martes, 25 de agosto de 2026

San Luis, rey de Francia. (+ 1270) — 25 de agosto.

 


   San Luis, rey de Francia, nono de este nombre, espejo de reyes y ornamento de su nación, fué hijo de Luis VIII, rey asimismo de Francia, y de doña Blanca, hija de Alonso VIII, rey de Castilla, y héroe de las Navas de Tolosa. 


   Quedó san Luis huérfano de padre a la edad de doce años, y debajo de la tutela de su madre, la cual solía decirle: «Hijo mío, antes querría verte muerto delante de mis ojos, que con algún pecado mortal.»




   Las, cuales palabras de tal manera se le asentaron en el corazón al hijo, que jamás cometió culpa grave.

   Y a los cuatro hijos que tuvo se las repetía como la mejor bendición.




   Traía a raíz, de las carnes un áspero cilicio; los sábados lavaba los pies a algunos pobres, y los días de fiesta daba por sus manos de comer a más de doscientos.

   Edificó en su palacio real de París una capilla muy suntuosa, donde solía orar con gran fervor, en la cual puso el hierro de la lanza que abrió el costado de Cristo con otras reliquias muy preciosas.




   Era tan grande su fe al santísimo Sacramento, que habiendo aparecido en París un niño hermosísimo en la Hostia, diciendo un sacerdote misa, y concurriendo el pueblo a verle, el santo rey no quiso ir, diciendo que no tenía necesidad de aquel milagro para creer que Cristo estaba en la Hostia consagrada.




   Hizo ley que a los blasfemos y perjuros los herrasen y cauterizasen como a esclavos; y castigando con rigor a los herejes, desarraigó la herejía de todo su reino.

   No fué menos celoso de la justicia; y por su persona trataba las causas de los pobres dos veces cada semana debajo de la célebre encina de Vicennes.




   Pidió la cruz, que en aquel tiempo se predicaba para la conquista de la Tierra Santa: se la puso en el vestido, y habiendo juntado un numeroso y lucido ejército, se embarcó con toda su gente después de haber hecho procesiones y rogativas para que Dios favoreciese sus píos intentos y diese buen suceso a aquella jornada.




   Más aunque ganó en Egipto el ejército cristiano la ciudad de Damieta, y peleó dos veces con los moros con gran matanza de aquellos bárbaros, en castigo de la ambición de algunos capitanes y de las estragadas costumbres de los soldados, no alcanzó la victoria en aquella guerra ni en la otra cruzada que llegando a Túnez fué contagiada de una maligna pestilencia que asolaba aquella región, de la cual fué herido el santo Rey, a quien el Señor en lugar de la Jerusalén de la tierra, dio la Jerusalén celestial y la eterna recompensa de sus heroicas virtudes.
  



   Reflexión: Estando san Luis para morir, escribió para su hijo el rey Felipe entre otros documentos los que siguen:




   «Hijo mío, le dijo; ante todas cosas te encomiendo qué ames a Dios mucho, porque el que no le ama no puede ser salvo. No des lugar a pecado mortal, aunque por no cometerlo padezcas cualquier género de tormento. Confiesa a menudo tus pecados, y busca confesor sabio para que te sepa enseñar lo que has de seguir y lo que has de huir, y trata con él de manera que tenga osadía para reprehenderte y darte a entender la gravedad de tus culpas. Mira con mucho cuidado a quien das la vara de la justicia; y escoge para jueces los mejores hombres de tu reino.»

   No es maravilla, pues, que san Luis fuese bendecido y aclamado de todo su reino no sólo como santo rey, más también como padre de todos sus vasallos.


   Oración: Oh Dios, que trasladaste a tu confesor el bienaventurado Luis desde el reino de la tierra a la gloria del cielo; concédenos que por su intercesión y por sus méritos, seamos recibidos en el reino del Rey de los reyes Jesucristo, tu único Hijo, nuestro Señor. Amén.


FLOS SANCTORVM
DE LA FAMILIA CRISTIANA.

domingo, 23 de agosto de 2026

SAN FELIPE BENICIO, confesor. (+ 1285) — 23 de agosto.

