca de Constantinopla;


—Conrado de Parzham, hermano lego capuchino; Anfiso, confesor;


Conrado de Parzham, hermano lego capuchino.





—Guillermo, niño martirizado en París por los judíos el Jueves Santo de 1177;

—Brunón, fundador y abad en Inglaterra.

—Santa Alejandra, emperatriz, y compañeros mártires.







SAN ANASTASIO, EL SINAÍTA, obispo.




— Recibió el sobrenombre de Sinaíta por haber vivido en el monasterio del monte Sinaí, cuyos monjes quedaron sumamente edificados con las virtudes de este Santo, que fue una de las figuras más destacadas de la literatura ascética de Bizancio. Ejerció el cargo de patriarca de Antioquía y no cesó, lo mismo entonces que antes, de luchar contra las falsas doctrinas de los herejes que agitaban a la Iglesia oriental. Atacó y redujo al silencio a los eutiquianos. A causa de estas nobles y decididas campañas, Justiniano quiso desterrarlo, sin conseguirlo, por haber muerto antes de poderlo verificar, pero lo llevó a efecto su sucesor Justino II el Joven. El destierro duró desde 572 a 595. Entre sus escritos hay que señalar una obra dogmática: «Guía del verdadero camino»; otra exegética: «Hexamerón»; el libro «De la synaxis cristiana», y varias homilías, además de las «Ciento cincuenta y cuatro cuestiones».




SANTOS SIMEÓN, obispo, y compañeros mártires.





— Era obispo de Seleucia cuando fue apresado por orden de Sapor, rey de los persas. Cargado de cadenas, se vio conducido a los tribunales y acusado de no querer adorar al sol. Pero cuanto más se empeñaban los inicuos tiranos en acusarle, tanto más él predicaba y confesaba a Jesucristo. Estuvo encarcelado en compañía de otros muchos fieles, obispos, presbíteros y clérigos, hasta un centenar, a los cuales no cesaba de exhortar al martirio. El primero en ser ajusticiado fué Ustazanes, criado del rey, alentado por Simeón para obtener el perdón de sus culpas y desfallecimientos.

   Todos ellos, más Abdécalas y Ananías, presbíteros de Simeón, y Pusicio, prefecto de los empleados del palacio de Sapor, fueron degollados el Viernes Santo, 21 de abril del año 349.




SANTOS ALEJANDRA Y COMPAÑEROS, mártires.


— Era Alejandra esposa del emperador Diocleciano, y se convirtió a la fe de Jesucristo con ocasión del prodigio siguiente: Fué presentado el mártir San Jorge a los dioses, en presencia de la corte y numeroso pueblo; se acercó a la estatua de Apolo y le preguntó:
   « ¿Eres tú el que quieres que te ofrezca sacrificios como si fueras Dios ?» Y el demonio, encerrado en el ídolo, contesto: «Yo no soy dios, ni lo son tampoco ésos que a mí se asemejan. No hay más que un solo Dios, ése es el que tu predicas...»
   Hizo el Santo la señal de la cruz y todas las estatuas cayeron al suelo hechas pedazos, con lo que se originó un verdadero motín. Alejandra, allí presente, se declaró cristiana decidida. Diocleciano condenó a su esposa y a Jorge a ser decapitados. Poco después sufrieron igual martirio Apolo, Isacio y Crotates o Crotato, de la servidumbre de la emperatriz, y cuya entereza en el martirio determinó a seguirla en su triunfo. Presentados espontáneamente al emperador, lograron su intento. Era el 21 de abril de 303.






“EL SANTO DE CADA DÍA”
POR
EDELVIVES


miércoles, 18 de abril de 2018

“¡POR FAVOR, NO ME HABLEN DE ESTO!” - PARTE II.




Por el R.P. Guillaume Devillers

Sacerdote F.S.S.P.X


LOS LIBERALES, AL INFIERNO


   El liberalismo es pecado y como tal, conduce al infierno.

