miércoles, 5 de junio de 2019

SAN BONIFACIO, apóstol y mártir de Alemania. (+ 755). — 5 de junio.




   El celosísimo apóstol de Alemania san Bonifacio nació en la provincia de los Sajones occidentales en el reino de Inglaterra.

   Procuró su padre inclinarles a las cosas del mundo con halagos y con amenazas, pero cayendo malo de una grave enfermedad, conoció que aquel era castigo del cielo por la violencia que hacía a su hijo; y llorando su culpa condescendió con él enviándole a un monasterio para que allí se dedicase a la virtud y a las letras.

   Ordenado de sacerdote, le querían los monjes por superior y abad, más encendido él de un ardiente deseo de predicar el Evangelio a los gentiles y sellar su predicación con su sangre, se fue a Roma donde el papa Gregorio II le dio un tesoro de reliquias y un breve muy favorable para que predicase a los infieles de cualquier parte del mundo.

   Pasó luego el varón apostólico a Alemania y evangelizó las provincias de Turingia, Frisia y Hasia que confina con la Sajonia, donde bautizó gran número de infieles, derribó los templos de los falsos dioses y edificó otros nuevos al verdadero Dios, el cual le favoreció con singulares prodigios.



    Arrancando un día un árbol de extraordinaria grandeza que llamaban el árbol de Júpiter, concurrió gran multitud de paganos para estorbarlo y matarle, pero viendo que en comenzando él a dar con la segur en el tronco, caía el árbol hecho pedazos en cuatro partes, se convirtieron y él edificó en aquel lugar un oratorio en honra del apóstol san Pedro.


   Pasaron de cien mil los infieles que convirtió; por lo cual el papa Gregorio III a la dignidad de obispo que ya tenía el santo, quiso añadirle la de arzobispo, mandándole que ordenase obispos donde fuesen menester.


   Presidió san Bonifacio un concilio en que se halló Carlomagno, donde se ordenaron muchas cosas muy útiles para el bien de la Iglesia; fue nombrado arzobispo de Maguncia, y en nombre del pontífice coronó por rey de Francia a Pipino.


   Habiendo tenido noticia de que los Frisones habían vuelto a su antigua superstición, se embarcó con tres presbíteros y tres diáconos y cuatro monjes, para reparar los daños que el demonio había hecho en aquella provincia; y estando un día el santo con sus compañeros cerca de un río aguardando que viniesen los gentiles bautizados para recibir la Confirmación, cayeron sobre ellos de repente armados los bárbaros paganos y mataron a aquellos apostólicos varones y a otros cincuenta y tres compañeros, todos los cuales alcanzaron con san Bonifacio la palma del martirio.




Reflexión: Es muy celebrado un dicho de san Bonifacio, el cual hablando de los sacerdotes y de los cálices antiguos y de los de su tiempo, dijo que los sacerdotes antiguos eran de oro y celebraban en cálices de madera, y los de su tiempo eran sacerdotes de madera y celebraban en cálices de oro.

   De este dicho se hace mención en el Decreto y en el concilio Triburense.

   No quiso decir el santo que no estuviese bien empleado el oro en el servicio de Dios, que bien merece nuestro Señor todo esto y mucho más: sino que deseaba que los sagrados ministros fuesen también puros y preciosos como el oro en el acatamiento divino.



   Roguemos pues al Señor por los sacerdotes, para que no permita que ninguno se haga indigno de su sagrado y angelical ministerio, sino que todos resplandezcan por su vida ejemplar, y sean, como dice Jesucristo, la luz del mundo y la sal de la tierra.


Oración: Oh Dios, que te dignaste llamar al conocimiento de tu nombre una
muchedumbre de pueblos por medio del celo de tu bienaventurado mártir y pontífice Bonifacio, concédenos propicio que experimentemos el patrocinio de aquel santo cuya solemnidad celebramos. Por Jesucristo, nuestro Señor. Amén.



FLOS SANCTORVM
DE LA FAMILIA CRISTIANA.

MARTIROLOGIO ROMANO. DÍA 5 DE JUNIO.




