sábado, 27 de junio de 2020

JUNIO: MES DEL SAGRADO CORAZÓN DE JESÚS. —DÍA VIGÉSIMO SÉPTIMO.




Acto de Contrición.

   Adorable Salvador mío, lleno de confusión y de vergüenza, vengo a postrarme a vuestras plantas, a pediros perdón y misericordia; bien conozco, Señor, que no lo merezco, antes soy indigno de ser escuchado pues innumerables veces he despreciado la gracia recibida, abusando de vuestra bondad y clemencia; el conocimiento de mi infidelidad é inconstancia me acobarda y desalienta, porque el ingrato no es digno de nuevos favores; pero vuestra voz dulcísima me alienta y anima cuando dice: “Venid a mí todos.” ¿Conque aún es tiempo, Jesús mío? ¿puedo aun esperar el perdón y la misericordia? ¡Oh Corazón compasivo de mi Jesús! ¡Bendito seáis! a Vos me acojo, sed Vos mi asilo, mi refugio, mi esperanza y mi consuelo. Padre Eterno, mucho os he ofendido y he sido muy ingrato correspondiendo los favores con ofensas; mas ya me arrepiento muy de veras; perdonadme, y recibid en desagravio el Corazón amorosísimo de Jesús vuestro Hijo: yo os ofrezco sus méritos, sus virtudes y sus penas; y por ellos espero el perdón y la gracia de vuestro amor. Amén.


Oración preparatoria para todos los días.


   Amabilísimo Jesús mío, que con tanto amor convidasteis a la bienaventurada Margarita a que entrase en vuestro Sagrado Corazón, como en un jardín delicioso lleno de flores de admirable variedad, de incomparable hermosura y suavísima fragancia, diciéndole que escogiese cuantas le agradasen. ¡Ah Señor! permitidme entrar, aunque tan indigno, en ese jardín florido, en ese paraíso de celestiales delicias, en vuestro divino Corazón, y si queréis que escoja las flores que me agraden, yo os pido el lirio de la pureza, la rosa del amor, y la violeta de la humildad, ya que con estas las tendré todas, pues son inseparables; y teniéndolas todo mi corazón, a semejanza del vuestro, se transformará en un jardín de delicias para Vos, y entonces podré deciros con la esposa: “Venga mi Amado a su huerto.” Concededme, Señor, esta gracia; quitad de mi corazón las espinas del pecado, destruid todo lo que en él os desagrada, y plantad todas las flores que os deleiten, para que no haya en mí cosa que os disguste, ¡oh mi Dios, y mi amor, y todo mi bien! Así sea.








DÍA VEINTISIETE (27 de junio).





El Corazón de Jesús, Santuario de la Divinidad.


1. Es de fe que la naturaleza divina, se unió con la humana en Jesucristo, con abrazo tan estrecho, que resultó una sola persona, y es la divina: de aquí es que todo lo que hay en nuestro adorable Redentor, es divino, como perteneciente a su divina persona. Divina es su cabeza, divinas sus manos, divinos sus pies, divinos sus ojos, divinos sus labios…
   ¡Y su sagrado Corazón! Divino, divino también, porque es el Corazón del Verbo encarnado, el Corazón del hombre Dios.


2. Este Corazón es de una belleza admirable, es el rey y es el mejor de los corazones, tierno, amoroso, sensible, compasivo, finísimo. Como divino, lleno de profundísimos afectos, ardiendo en vivas llamas de amor para con el Padre celestial, y de amor para con los hombres sus hermanos. En Él vive de un modo especial la Divinidad; porque siendo Dios caridad, y siendo el corazón en el hombre la sede del amor, el Corazón de Jesús viene a ser como la sede del Amor de la Trinidad Beatísima, el foco de la divina Caridad y el Santuario augusto, noble y dignísimo de la Divinidad. Y los dos copos de llamas con que quiso aparecer rodeado, simbolizan la llama de caridad que le abrasan, la caridad para con Dios su Padre y la caridad para con los hombres sus hermanos. Y así como en el santuario material, el hombre se prosterna para adorar a Dios, y alabarlo y pedirle gracias y perdones, así ante el Corazón de Jesús, como en un santuario divino, nos hemos de prosternar para alabar al Señor, y adorarle, o implorar su perdón y su misericordia. En este santuario que le es tan amado, oirá Él nuestras oraciones, agradecerá nuestros homenajes, se aplacará con nuestras reparaciones, y dará oído y despacho favorable a nuestras súplicas y deprecaciones.




Práctica. Portarse en el templo con respeto y recogimiento.




Oración.


   Vos sois, oh Divino Corazón, el Santuario de la Divinidad; porque estáis personalmente unido con el Verbo; y por esto, no hay nada más santo, más venerable y digno de respeto que Vos. Yo quiero habitar en este Santuario, quiero morar en ese templo de honor y santidad: quiero en él llorar mis pasados extravíos, en él unirme con mi Amado, en él morar todos los días de mi vida, y en él exhalar en la muerte mi último suspiro. Admitidme, Señor, en el precioso Santuario de vuestro Sagrado Corazón, y no me dejéis salir de él jamás. Amén.





Oración par a después de la meditación.


   Corazón de mi Jesús, ya he procurado entrar en el jardín que sois Vos, meditando alguno de vuestros títulos gloriosos, o de vuestros oficios misericordiosos, o de vuestras dignidades maravillosas; ya me he sentado por algunos instantes bajo de la sombra de aquel que había deseado, y he aspirado el aroma de sus purísimas flores, y he saboreado alguno de sus frutos, dulcísimos a mi garganta. Haced, Corazón divino, que yo me nutra con tan regalados manjares, que yo no quiera habitar ya entre la turba de las criaturas; sino que en Vos ponga el dulce nido donde fomente los santos deseos, y los fervientes afectos; y que en vuestro adorable Corazón haga perpetua morada; que allí habite, pues para eso lo he escogido, y allí me vea siempre libre de mis enemigos, siempre lleno de amor para con Vos, siempre agradecido a vuestras grandes finezas; y pasando mi vida allí escondido, como el santo Job pueda allí exclamar: “En mi nidito moriré; y como la palma multiplicaré los días”, (Job. XXIX , 18) siendo trasplantado a los jardines eternos del paraíso celestial. Amén.




—Un Credo al Sagrado Corazón.



JACULATORIA. 



—Corazón de Jesús, jardín de celestiales delicias.


—En ti viva, y en ti muera, y te goce eternamente.




“JARDÍN DEL SAGRADO CORAZÓN DE JESÚS”


POR
GABINO Chávez, Pbro (1901).




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