   La pasión por la libertad lleva a los hombres de nuestro tiempo a odiar la ley de Dios, la moral y todo lo que pretende poner un freno a su libertinaje. Defienden la libertad de la prensa, de las conciencias, de la pornografía, de la droga, de la eutanasia, del aborto, de todas las religiones, del satanismo, de todo.

   Para cualquier hombre sensato, este liberalismo es evidentemente un delirio, pero la pasión lo hace ciego: el liberal no quiere ver ni escuchar nada que contradiga su pasión desordenada. No recibe la palabra divina en buena tierra sino en corazón de piedra y matorrales de espinas. “Los ojos no sirven para nada cuando el espíritu está ciego” (San Colombo). Aunque un condenado resucitara delante de sus ojos, no creería.

   Con el Concilio Vaticano II, la pasión liberal se ha propagado en la Iglesia. Los católicos en su inmensa mayoría se han hecho los más fanáticos apóstoles del nuevo evangelio de la libertad. Y por eso se han vuelto más afirmativos y categóricos que los librepensadores del siglo XIX: ¡el infierno no existe!  La simple vista de este articuló les arrancará tal vez a muchos un nervioso y despectivo: “¡Por favor, no me hablen de esto!”.


LOS MODERNISTAS, AL INFIERNO

   Los modernistas pretenden que el infierno es una noción simbólica, representación mítica de los males de la vida presente, o expresión de los complejos freudianos del subconsciente. No creen en el infierno porque para ellos la religión  es un puro devenir en constante evolución y progreso. Ella nace de la conciencia de los creyentes y debe ajustarse a las aspiraciones de cada época. Los modernistas tienen el culto del hombre, es decir del hombre moderno, del hombre liberal: el hombre que, según ellos, llego por fin a su madurez después de salir del oscurantismo del medioevo, el hombre independiente, liberado, consiente de su dignidad, sin miedos ni tabúes. Todo esto excluye obviamente la idea de suplicios eternos.

   Los modernistas no tienen excusa: creen sin la menor prueba fábulas tranquilizadoras que son el fruto de su imaginación “liberada”. Pero no sufren la sana doctrina y se apartan de los dogmas de la fe, despreciando el testimonio infalible de los milagros y profecías.

   Con audacia sacrílega se han atrevido a tocar lo intocable y pretenden modificar lo que es inmutable: la divina revelación.

   ¡Locura incomprensible! No solo se han cerrado ellos mismos las puertas del Cielo sino que además no dejan entrar a los demás. Porque si la mayoría  de los hombres no teme más el infierno ni tiembla por su salvación, es claramente porque los clérigos impregnados hasta la medula de liberalismo y modernismo, no hablan más de esto.

   Conociendo las tremendas maldiciones que llenan la Sagrada Escritura en contra de estos falsificadores de la fe, tenemos motivo para llenarnos de espanto. ¡Más les valiera no haber nacido!

   

martes, 17 de abril de 2018

LA BEATA MARÍA ANA de JESÚS. (+ 1624). — 17 de abril.



   La extática y maravillosa virgen María Ana de Jesús nació en Madrid, de muy noble e ilustre linaje, y su padre Luis Navarro Ladrón de Guevara servía en la corte del rey don Felipe III. 

   Cuando llevaban en brazos a la iglesia aquella santa niña, notaban que al tiempo de alzar la Hostia y el Cáliz se quedaba arrobada; y cuando apenas sabía andar por sus pies, buscaba algún lugar recogido de su casa, y allí la veían puesta en oración delante de una imagen de nuestro Señor crucificado, bañados los ojos en lágrimas o cercado su rostro de resplandores.

   Gozaba de la presencia visible de su Ángel custodio; y platicaba de la beatísima Trinidad, de la Encarnación del Verbo, y de la adorable Eucaristía, que son los más inefables Misterios de nuestra divina Religión, como de cosas que más parecía entenderlas que creerlas.

   Recibió la primera comunión en edad muy temprana, y cada vez que tomaba el Pan de los ángeles, parecía transformarse en un ángel que gozaba de Dios.

