miércoles, 17 de junio de 2020

NOVENA AL SAGRADO CORAZÓN DE JESÚS. DÍA 8.




Puesto de rodillas ante la imagen del Sagrado Corazón de Jesús, o delante del Santísimo Sacramento, harás la señal de la Cruz, y darás principio con el siguiente elogio.


   Bendito sea el Corazón dulcísimo de Jesús, alabado sea el corazón amabilísimo de Jesús, y mil veces exaltado y glorificado sea el corazón de Jesús nuestro Dios, nuestro Redentor, y nuestro amoroso Padre.



ACTO DÉ CONTRICION


Señor mío Jesucristo, Dios y hombre verdadero. Creador Padre y Redentor mío, en quien creo, en quien espero; a quien amo más que a mi vida, más que a mi alma y más que a todas las criaturas, me pesa Señor, una y mil veces me pesa entrañablemente me pesa de haberos ofendido solo por ser vos quien sois, por ser mí Padre amoroso por ser mí Jesús dulcísimo dignísimo de ser amado sobre todas las cosas. Propongo firmemente con vuestra divina gracia de no volver jamás a pecar, y reparar con la práctica de esta devoción mis tibiezas, mis frialdades, y todos los ultrajes que por ellas hubiere hecho a vuestro dulcísimo Corazón, y aun si me fuere posible, todos los que habéis recibido en el Augusto Sacramento de vuestro amor en el tiempo que habéis estado expuesto a la pública adoración en los templos y en las calles. Recibid, Jesús mío, este pequeño tributo de mi reconocimiento en unión con todos los que os rinden vuestros devotos en todo el orbe cristiano para mayor gloria de vuestro amabilísimo Corazón, y exaltación de vuestro dulcísimo nombre.



Soliloquio y oración para todos los días.


   A la escuela, alma mía, a la escuela le llama y convida con el Corazón abierto tu divino Maestro Cristo Jesús. Acepta este precioso convite; escucha su dulce voz, atiende bien a las perfecciones del modelo que te presenta, y no salgas de ella sin resolverte a poner por obra todas las lecciones que te da: más antes de entrar manifiéstale tu gratitud y buenos deseos por medio de la oración siguiente.


   Dulcísimo Jesús mío que no contento con haberos vestido del tosco sayal de nuestra frágil naturaleza para redimirnos y abrirnos las puertas del Cielo, quisisteis también ser nuestro guía y preceptor para enseñarnos el camino que debemos seguir para entrar en él; yo os doy gracias por este beneficio, deseo aprovecharme de él; y aunque indigno de ser del número de vuestros discípulos, os suplico humildemente os dignéis admitirme en esa escuela de amor; para que aprendiendo en ella las virtudes que practicó vuestro amante Corazón; os pueda ofrecer, como desde ahora os ofrezco el mío en reparación de los ultrajes que ha recibido de la humana ingratitud, y me haga digno de alcanzar la; gracia que os pido en esta Santa Novena. Recibidme divino Maestro, dentro de vuestro Corazón, y no permitáis salga de el sin estar penetrado de sus mismos sentimientos.



—Aquí hará cada uno la súplica particular y después se leerá el punto de meditación correspondiente a cada día.








 LECCIÓN PARA EL DÍA OCTAVO.



Hoy has de considerar a tú divino Maestro enseñándote con la práctica desde la Cátedra de la Cruz aquella celestial doctrina que dio a sus Discípulos y en ellos a todos los cristianos cuando les dijo: ya habéis oído que desde la antigüedad ha seguido el mundo esta máxima tenebrosa, amarás a tu prójimo, y aborrecerás a tu enemigo, pero yo os digo que améis a vuestros enemigos. Aviva pues tu fe, pasa en espíritu al Calvario, ponte a lado de su Santísima Madre, y lo verás en aquel afrentoso patíbulo atravesado con tres escarpias, coronado de espinas, transido de sed, insultado y escarnecido por sus enemigos; pero tan abrasado su corazón en las llamas de la caridad para con los mismos que le habían crucificado y escarnecían, que no pudiendo contenerse, pronunció aquellas palabras consoladoras: Padre, perdónales que no saben lo que hacen: que fue lo mismo que decir: bien veis Padre mío el estado en que me ha puesto el amor que tengo a los hombres, por todos estoy derramando mi sangre; y por todos quiero morir sin excluir de este beneficio al más miserable de ellos, aunque sean mis mayores enemigos; como lo son los que me han crucificado. Ea pues Padre mío, tened compasión de estos infelices, hacedles conocer el enorme crimen que están cometiendo para que lo detesten, se hagan dignos de perdón, y no se pierda en ellos el fruto de mi Pasión, porque si su ceguedad no les hubiera impedido el conocer quién soy, jamás me hubieran crucificado. Pater ignosce illis, quia nesciunt, quid faciunt. Aprende de aquí a sofocar en tu corazón los resentimientos que han concebido por los insultos y agravios personales que has recibido de tu prójimo; pidiendo al Señor a imitación de tu Divino Maestro le conceda auxilios poderosos para que conozca sus extravíos, perdonándoselos cuanto es de tu parte por su amor; y deseando reparar ahora mismo el olvido que has tenido de practicar esta doctrina evangélica, dile con todo tu corazón…



ORACIÓN.