 

   El humildísimo y gloriosísimo siervo de María, san Felipe Benicio, nació de ilustres padres en la ciudad de Florencia, el día de la Asunción de nuestra Señora, y día en que nació en la misma ciudad la esclarecida Religión de los siervos de María, como quien venía al mundo para gran siervo de esta soberana Virgen y para ilustre y ornamento grande de la Orden de sus siervos. 

   Habiendo aprendido las primeras letras fue enviado de sus padres a la universidad de París, donde cursó nueve años, y se graduó de filosofía y medicina, siguiendo en esta facultad a Diego, su padre.

   Vuelto a su casa, frecuentaba la iglesia de los padres servitas, llamada la Anunciata.




   Se le apareció una noche la Virgen y le dijo: «Felipe: ve por la mañana a mis siervos, y sabrás lo que has de hacer para ser fiel siervo mío.» 




   Se postró Felipe delante del prior, y con humildad y lágrimas le pidió el hábito de los Siervos de María; y ocultando lo que había estudiado, quiso ser religioso lego.

   Pero Dios le descubrió más tarde al mundo, y avisado su General por dos religiosos dominicos, del tesoro de sabiduría del santo lego, le hizo ordenar de sacerdote, y después el capítulo general le eligió por prior de toda la Orden; y aun algunos años después por muerte de Clemente IV, deseaban los cardenales que fuese puesto en la silla de san Pedro.

   Pero el humildísimo siervo de María, dijo con espíritu profético al cardenal Otobono, que le instaba a aceptar la dignidad de sumo pastor de la Iglesia: «Yo no seré pontífice, y vuestra eminencia sí; aunque gobernará pocos días la Iglesia».

   Y así sucedió; porque Otobono que en su asunción se llamó Adriano V, no vivió cuarenta días en el pontificado; y el santo estuvo escondido en las asperezas del monte Juniato por espacio de tres meses hasta que fué elegido sumo pontífice Gregorio X. 




   Le envió este papa a Pistoya a sosegar los célebres bandos, de los güelfos y gibelinos, y no solo los sosegó, sino ganó para su religión al capitán de la facción gibelina; y Nicolao III le mandó a Alemania para que con su predicación desterrase las herejías y pacificase las guerras civiles que tenían muy afligido el imperio. 

   Era tal la eficacia de su predicación, confirmada a veces con asombrosos milagros, que ganaba todos los corazones de los que le oían: con que convirtió casi innumerables herejes a la fe, y pecadores a penitencia, y trajo a su religión más de diez mil personas, fuera de los Terceros, que fueron en excesivo número. 

   Llegándose a la ciudad de Todi, en la Toscana, montado en un jumentillo, le salieron a recibir al camino con ramos de oliva y aclamaciones, diciendo a voces: Bendito el que viene en el nombre del Señor, y entonces profetizando él su próxima muerte, dijo: Haec requies mea in saeculum saeculi. Este es mi descanso para siempre jamás.




   Aquí será mi descanso por los siglos de los siglos; y en efecto, pocos días después, falleció a la edad de cincuenta y dos años, llenándose todo el convento de suavísima fragancia, y despidiendo su rostro grande claridad en las tinieblas de la noche.





   Reflexión: Negando una mujer incrédula los milagros de san Felipe, por justo castigo de Dios quedó de repente muda.
   Reconociendo que aquel era castigo de Dios, pidió perdón al santo y luego cobró el uso de la lengua que empleó después toda la vida en sus alabanzas. 

   Sirva este caso de ejemplo para saber con qué reverencia debemos hablar siempre de los santos.

   ¡Cuánto más vale imitar sus virtudes, que medirlas con nuestra cortedad y tibieza!


   Oración: Oh Dios, que por medio de tu confesor el bienaventurado Felipe, nos diste tan insigne ejemplo de humildad; concede a tus siervos la gracia de menospreciar las honras de la tierra, y buscar solamente las del cielo. Por Jesucristo, nuestro Señor. Amén.



FLOS SANCTORVM
DE LA FAMILIA CRISTIANA.


viernes, 21 de agosto de 2026

SANTA JUANA FRANCISCA de CHANTAL, fundadora. (+ 1641). — 21 de agosto.