   Más, ¿quién no se espantará ahora de las durísimas pruebas porque hubo de pasar esta alma angelical?



   Muy presto tuvo en lugar de madre una madrastra de condición asperísima, que la afligía sobremanera, y no le iba el padre a la mano tanto como debiera, especialmente cuando la santa doncella hizo voto de perpetua virginidad, contra la voluntad del padre que quería casarla. 

   Era ella, de gentil disposición y muy hermosa; y se cortó un día con las tijeras la rubia cabellera, pensando que así se entibiaría el amor del que la pretendiera por esposa: entonces fue cuando su padre y su madrastra salieron de sí y cargaron sobre ella una tempestad de injurias y golpes, con tanto enojo y crueldad, como si fueran verdugos de su hija mártir. 

   Cuando cesaron los malos tratos permitió que su sierva se viese todos los instantes del día fieramente atormentada por torpísimas imaginaciones y tentaciones las cuales le duraron once años, y a todo esto se añadían penosísimas enfermedades y agudísimos dolores, que acrisolaron como el oro su invencible paciencia. 

   Dejó al fin la casa de sus padres, y con la aprobación del venerable Fray Juan Bautista, que era su confesor, y fue el fundador de los Mercenarios descalzos, se labró una celdilla junto a la ermita de santa Bárbara, y recibió después el hábito de nuestra Señora de la Merced de manos del Maestro general de la orden: y en aquella pobrísima casa la visitaban hasta los príncipes, porque era muy grande la fama de sus arrobamientos, milagros y profecías.


   Finalmente, después de una vida llena de trabajos y celestiales consuelos, en un éxtasis suavísimo entregó su alma al Señor a los cincuenta y nueve años de su edad.



   Reflexión: Los cilicios e instrumentos de penitencia que usaba la santa, y se conservan en el convento de santa Bárbara de Madrid, llenan de asombro y compunción a los que los miran.

   Llevaba pegado al pecho un peto de espinas y a las espaldas unas cruces anchas sembradas de puntas de hierro; en los brazos unos cilicios, y en la cabeza una corona de espinas: y solía hacer el viacrucis con una pesada cruz en los hombros.

   La causa de esta asombrosa mortificación no era otra sino el amor grande que tenía esta inocentísima virgen a su divino Amor crucificado, y tan desagradecido e injuriado de los hombres.

   Pues, ¿quién no exclamará aquí diciendo: «Esta santa virgen tan inocente y tan penitente; y yo tan pecador y tan inmortificado»?


   Oración: Oh clementísimo Dios, Señor de las virtudes, que llenaste de los dones de tu gracia a la bienaventurada María Ana, concédenos por sus ruegos, que los que la honramos con solemnes cultos, imitemos también sus obras. Por Jesucristo, nuestro Señor. Amén.


FLOS SANCTORVM
DE LA FAMILIA CRISTIANA.



lunes, 16 de abril de 2018

SANTORAL DÍA 16 de abril.






—Santos Benito José Labre, confesor; 





—Toribio, obispo de Astorga; Fructuoso, de Braga, y Paterno, de Avranches (Francia);




Fructuoso, de Braga, 



Paterno, de Avranches (Francia)




—Escubilión, religioso; 





—Lamberto, labrador y mártir en Zaragoza; 





—Drogón, solitario de Flandes; Calixto, Carisio y otros siete, ahogados en el mar, en Corinto;


—Vasio, asesinado por sus presuntos herederos;



—Adrián, mártir en Grecia; 





——Magno, mártir en las Oreadas;




—Engracia y dieciocho compañeros, mártires en Zaragoza;






—Irene, mártir; 





—Conrado el Peregrino; Joaquín de Sena, servita; 

Conrado el Peregrino




—el Beato Bernardo de Quintavalle, primer discípulo de San Francisco.




—Santas: Bernardita Subirous, la confidente de la Virgen en Lourdes; Beata Inés de Bohemia.

Bernardita Subirous



Beata Inés de Bohemia.