   ¡Oh Corazón magnánimo y generoso de Jesús! ¿Qué agravios puedo yo haber recibido de mis prójimos; que puedan compararse con los que Vos recibisteis de vuestros enemigos, y con los que yo mismo he tenido el atrevimiento de haceros en el discurso de mi vida? Y con todo ¿es posible que viéndoos tan compasivo para con todos los que os agraviaron, sienta tanta repugnancia para compadecerme de mis perseguidores? ¡Oh Dios mío, Dios mío! ¡Cuánta ha sido la dureza y pesadez de mi corazón para no haberme dejado atraer de los grandes ejemplos del vuestro! Mas ya no ha de ser así Jesús mío. Yo quiero seguiros por el camino que me enseñáis perdonando por vuestro amor todos los agravios que se me han hecho o se me hicieren, no desviándome ni a la diestra ni a la siniestra de las reglas de la caridad que tenéis prescrita a vuestros Discípulos. Sostenedme Dios mío en estos Santos propósitos; dadme gracias poderosas para cumplirlos, para que conservando ilesa la caridad que es la principal divisa de los devotos de vuestro Corazón, os ame y posea por una eternidad. Amén.





—Después de La lección se rezará cinco veces el Padre nuestro y otras tantas el Gloria Patri, en reverencia de las virtudes significadas en los atributos con que el Divino Corazón se dejó ver a la Venerable Margarita de Alacoque.



Gozos AL SAGRADO CORAZÓN DE JESÚS.


Escuela de perfección
y de virtudes modelo
¡Oh Divino Corazón!
dad a los nuestros consuelo.
Por curar la inobediencia
causa del primer pecado
rendiste al padre humillado
la más perfecta obediencia:
para enseñarme esta ciencia
bajaste del alto Cielo.
¡Oh Divino Corazón!
A pesar de ser Señor
del mundo y de sus riquezas,
de la más alta pobreza
fuiste maestro y seguidor:
tu Celestial esplendor
cubriste con ese velo.
¡Oh Divino Corazón!
De una cándida Azucena,
Lirio Divino nacisteis,
y al Virgen Juan distinguiste
ya en la Cruz ya en la cena:
lo impuro te causo pena
la inmodestia desconsuelo,
¡Oh Divino Corazón!
Siendo el Mesías deseado
de todo el orbe, te veo
sentenciado como reo,
y del pueblo desechado:
al verle tan humillado
de luto se cubrió el Cielo.
¡Oh Divino Corazón!
¿Quién podrá la magnitud
de tu paciencia entender,
si fué un puro padecer
desde el pesebre a la Cruz?
ejercer esta virtud
fue siempre tu ansia y desvelo.
¡Oh Divino Corazón!
¡Qué dulce, qué enternecido
recibes al pecador,
si reconoce su error
y te busca arrepentido!
su culpa echas en olvido,
y lo levantas del suelo.
¡Oh Divino Corazón!
En el templo te indignaste
al ver a ciertos profanos
y aun con tus benditas manos
de aquel lugar los echaste
con esto nos enseñaste
cuál debe ser nuestro celo
¡Oh Divino Corazón!
Por todos los pecadores
hiciste al Padre oración,
porque con esta lección
imitemos tus fervores;
tan amorosos ardores
deshagan el duro yelo.
¡Oh Divino Corazón!
Las llamas que te rodean;
y en que te estás abrasando
nos están manifestando
que entre caridad campeas;
las espinas son preseas,
y la Cruz todo tu, anhelo,
¡Oh Divino Corazón!
Escuela de perfección
y de virtudes modelo
¡Oh Divino Corazón!
dad a los nuestros consuelo.


Oración.

—Obrad con vuestro siervo según vuestra misericordia.

—Y enseñadme vuestras justificaciones.


Haced; o Señor Jesus, que nos vistamos con las virtudes de vuestro Santísimo Corazón, y seamos inflamados con sus afectos, para que, conformándonos con la imagen de vuestra bondad, merezcamos participar del fruto de vuestra Redención. Amén.



Compuesta por el Padre Fr. Casimiro

Díaz Acebedo—1844.


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