En Egipto, la fiesta de los santos mártires Marciano, Nicanor, Apolonio y otros que alcanzaron su glorioso martirio durante la persecución de Galerio Maximiano.

—En Perusa, los santos mártires Florencio, Ciríaco y Faustino, que fueron decapitados en la persecución de Decio.

—En Cesárea en Palestina, el martirio de las santas Zenaida, Cira, Valeria y María, que llegaron gozosas al martirio por medio de muchísimos tormentos.

—En Tiro, san Doroteo, presbítero, que padeció mucho en tiempo de Diocleciano, y llegado hasta los tiempos de Juliano, bajo este tirano honró con el martirio su avanzada edad de ciento y siete años.

—Dicho día, san Bonifacio, obispo de Maguncia, quien, habiendo ido de Inglaterra a Roma, y sido enviado a Alemania por Gregorio II, para predicar la fe de Jesucristo a aquellos pueblos, mereció ser llamado el apóstol de Germanos, por haber sometido a la fe cristiana innumerable muchedumbre, principalmente entre los Frisones, por último, degollado en Frisa por unos Gentiles furiosos, consumó su martirio con Eoban y algunos otros siervos de Dios.

—En Córdoba en España, el joven san Sancho, quien, aunque criado en la corte, no vaciló en padecer martirio por la fe de Jesucristo durante la persecución de los árabes.

—En Clermont en Auverña, el fallecimiento de san Aliro, obispo.

—En dicho lugar, san Genes, conde de Auverña.

—En Viena, san Austreberto, obispo.

—En San Savino de Lavedan en Bigorra, san EIsiario, monje.

—Cerca de Roma, camino de Ardea, santa Felicitas, san Saturnino y otros veinte y tres mártires.

—En Como, san Eutiques, obispo, cuyo cuerpo está enterrado debajo del altar mayor de San Georgio de Vic.

—En Ilese, san Félix, de Frisar, monje y mártir.

—En Paderborn, el beato Meinvere, obispo.    

Sacado de AÑO CRISTIANO POR EL P. J. CROISSET, de la Compañía de Jesús. Traducido del francés, por el P. J. F. DE ISLA, de la misma compañía. Año 1864.

martes, 4 de junio de 2019

SAN FRANCISCO CARÁCCIOLO, fundador. (+ 1608)— 4 de junio.



   El fervorísimo sacerdote, san Francisco Carácciolo, nació en el lugar llamado Santa María, de la diócesis de Trivento del reino de Nápoles, y fue hijo de nobilísimos y cristianísimos padres.


   Desde sus primeros años se mostró tan compasivo de los pobres, que cuando se sentaba a la mesa para comer, dejaba a un lado el plato que más le gustaba y le llevaba a los pobres.


   Siendo de mayor edad se inclinó a las armas, y aprendió los ejercicios militares propios de los caballeros de su tiempo; mas como se viese acometido de una maligna dolencia que le cubrió de pies a cabeza de una lepra asquerosísima, y redujo toda su hermosura y gentileza a un disforme esqueleto, ofreció a Dios que, si le restituía la primera salud, abrazaría el estado religioso.

   Mientras estaba haciendo esta resolución, se sintió inundado de una avenida tan copiosa de lágrimas, que, embargándole la voz, le dejó suspenso: y vuelto en si, como si despertara de un dulce sueño, se halló fuera de todo peligro, y en pocos días se vio bueno y sano.



  Aprendió las letras humanas y divina, y habiéndose ordenado de sacerdote, celebró su primera misa con asistencia de la nobleza más distinguida de Nápoles; y fue este acto de grande ternura y edificación.





   Juntándose después con don Agustín Adorno y don Fabricio, fundaron la nueva orden de clérigos, que el sumo pontífice Sixto II quiso se nombrase de Clérigos menores; y habiendo fallecido el padre Agustín Adorno, primer general, fue elegido nuestro Francisco que era cofundador: más a los seis años de su gobierno alcanzó con sus muchos ruegos dejar su oficio.




  Entonces se dio a una vida tan santa como admirable: porque escogió para su habitación un rincón debajo de la escalera de la casa, estrecho, oscuro y guarnecido de calaveras, que más parecía sepulcro de muertos, que habitación de vivos.