SANTO TORIBIO, obispo de Astorga.


— Toribio, hijo de familia noble, recibió educación esmeradísima, tanto en virtud como en letras. Habiendo quedado huérfano siendo aún jovencito, vendió cuanto tenía, distribuyó su importe a los pobres y emprendió un viaje a Jerusalén, de donde trajo, para librarlas del poder de los infieles, muchas reliquias de la Pasión de Nuestro Señor. Al volver de su peregrinación fue nombrado obispo de Astorga, y desempeñó su cometido con gran admiración y aplauso de sus diocesanos. Para probar su inculpabilidad en una calumnia que le levantaron, paseó por el templo unas brasas encendidas envueltas en el roquete que llevaba puesto, sin que se notara lesión ni quemadura alguna; el calumniador cayó muerto repentinamente, a la vista de todo el pueblo. Luchó decididamente contra el priscilianismo; gobernó a su  pueblo con solicitud paternal y edificó a todos con el ejemplo de sus virtudes.
   Murió santamente a mediados del siglo V. Sus reliquias se hallan en el monasterio de Santo Toribio de Liébana; pero no hay que confundir a este santo obispo de Astorga con Santo Toribio de Liébana, que murió en 563 y fue sepultado en el mismo monasterio.




SAN FRUCTUOSO, arzobispo de Braga.


— Era español y procedía de sangre real goda. Heredó de sus padres muchas posesiones, que distribuyó entre los pobres. Llevó vida de penitencia en un monasterio del valle del Bierzo, del cual huyó para vivir más solitario. Llenó dicho valle de monasterios, y luego marchó a Andalucía para continuar su obra de extensión monacal. Fue nombrado obispo de Dumio y, más tarde, arzobispo de Braga. A pesar de su elevado cargo, llevó siempre vida frugal y modesta, como en sus monasterios. Obró Dios muchos milagros por su intercesión. Mientras estaba construyendo el monasterio de San Salvador de Manciolo, entre Dumio y Braga, entregó su alma al Señor, después de recibir los Santos Sacramentos, el 16 de abril del año 665.





SANTA ENGRACIA Y DIECIOCHO COMPAÑEROS, mártires en Zaragoza.




   ¡Noble doncella a quien no amedrentaron promesas ni amenazas, halagos ni tormentos! Tuvo valor para echar en cara a Daciano su ferocidad contra los cristianos: « ¿Por qué, juez inicuo, desprecias al verdadero Dios y Señor, que está en los cielos, y atormentas con tanta crueldad a los que le dan culto? ¿Por qué tú y tus emperadores perseguís por todo el mundo tan injustamente a los cristianos y tributáis culto a los ídolos, que son vanas estatuas donde habitan los demonios... ?» 

   Pero el juez Daciano atormentó a Engracia con todo género de torturas: fue arrastrada por la ciudad de Zaragoza atada a colas de caballos; arañada con garfios de hierro hasta descubrirle las entrañas, tanto que le sacaron un pedazo de hígado, guardado como reliquia; le cortaron el pecho izquierdo hasta descubrirle el corazón. Y aun, para mayor tormento, mandó Daciano que la dejaran desangrar, con el fin de prolongar el dolor, y así dice Prudencio que el dilatarle la muerte fue mayor pena que el dársela. Al fin le atravesaron la  frente con un clavo. Este martirio tuvo lugar en Zaragoza a 16 de abril del año 303.

   Se conservan sus reliquias en la iglesia de su advocación en la inmortal ciudad de la Virgen del Pilar. Con ella fueron martirizados Lupercio, Optato, Suceso, Marcial, Urbano, Julio, Quintiliano, Publio, Frontón, Félix, Ceciliano, Evencio, Primitivo, Apodemio y cuatro Saturninos, todos los cuales eran deudos o acompañantes suyos. 