 


   La santísima fundadora de las religiosas de la Visitación, Juana Francisca Fremiot de Chantal, nació en la ciudad de Dijón, cabeza del ducado de Borgoña en el reino de Francia.

   Era a la sazón el padre de Juana Francisca, presidente del Parlamento de Borgoña, y como un caballero que profesaba la secta infernal de Calvino, le visitase y acariciase a la santa niña y le diese algunos regalillos, ella los arrojó luego al fuego, diciendo: «Ved cómo arderán en el infierno los herejes que no vuelvan a la verdadera fe católica»: y a una criada entrada ya en años, que procuraba apartarla de las cosas de Dios y aficionarla a las del mundo, reprendió ásperamente, diciéndole que no quería que de allí adelante la sirviese en cosa alguna.




   Siendo ya de edad competente, la casó su padre con el barón de Chantal, con quien vivió como perfecta casada.

   Jamás recibía visitas de caballeros, en ausencia de su marido; y cuando podía ahorrar de atavíos y regalos superfluos, lo daba por su mano a los pobres.

   Llevó con perfecta resignación, ocho años después, la muerte de su marido, herido involuntariamente por un compañero con quien había salido a cazar, y los malos tratamientos que por espacio de siete años recibió en la casa de su suegro, de una antigua criada que hacía burla de su piedad y la trataba como a esclava, y las tentaciones gravísimas que permitió el Señor que la purificasen como el oro en el crisol, de las cuales escribió la sierva de Dios que la afligían tanto, que cualquiera hora del día trocara de buena gana por la hora de la muerte.



   Hizo voto de perpetua castidad; y al pedirla por esposa cierto caballero rico y noble, con una lámina candente se grabó ella en el pecho el nombre de Jesús, al cual escogió por perpetuo y divino Esposo.





   Fundó después la Congregación de la Visitación de María por consejo de su director espiritual san Francisco de Sales, el cual la mudó más tarde en Religión con clausura y votos solemnes, y dio a las religiosas la Regla de san Agustín y otras constituciones llenas de celestial sabiduría, asestando como cimientos de su nuevo instituto la caridad y humildad, y el amor de Dios, como el alma de toda su vida religiosa.





   Y prendió tanto fuego este amor divino en el corazón de la santa fundadora, que se obligó con voto a obrar siempre lo que entendiese ser más perfecto y agradable al Señor; y Dios en retorno ilustró a su sierva con esclarecidos dones de profecía, de discreción de espíritus y de milagros, y con la veneración de los príncipes, de los reyes, de los obispos y de los santos.




   Finalmente habiendo renunciado la santa el cargo de superiora y rehusado siempre el nombre de fundadora, a la edad de sesenta y ocho años, enfermó de muerte, y pronunciando tres veces el adorable nombre de Jesús, entregó su alma a su divino Esposo.





Reflexión: ¿Quién no admira en la vida de santa Juana Francisca, un vivo retrato de la mujer fuerte?

   Y a la vista de semejante ejemplo de fortaleza, ¿quién no atropellará por dificultades mucho menores que se le atraviesan en el camino de la virtud? ¿Por ventura ha de ser recibido en triunfo el soldado que arrojó las armas y huyó de los enemigos? ¿O ha de entrar por la puerta triunfal del cielo el cristiano que arrojó la Cruz de Cristo y se entregó a los enemigos de su alma?






Oración: Oh Dios omnipotente y misericordioso, que diste un admirable espíritu de fortaleza a la bienaventurada Juana Francisca, y que por medio de ella quisiste ilustrar tu Iglesia con una nueva familia, concédenos tu gracia para vencer las dificultades que se nos atraviesen en tu servicio. Por Jesucristo, nuestro Señor. Amén.


FLOS SANCTORVM
DE LA FAMILIA CRISTIANA.

jueves, 20 de agosto de 2026

SAN BERNARDO Doctor de la Iglesia (1091-1153). — 20 de agosto.

