miércoles, 4 de marzo de 2026

SAN CASIMIRO, príncipe. (+ 1484.). — 4 de marzo.

 


   Fué el purísimo joven san Casimiro hijo del rey Casimiro de Polonia y de Isabel de Austria, hija del emperador Alberto.

   Se crio muy temeroso de Dios y devoto, y no gustando de ricos vestidos ni de los regalos de palacio, dormía en la tierra desnuda y afligía su inocente cuerpo por imitar a nuestro Redentor Jesús en sus dolores.



   Muchas veces estaba en larga oración enajenado de los sentidos del cuerpo y con el alma unida a Dios.




   De noche se levantaba a escondidas y con los pies descalzos se iba a orar a alguna iglesia, postrándose a los umbrales de ella, los cuales regaba con muchas lágrimas, perseverando de este modo toda la noche, hasta que le encontraban así por la mañana.

   Era notablemente devoto de la Virgen María y tiernísimo hijo suyo, y la saludaba cada día de rodillas con unos versos latinos que él mismo había compuesto con grande artificio y elegancia.


   Fué modestísimo en el hablar, y jamás permitió hablar delante de sí cosa que pudiera desdorar a tercero.

   Tenía gran celo de la fe y aumento de la santa iglesia, y para esto hizo que el rey mandase por un riguroso decreto, que ninguna iglesia de los que no eran católicos y obedientes al Pontífice romano, se edificase de nuevo, ni reparasen las suyas los herejes, los cuales en su tiempo anduvieron muy oprimidos, y en gran disminución, no atreviéndose ninguno a levantar cabeza.

   Coronaba estas y otras virtudes, con la caridad, que es reina de todas ellas.

   Daba a los pobres grandes limosnas, consolaba a los afligidos, era el amparo de las viudas, padre de los huérfanos, y él mismo andaba a buscar a los necesitados, y se informaba de los más desvalidos para ayudar a todos; y así era muy querido en el reino, y aunque tenía otro hermano mayor, le quisieron señalar por rey, mas no se pudo contar con él, por más que su padre deseó fuese elegido.



   Porque queriéndole casar el rey, así por la sucesión que esperaba como porque corría evidente peligro de la vida a juicio de los médicos, el santo y angelical mancebo quiso antes perder la vida que violar la flor de su virginidad, diciendo que no conocía la vida eterna quien con algún menoscabo de ella quiere alargar la vida temporal.



   Finalmente, habiendo tenido revelación del día de su muerte, a la edad de veinticuatro años y cinco meses, entregó su purísimo espíritu al Señor y fué recibido entre los coros de los ángeles.



   Fueron innumerables los milagros que hizo Nuestro Señor para honrarle y publicar cada día más su santidad.




   Reflexión: No son tan raros como podrías imaginar, los ilustres ejemplos de grandes virtudes donde no parece que puedan brotar sino malas raíces de vicios y pecados.

   No sólo hay santos en los monasterios, mas también en los palacios, en los cuarteles, y hasta en las cárceles y presidios.



   Y se derrama a veces con tanta abundancia la gracia celestial sobre toda condición de personas, que es para alabar a Dios, el cual quiere ser magnificado y servido en todos los estados y condiciones de la vida humana, de manera que nadie pueda excusarse con razón, diciendo que, en su condición y oficio, no puede santificarse y servir al Señor de todos.

   Por esta causa no debes excusar con algún pretexto tu indolencia y tibieza en el servicio divino, sino acusarte de ella con humildad y propósito de enmendarte.




   Oración: Señor Dios nuestro, que, entre las delicias de la corte y los peligros del mundo, esforzaste al bienaventurado Casimiro con la virtud de la constancia, te rogamos que por su intercesión desprecien tus fieles siervos todo lo terrenal y aspiren siempre a las cosas celestiales. Por Jesucristo, nuestro Señor. Amén.



FLOS SANCTORVM
DE LA FAMILIA CRISTIANA.