   Allí estaba recluso, todo el tiempo que le sobraba de los actos de comunidad, absorto en la contemplación de las cosas celestiales.


   Las noches pasaba en la iglesia velando en oración, donde le vieron varias veces en éxtasis con los brazos en cruz.

   Finalmente habiendo tenido revelación de su muerte, y sintiéndose abrasado de una grave calentura, preguntó al enfermero que le asistía: «¿En qué día estamos?» y respondió: «En martes 3 de junio, antevíspera del Corpus.» Dijo Francisco: «Pues según eso, mañana saldré de este mundo.»

   Y el día siguiente, recibidos con grande devoción los sacramentos, plácidamente expiró.

   Comenzó luego su cadáver a despedir una suavísima fragancia, y estuvo en el féretro tres días para satisfacer a la devoción del pueblo, después de los cuales determinaron embalsamarle para transportarle a Nápoles y le hallaron ceñidos con un áspero cilicio.



Reflexión: No es menester vivir como este santo en una celda pobrísima, obscura y llena de calaveras, pero es gran desatino pensar que hemos venido a este mundo para tener nuestro cielo en la tierra, y pasar la vida conforme a la ley de nuestros gustos y antojos.

   Hemos de morir: y si hemos de morir, no ha de caerse jamás de nuestra memoria el saludable recuerdo de la muerte.

   ¿Qué provecho ha sacado de todas las riquezas, honras y placeres de su vida, el que la termina con una mala muerte? ¿Y qué daño recibe de todos sus contratiempos, el que la acaba con santa muerte?




   En eso está todo el gran negocio de la vida mortal del hombre: en morir bien.





Oración: Oh Dios, que ilustraste al bienaventurado Francisco, fundador de nueva orden, con el amor de la oración y de la penitencia, concede a tus siervos, que, imitando su ejemplo, perseveren en la oración y domen la rebeldía de su cuerpo para merecer la gloria celestial. Por Jesucristo, nuestro Señor. Amén.


FLOS SANCTORVM
DE LA FAMILIA CRISTIANA.


MARTIROLOGIO ROMANO. DÍA 4 DE JUNIO.













—En Roma, los santos mártires Arecio y Daciano.

—En Bresce, san Clateo, obispo y mártir, en tiempo de Nerón.

—En Panonia, los santos mártires Rutilo y compañeros.

—En Verona, san Alejandro, obispo.

—En la baja Bretaña, santa Nenoca, virgen, fundadora de un monasterio.

—Cerca de Chamberí, san Concordio, venerado en aquel pueblo como obispo extranjero.


—En Espoleto, san Marcial, obispo.


—Dicho día, el martirio de san Espergencio y de otros muchos de ambos sexos.

—En Nion, los santos mártires Zotico, Atalo yEutiques.

—En Egipto, santa Bistámona. martirizada con otros cuatro.

—En dicha región, san Alvino, abad.




—En Sisseck en Iliria, san Quirino, obispo, que bajo el presidente Galerio, como refiere Prudencio, fue precipitado con una piedra de molino atada al cuello al rio: pero nadando la piedra como un corcho, después de haber exhortado largo tiempo a los cristianos que le rodeaban a no atemorizarse de su suplicio, y a no titubear en la fe, alcanzó de Dios con su oración que se sumergiese la piedra, a fin de conseguir la gloria del martirio.





—En Arras, santa Saturnina, virgen y mártir.






—En Tívoli, san Quirino, mártir.






—En Constantinopla, san Metrofanes, obispo y gran confesor.







—En Milevo de Numidia, san Optato, obispo, ilustre por su ciencia y santidad.





—En Anona en el Abruzo, el fallecimiento del santo presbítero Francisco Caracciolo, fundador de la orden de los Clérigos Reglares Menores, puesto en el número de los santos por Pio VII.




Sacado de AÑO CRISTIANO POR EL P. J. CROISSET, de la Compañía de Jesús. Traducido del francés, por el P. J. F. DE ISLA, de la misma compañía. Año 1864.







lunes, 3 de junio de 2019

SANTA CLOTILDE, reina de Francia. (+ 545). —3 de junio.