 


Ramo espiritual: «Como tú, Padre, estás en mí, y yo en ti, para que ellos sean uno en nosotros». (Juan 17:21)

 

San Bernardo, el niño prodigio de su siglo, nació en el Castillo de Fontaine, cerca de Dijon, en el seno de una familia distinguida por su nobleza y piedad, y fue consagrado al Señor desde su nacimiento por su madre, quien tuvo una premonición de su futura santidad en un sueño. Una noche de Navidad, Bernardo, aún muy joven, asistía a la Misa de Navidad; se quedó dormido y, mientras dormía, vio claramente ante sus ojos la inefable escena de Belén y contempló a Jesús en los brazos de María.

 


A los diecinueve años, a pesar de las súplicas de su familia, obedeció el llamado de Dios a la Orden Cisterciense; pero no entró solo: persuadió a seis de sus hermanos y a otros veinticuatro caballeros para que lo siguieran. El ejemplo de este ilustre joven y el consiguiente aumento de la devoción al monasterio inspiraron tantas vocaciones que se hizo necesaria la fundación de nuevos monasterios. Bernardo lideró el grupo enviado para fundar un monasterio en Claraval, que se hizo famoso y fue fuente de ciento sesenta fundaciones durante la vida del santo.

 


Cada día, para avivar su fervor, repetía: «Bernard, ¿a qué has venido?». Él respondía cada vez con renovado fervor. Reprimió sus sentidos hasta tal punto que parecía ajeno a este mundo; no veía, no miraba; no oía, no escuchaba; no saboreaba, no disfrutaba. Así, tras pasar un año en la habitación de los novicios, no sabía si el techo estaba revestido o no; de pie junto a un lago, ni siquiera se percataba; un día, bebió aceite en lugar de agua, sin sospechar nada.

 

Bernardo había dejado a Nivard, el menor de sus hermanos, en el castillo familiar: «Adiós, querido hermanito», le había dicho; «te dejamos toda nuestra herencia». «Sí, lo entiendo», respondió el niño, «ustedes se llevan el cielo y a mí la tierra; la división no es justa». Más tarde, Nivard fue con su anciano padre a reunirse con Bernardo en el monasterio de Clairvaux.

 


El santo no había estudiado en el mundo; pero la escuela de la oración bastó para convertirlo en un gran Doctor, admirable por su elocuencia, su conocimiento y la dulzura de sus escritos. Fue consejero de obispos, amigo de papas, el oráculo de su tiempo. Pero su mayor gloria, entre tantas otras, parece ser su incomparable devoción a la Santísima Virgen.

 

Abate L. Jaud, Vidas de los santos para cada día del año, Tours, Mame, 1950.


lunes, 17 de agosto de 2026

SAN JACINTO Misionero dominico. — 17 de agosto.

 


Ramo espiritual: «No ruego por el mundo, sino por los que tú, Padre, me has dado, porque tuyos son». Juan 17:9

 

   San Jacinto, Apóstol del Norte y Taumaturgo de su siglo, provenía de una familia ilustre. Fue el propio Santo Domingo quien recibió sus votos y lo envió a evangelizar Polonia, país que movilizó con ahínco y donde realizó innumerables conversiones. Su vida fue un ejercicio constante de caridad hacia todos los que sufren y de santa crueldad consigo mismo. Imitando a su padre, Santo Domingo, no tuvo más morada que la iglesia ni más lecho que la tierra; cada noche se lastimaba los hombros con cadenas de hierro y ayunaba frecuentemente solo con pan y agua.

 


   Entre los milagros que realizó se encontraban la resurrección de los muertos, la liberación de los poseídos por demonios y la curación de muchos enfermos. Se le vio cruzando el caudaloso río Vístula con varios de sus hermanos, sobre su manto extendido. Obligado a huir de los tártaros, al menos llevó consigo el Santísimo Sacramento para evitar su profanación. Cuando estaba a punto de salir de la iglesia, una voz salió de la estatua de María, pidiéndole que también se lo llevara. Pesaba entre ochocientas y novecientas libras; Jacinto, lleno de fe, lo tomó en su mano y lo encontró tan ligero como una caña. Sin barca, cruzó el gran río Borístenes con su carga como si fuera tierra firme, mientras su manto servía de barca para sus hermanos, que lo seguían.

 


  Consolado por varias visitas de la Santísima Virgen, tuvo una revelación de su muerte, que ocurrió el 15 de agosto de 1257.