“EL SANTO DE CADA DÍA”

                                                    POR EDELVIVES


S. ENGRACIA Y SUS DIECIOCHOS COMPAÑEROS, mártires. (+ 303) — 16 de abril.




La gloriosa virgen y fortísima mártir de Cristo santa Engracia era hija de un gran caballero y señor muy principal de Portugal, y habiendo concertado de casarla con un duque del Rosellón, o capitán de aquella frontera de Francia, la enviaba para celebrar las bodas muy bien acompañada de diez y ocho caballeros, parientes y familiares suyos, cuyos nombres eran Lupercio, Optato, Suceso, Marcial, Urbano, Julio, Quintiliano, Publio, Frontón, Félix, Ceciliano, Evencio, Primitivo, Apodemio, Maturio, Casiano, Fausto y Jenaro: y estos cuatro últimos tenían por sobrenombre Saturninos. 


   Se hallaba esta ilustre comitiva en Zaragoza, cuando Daciano como tigre fiero y cruel se relamía en la sangre de los cristianos de aquella ciudad principalísima y les afligía con los más horribles tormentos.

   Entonces armada de Dios, la virgen santa Engracia se presentó con sus diez y ocho compañeros cristianos, ante el tribunal del inicuo juez, y le reprendió severamente por haberse despojado de la razón de hombre y vestídose de la crueldad de fiera, vertiendo tanta sangre de hombres inocentes, que no tenían otra culpa sino adorar al solo Dios verdadero.

   Quedó Daciano pasmado, y pensativo sobre lo que había de hacer con aquella nobilísima y hermosísima doncella que así le hablaba; pero al fin pudo en él más su cruel naturaleza, que la humanidad, ni otro algún buen respeto; y mandó prender y azotar rigurosamente a la santa virgen y a aquellos diez y ocho caballeros; y para escarmiento de los demás cristianos de Zaragoza, hizo arrastrar a Engracia atada a la cola de un caballo por toda la ciudad. 


Le despedazaron después sus virginales carnes con uñas de hierro, le dislocaron los miembros, le cortaron el pecho izquierdo, y cuando todo su santo cuerpo estuvo hecho una llaga, la cubrieron con una larga vestidura, y la dejaron así para que con los dolores de sus heridas se prolongase su martirio y se dilatase la muerte.

   Y como ella perseverase en la confesión de Jesucristo, Daciano, irritado por aquella invencible constancia, mandó que le hincasen un clavo en la frente. 


   Todavía se muestra en la cabeza de la santa el agujero de aquel clavo, en cuyo tormento la fidelísima esposa del Señor acabó de recibir la corona del martirio.

   Finalmente a los diez y ocho caballeros mandó el procónsul degollar fuera de la ciudad, y en el mismo día recibieron con santa Engracia la palma de gloriosos mártires de Jesucristo.

   Se conservan con gran veneración las preciosas reliquias de la santa en la cripta del templo de su nombre, magníficamente restaurado en nuestros días en la capital de Aragón. En un depósito del mismo sepulcro están las de san Lupercio, y en otro sepulcro de mármol las de los otros santos compañeros cuyos huesos son de color de rosa y despiden fragante olor.

  
    Reflexión: Pues ¿quién no ve en el martirio de la gloriosa virgen Engracia y de los otros mártires, la omnipotencia y fortaleza de Dios, la desventura del hombre y la vana astucia y crueldad de Satanás? 

   El cual inflamó a Daciano para que atormentase con exquisitas penas a una tierna doncella, y procurase extinguir el culto del verdadero Dios; mas el demonio quedó burlado, Daciano confuso, la virgen triunfando, Dios glorificado, propagada su santa religión, y la ciudad de Zaragoza ilustrada con los trofeos de tantos y tan gloriosos mártires con los cuales están ennoblecida y amparada de los encuentros de sus enemigos.


   Oración: Vuelve, Señor, tus ojos benignos sobre la familia de tus fieles siervos, y concede, que amparada por la intercesión de la bienaventurada Engracia y sus compañeros mártires, sea defendida de toda culpa. Por Jesucristo, nuestro Señor. Amén.


FLOS SANCTORVM
DE LA FAMILIA CRISTIANA.