MARTIROLOGIO ROMANO: DÍA 4 DE MARZO.

 



 

—En Vilna en Lituania, san Casimiro hijo del rey Casimiro, al cual canonizó el papa León X. San Casimiro, rey de Polonia, vivió en castidad y murió por conservar esta virtud. La meditación de los sufrimientos de Jesucristo, los cilicios, el ayuno y las otras austeridades, tales fueron los medios de que se valió para conservar una pureza angélica. Lleno de celo por la propagación de la fe, persuadió a su padre a dictar una ley que prohibió a los rutenos cismáticos la construcción de nuevos templos y la reparación de los que quedaban en ruinas. Su caridad para con los pobres era inagotable. Anunció el día de su muerte, y dio su alma a Dios, a la edad de 23 años, en el año 1484.





—En Roma, en la vía Apia, el tránsito de san Lucio, papa y mártir, el cual primeramente en la persecución de Valeriano fué desterrado por defender la fe católica; después por disposición de la divina Providencia le permitieron volver a su iglesia, y habiendo trabajado mucho contra la herejía de los novacianos, siendo degollado alcanzó la corona del martirio: de este santo hace grandes alabanzas san Cipriano. 





—En Roma, también en la vía Apia, novecientos santos mártires, en los años 290, y reinando Valeriano y Galieno fueron martirizados dichos santos en Roma en la via Apia; quedando sus cuerpos sepultados en el cementerio de santa Cecilia.


—En el mismo dia, san Cayo, palatino, que fué sumergido en el mar; y otros veinte y siete. Por los años de 870 aparecieron en Escocia una multitud de daneses, que con una ferocidad inaudita devastaban cuanto se hallaba a su paso, atropellando todas las leyes divinas y humanas, cometiendo robos, asesinatos, y toda clase de tropelías. Algunos varones, llenos del espíritu de Dios, se opusieron á tanta devastación en nombre de la religión y de la humanidad, y casi todos los que contradijeron sus excesos, fueron víctimas de su brutalidad. San Cayo fué arrojado al mar en dicho año 870, con otros veinte y siete compañeros suyos, por haberles pedido en nombre de Jesucristo, respetasen la vida de unos niños que iban a sacrificar vivos a sus divinidades, y consiguió de esta manera la corona del martirio.


—El martirio de los santos Arquelao, Cirilo, y Focio. Se sabe que murieron en los primeros siglos del cristianismo, pero se ignora el lugar de sus nacimientos, el de su muerte, y el año en que padecieron.





—En Nicomedia san Adrián mártircon otros veinte y tres compañeros, todos los cuales consumaron el martirio habiéndoseles roto las piernas, en tiempo del emperador Diocleciano. La principal festividad de san Adrián se celebra el dia 8 de setiembre, en cuyo dia fué trasladado su cuerpo a Roma. 





—En el Quersoneso, el martirio de los santos obispos Basilio, Eugenio, Agatodoro, Elpidio, Euterio, Capitón, Efren, Néstor y Arcadio. Sufrieron el martirio en el Quersoneso a principios del siglo IV. Bolandos, citando a Dextro, dice que estos santos eran españoles y obispos de distintas ciudades de España, y que hallándose reunidos en un mismo lugar para tratar de asuntos de la Iglesia, fueron presos por orden del prefecto, y martirizados durante el reinado del emperador Nerón.





—Y en otras partes se hace la fiesta y la conmemoración de otros muchos santos Mártires, Confesores y santas Vírgenes.




   Alabado y glorificado sea Dios eternamente.





AÑO CRISTIANO
POR EL P. J. CROISSET, de la Compañía de Jesús. (1864).
Traducido del francés. Por el P. J. F. de ISLA, de la misma Compañía.
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lunes, 2 de marzo de 2026

MARTIROLOGIO ROMANO: DÍA 2 DE MARZO.