 

Abate L. Jaud, Vidas de los santos para cada día del año, Tours, Mame, 1950.


miércoles, 12 de agosto de 2026

SANTA CLARA DE ASÍS, fundadora. (+ 1253). — 12 de agosto.

 


 La seráfica virgen santa Clara, fundadora de las religiosas del seráfico padre san Francisco, fué, como este santo, natural de Asís, y de claro y nobilísimo linaje.

   Siendo aún muy niña y no teniendo aún rosario para llevar la cuenta de sus oraciones, las iba contando con piedrecillas, y aunque por voluntad de sus padres vestía ropas preciosas, más interiormente usaba de un áspero cilicio, y ofrecía a Dios su virginidad con gran resistencia de sus padres, que deseaban casarla.


    
    



   Había Dios enviado en este tiempo al mundo para renovarlo, al seráfico padre san Francisco, el cual estaba en la misma ciudad de Asís; y por su consejo dejó la santa doncella la casa de sus padres y renunciando a todas las grandezas del mundo, se entró en la iglesia de santa María de la Porciúncula que está a una milla de Asís.




   Allí la aguardaban san Francisco y todos sus santos religiosos con velas en las manos y entonando el Veni Creator Spiritus; y ella, al pie del altar, se desnudó de todas sus galas y preciosas vestiduras, se cortó las trenzas de su rubia cabellera, y recibió de manos del seráfico patriarca el hábito penitencial.





   Pretendieron sus deudos y parientes llevársela por fuerza, más la santa se asió tan fuertemente al altar, que, al quererla sacar por fuerza, dejó en sus manos la mitad de sus vestiduras, y aun se quitó la toca, para que viesen que había también sacrificado a Cristo la hermosura de sus cabellos.





   Premió el Señor tan ilustre victoria que su sierva alcanzó de la carne y de la sangre, con dar la misma vocación a su hermana Inés y a otras nobilísimas doncellas, parientas suyas, hasta el número de diez y seis; las cuales formaron la primera comunidad de religiosas de santa Clara.

   No solamente en aquella ciudad, sino en la Umbría y por todo el mundo se extendió el resplandor de las virtudes de santa Clara.





   Ayunaba a pan y agua todas las vigilias de la Iglesia y toda la cuaresma, llevaba por vestidura interior una asperísima piel de jabalí, y dormía sobre la tierra teniendo un haz de sarmientos por almohada; pero el amor de Cristo le hacía tan suaves éstas, y otras espantosas penitencias, que no había rostro más alegre y apacible que el de la santa.

   Y ¿qué lengua podrá decir las inefables dulzuras, éxtasis seráficos y dones de milagros y de profecía con que Jesucristo la regalaba y correspondía a su amor?



    



  Cuando los bandidos y sarracenos con que el malvado Federico II talaba el valle de Espoleto, cercaron la ciudad de Asís y escalaban ya los muros del monasterio de santa Clara, ella, aunque enferma, se hizo llevar a las puertas, y sacando del seno una custodia del santísimo Sacramento, oyó la voz de Jesús, que le decía: «Sí, Clara, yo te protegeré»: y huyeron al punto aquellos bárbaros, dejando muchos cadáveres, heridos como si hubiesen peleado contra los rayos del cielo.


    

   Finalmente, toda la vida de la santa fué como la de un serafín sacrificado por amor de Jesucristo, y a la edad de sesenta años, visitada por un coro celestial e santas vírgenes, entregó su alma purísima al divino esposo.




Reflexión: Los monasterios de santa Clara han llegado a la crecida suma de cuatro mil; y en ellos se han santificado mucha nobilísimas doncellas, condesas, duquesas y princesas, y sobre todo un gran número de almas heroicas que, practicando la regla más austera de todas, han sido en la tierra las delicias de Dios, el ornamento de la Iglesia católica, y el más elocuente ejemplo del mundo.






Oración: Óyenos, Señor y Salvador nuestro, y haz que la alegría que sentimos en la fiesta de tu bienaventurada virgen santa Clara, sea acompañada de los afectos de una verdadera devoción. Por Jesucristo, nuestro Señor. Amén.




FLOS SANCTORVM
DE LA FAMILIA CRISTIANA.