   Santa Clotilde, gloriosísima reina de Francia, fue hija de Chilperico, hermano menor de Gondebaldo, tirano rey de Borgoña que quitó la vida a él, a su mujer y a los demás hermanos suyos, por usurpar la corona.

   En esta lamentable tragedia solo fueron perdonadas dos hijas de Chilperico, de las cuales una fue nuestra santa Clotilde.

   Se crio en la corte de su tío y aunque se hallaba entre herejes arrianos le deparó el Señor quien la instruyese en las cosas de la verdadera fe.

   Por su extraordinaria hermosura, honestidad y discreción la pidió y la alcanzó por esposa Clodoveo, potentísimo rey de Francia.

Clodoveo, potentísimo rey de Francia.

Procuró ella a su vez ganar a su rey esposo para Jesucristo, persuadiéndole que dejase la vana idolatría, y aunque él prometía de hacerlo así, no lo acabó consigo hasta que una grande necesidad y aprieto ablandó y rindió su corazón: porque en una batalla que libró contra los alemanes, siendo él muy inferior en fuerzas, levantó el corazón al cielo y dijo: «El verdadero Dios de mi mujer Clotilde me valga»; y habiendo conseguido la victoria, no solamente se bautizó como había prometido, sino que también acabó de desterrar de su reino la idolatría y levantó en París la iglesia mayor san Pedro y san Pablo, llamada después Santa Genoveva y envió su real diadema, conocida hoy con el nombre de reino, al sumo pontífice Hormisdas, significándole por aquel presente que dedicaba su reino a Dios.

BAUTISMO DE CLODOVEO 


   Muerto el rey, se retiró su santa esposa a Tours donde pasó el resto de sus días en oraciones, vigilias, penitencias, y muchas obras de caridad y beneficencia propias de su magnífico y real ánimo.

   Predijo el día de su muerte un mes antes que sucediese y en su última enfermedad llamó a sus dos hijos Childeberto rey de París, y Clotario rey de Soissons, y los exhortó con santas palabras y maternal autoridad a mirar por la honra de Dios, a conservar entre sí la paz y concordia y hacer justicia y misericordia a los pobres.


   Recibió después con tiernísima devoción los sacramentos de la Iglesia, hizo pública profesión de fe y entregó su alma preciosa en las manos del Criador.
   Su cadáver fue sepultado con el de su marido el rey Clodoveo en la iglesia de santa Genoveva, e ilustró el Señor su sepulcro con muchos milagros.


Reflexión: Bárbaro y gentil era el rey Clodoveo; y por las oraciones y piadosas instancias de santa Clotilde dejó la vana idolatría y abrazó la fe de nuestro Señor Jesucristo.



   ¡Oh! ¡cuánto valen y pueden delante de Dios las súplicas y lágrimas de una esposa, para alcanzar la conversión de su marido!

   Entiéndanlo bien las señoras que tienen el marido apartado dela religión y de la fe; porque si no cesan de rogar por él y de exhortarle con oportunos avisos, alcanzarán del Señor su conversión.

   En esto han de manifestarle principalmente su amor; porque ¿qué cosa más para sentirse y llorarse, que verse eternamente separados el uno del otro, dos consortes, que mucho se amaban, por haberse salvado la mujer fiel y condenándose el marido infiel?

   Y ¿qué mayor ventura pueden desearse, si de veras se aman, que la de poderse unir eternamente con los más dulces e inquebrantables lazos del amor en la gloria del paraíso, donde la esposa gozará de la vista y compañía de su esposo glorioso y el esposo de la regalada presencia y conversación de su esposa glorificada, sin temor ninguno de que la muerte pueda separarlos jamás, ni de que tribulación alguna pueda menoscabar un punto su gozo y felicidad beatífica?


Oración: Óyenos, oh Dios autor de nuestra salud, para que los que nos alegramos en la festividad de la bienaventurada Clotilde, seamos enseñados en el afecto de la piadosa devoción. Por Jesucristo, nuestro Señor. Amén.


FLOS SANCTORVM
DE LA FAMILIA CRISTIANA.