 






—En Roma, en la vía Latina, los santos Jovino y Basileo, que sufrieron martirio en tiempo de los emperadores Valeriano y Galiano. Fueron martirizados en Roma en la via Latina, siendo emperadores Valeriano y Galieno, por los años 238. Sus cuerpos fueron enterrados en el cementerio de Tertuliano, y trasladados después por el papa san Esteban a la Basílica de los santos apóstoles, y posteriormente a la iglesia de San Lorenzo.





—En Roma, la conmemoración de 
muchos santos mártires, los cuales, siendo emperador Alejandro, y prefecto Ulpiano, después de muchos tormentos, fueron por último condenados a perder la cabeza.


—En Porto, los santos mártires Paulo, Heraclio, Secundila y Genara. Padecieron martirio en el Puerto romano, se ignora cuándo, y sus reliquias se conservan en la iglesia del convento de trinitarios descalzos de la ciudad de Zaragoza.


—En Cesaréa de Capadocia, los santos Lucio, obispo, Absalon y Lorgio, mártiresEstando estos tres santos, con otros muchos compañeros suyos, en Cesárea de Capadocia, ocupados en ejercicios de piedad, y en propagar por aquellas regiones la luz del Evangelio, se levantó la persecución de Diocleciano, y en ella fueron envueltos, siendo presos, atormentados y condenados a la última pena, por no querer abjurar la religión que profesaban.


—En Campania, la conmemoración de ochenta mártires, a quienes los Lombardos dieron cruel muerte, porque rehusaron adorar una cabeza de cabra, y comer la carne ofrecida a los ídolos.






—En Roma, san Simplicio, papa y confesor. Gobernó la Iglesia universal después del papa san Hilario, y fué natural de Tívoli. Su sabiduría era tan grande y tan extraordinaria su piedad, que era reputado como otro de los hombres más eminentes de su tiempo. Las herejías infestaban el hermoso campo de la Iglesia en el occidente, cuando este santo gobernaba la Iglesia; pero su celo y sabiduría no solo atajaron los errores, sino que también animaron a los demás a que los combatieran. Sacó de las sillas de Alejandría y Antioquía a Pedro el Monge y a Pedro el Batanero, colocando en su lugar a dos obispos católicos. Su perspicacia y talento descubrieron los artificios de que se valía Acacio de Constantinopla para engañarle; así es que procuró evitar el cisma que después dividió a las dos Iglesias de Oriente y Occidente hasta el papa Hormisdas. Después de muchos trabajos murió santamente este prelado el día 27 de febrero del año 483.





—En Inglaterra, san Ceadio, obispo de los Mercios, cuyas esclarecidas virtudes elogió el venerable Beda.





—Y en otras partes se hace la fiesta y la conmemoración de otros muchos santos Mártires, Confesores y santas Vírgenes.




   Alabado y glorificado sea Dios eternamente.





AÑO CRISTIANO
POR EL P. J. CROISSET, de la Compañía de Jesús. (1864).
Traducido del francés. Por el P. J. F. de ISLA, de la misma Compañía.

miércoles, 25 de febrero de 2026

SAN TARASIO, obispo de Constantinopla. 25 de febrero.

 



   Nació el santísimo obispo Tarasio en la ciudad de Constantinopla de padres tan ilustres por su nobleza como por su religión y piedad.

   Criaron al niño con gran cuidado y entre otros buenos consejos que le daba la madre, no cesaba de avisarle que huyese de toda mala compañía.

   Por esta causa cuando, terminados sus estudios, resplandeció a los ojos de todos por sus virtudes y talentos, y se vio ensalzado hasta la dignidad de cónsul y de primer consejero del reino, en el imperio de Constantino y de la emperatriz Irene su madre, no se desvaneció con el falso brillo de la gloria del mundo, ni los atractivos de la corte menoscabaron un punto la entereza de su inocencia y de sus laudables costumbres: y así por una maravillosa disposición del cielo, a la cual no pudo resistirse el santo, pasó del palacio del emperador a la cátedra patriarcal de Constantinopla, siendo consagrado obispo el día de la Natividad del Señor, para nacer de nuevo y comenzar desde aquel día una nueva vida.



   Sacó de su palacio todas las alhajas y muebles preciosos; se acostaba el último y se levantaba el primero, y se mostraba padre de todos, siendo los pobres sus hijos más amados y favorecidos.

   Pero a los herejes siempre los aborreció y persiguió como a enemigos de Dios y de la verdad divina, y empleó todas sus fuerzas para domar la sacrílega osadía de los inococlastas que destruían con supersticioso furor las santas imágenes.

   A instancias del santo se congregó el séptimo concilio general, al cual asistió, ocupando en él el primer lugar después de los legados del Papa, y cuando el emperador Constantino V repudió a la emperatriz María, su mujer, para casarse secretamente con su concubina Teodora, el santo patriarca condenó aquel abominable matrimonio, e hizo todo lo que pudo para deshacer aquel escándalo.



   Finalmente, después de haber llevado con admirable fortaleza las increíbles persecuciones que padeció por querer remediar tan grande mal, descansó en la paz del Señor y fue a recibir del Rey del cielo la recompensa de sus virtudes que le negaron los príncipes de la tierra.

   El adúltero monarca, cuya liviandad había causado al santo tan amarga aflicción, y a todos sus pueblos tan grande escándalo, acabó su torpe vida con muerte desastrada en que se echó de ver la poderosa mano del Señor que justamente le hería y tomaba venganza de aquella iniquidad.




ReflexiónEl que imagina que en esta vida ha de ser recompensada la virtud y castigada la maldad como merece, yerra torpemente.

   Porque fuera de algunos casos en que nuestro Señor hace resplandecer en este mundo su justicia soberana, ni los buenos ni los malos llevan acá su merecido.

   Si cuando pecamos sintiésemos al punto el azote de Dios, y cuando obramos el bien tuviésemos luego a los ojos el premio, le sirviéramos como esclavos, como niños y como bestias, sólo por el temor del azote y por la golosina de la recompensa.



   No quiere eso nuestro Señor: quiere que le sirvamos con toda libertad, que le amemos como hijos, aun sin temor del castigo ni esperanza del premio: y suficiente conocimiento ha dado a los hombres para comprender que no faltará después la recompensa o castigo, conforme a sus obras y conforme a la ley de la soberana justicia de Dios.



Oración¡Oh Dios omnipotente! concédenos que la venerable solemnidad de tu bienaventurado confesor y pontífice Tarasio, acreciente en nosotros el espíritu de la devoción y la gracia de nuestra eterna salud. Por Jesucristo nuestro Señor. Amén.



FLOS SANCTORUM
DE LA FAMILIA CRISTIANA.


MARTIROLOGIO ROMANO: DÍA 25 DE FEBRERO.

 




—En Egipto, la fiesta de los santos Victorino, Víctor, Nicéforo, Claudiano, Dióscoro, Serapion y Papías, martirizados en tiempo del emperador Numeriano. Los dos primeros, habiendo sufrido con fortaleza en defensa de la fe tormentos crueles y extraordinarios, fueron decapitados; Nicéforo, después de padecer el fuego y las parrillas ardiendo, fué cortado en pedazos; Claudiano y Dióscoro fueron quemados, Serapion y Papías, decapitados.
 



—En África, los santos Donato, Justo, Irene o Irena y compañeros, mártires.





—En Roma, la fiesta del santo papa Félix III. Este santo pontífice, tercero de este nombre, natural de Roma, y bisabuelo de san Gregorio el Grande, fué elegido después de san Simplicio, en el año 483. Empezó su pontificado por rechazar el edicto de unión publicado por el emperador Zenón, y excomulgó a todos los que lo recibían. Pronunció sentencias de anatema y deposición contra Acacio de Constantinopla, por no querer obedecer a las órdenes que le había dado de no comunicar con Pedro Monje, hereje ya excomulgado. Este papa congregó un concilio en Roma en el año 487, para tratar de la reconciliación de los que se habían dejado rebautizar en África, durante la persecución. Fué muy respetado de Atalarico, rey de los godos, por su virtud y su celo pastoral, y obtuvo de este mismo rey, aunque arriano, algunas gracias y muchos actos de justicia. Por fin, después de una vida santa, murió también santamente en el mes de febrero del año 492.




—En Constantinopla, san Taracio, obispo, célebre por su erudición y piedad. Tenemos la carta que le escribió el papa Adriano en defensa de las santas imágenes. Era lego y secretario del palacio imperial, cuando fué elegido contra su voluntad, por haberle designado para sucederle su antesucesor antes de morir. Fué consagrado el día de Navidad del año 784, y en 785 envió sus cartas sinódicas al papa Adriano, que le recibió a la comunión. En 787 asistió al séptimo concilio general, congregado a sus instancias, y después de los legados del papa, ocupó él el primer lugar. En el año 795 se opuso al emperador Constantino V, que quería repudiar a María su esposa, para casarse con su concubina Teodora, y habiéndose celebrado secretamente estas bodas, el patriarca al principio disimuló; pero al fin habló contra ellas, y su conducta le acarreó terribles persecuciones, que sobrellevó con admirable fortaleza. Murió Taracio santamente el día 25 de febrero del año 806.




—En Nazianzo, san Cesario, hermano de san Gregorio el Teólogo, a quien el mismo san Gregorio afirma haber visto entre los coros de los bienaventurados. El deseo de saber condujo a este santo a Alejandría, y entre las ciencias le llamaron principalmente su atención la oratoria, la filosofía y la medicina, distinguiéndose tanto en esta última que fué considerado el primer hombre de su siglo. En la ciudad de Constantinopla fué donde se perfeccionó en dicha facultad, pero no quiso establecerse en la mencionada ciudad, por más que se lo rogara el emperador y el pueblo todo. Después de algún tiempo Cesario fué llamado a Constantinopla por Juliano el Apóstata, quien no sólo le nombró su primer médico, sino que a más le honró sobremanera, y no quiso fuese comprendido en los varios edictos que había publicado contra los cristianos. El emperador, a fin de atraerle a sí, y obligarle a seguir sus ideas gentílicas, se valió de todos los artificios; mas Cesario resistió siempre a sus insinuaciones, hasta que, a instancia de sus padres y hermano, que lo era san Gregorio Nacianceno, renunció sus plazas en la corte, prefiriendo a ella el retiro y la soledad. A más de las honrosas distinciones de que le colmó Joviano, Valente le hizo tesorero de su patrimonio privado y también de Bitinia. En este punto ocurrió un gran terremoto, en el año 368, y salvado milagrosamente de él, le movió esto a despreciar enteramente los bienes del mundo, y muriendo poco después, el año siguiente, legó todas sus riquezas a los pobres que amaba extraordinariamente. Así los griegos como los romanos celebraban la memoria de este santo, aunque en distintos días.




— San vertano, Nació en Francia de padres pobres, pero cristianos, que lo educaron en la virtud y en las letras. Los padres se oponían a su conversión. A la edad de quince años tuvo una visión del cielo y tomó el hábito en la religión de carmelitas descalzos, en la cual fué modelo de humildad, verdadera pobreza y fervorosa caridad con el prójimo, muriendo en medio de los apestados en Luca, en el siglo XVI.





—Y en otras partes se hace la fiesta y la conmemoración de otros muchos santos Mártires, Confesores y santas Vírgenes.



   Alabado y glorificado sea Dios eternamente.





AÑO CRISTIANO
POR EL P. J. CROISSET, de la Compañía de Jesús. (1864).
Traducido del francés. Por el P. J. F. de ISLA, de la misma Compañía.