miércoles, 10 de junio de 2020

JUNIO: MES DEL SAGRADO CORAZÓN DE JESÚS. —DÉCIMO DÍA.




Acto de Contrición.

   Adorable Salvador mío, lleno de confusión y de vergüenza, vengo a postrarme a vuestras plantas, a pediros perdón y misericordia; bien conozco, Señor, que no lo merezco, antes soy indigno de ser escuchado pues innumerables veces he despreciado la gracia recibida, abusando de vuestra bondad y clemencia; el conocimiento de mi infidelidad é inconstancia me acobarda y desalienta, porque el ingrato no es digno de nuevos favores; pero vuestra voz dulcísima me alienta y anima cuando dice: “Venid a mí todos.” ¿Conque aún es tiempo, Jesús mío? ¿puedo aun esperar el perdón y la misericordia? ¡Oh Corazón compasivo de mi Jesús! ¡Bendito seáis! a Vos me acojo, sed Vos mi asilo, mi refugio, mi esperanza y mi consuelo. Padre Eterno, mucho os he ofendido y he sido muy ingrato correspondiendo los favores con ofensas; mas ya me arrepiento muy de veras; perdonadme, y recibid en desagravio el Corazón amorosísimo de Jesús vuestro Hijo: yo os ofrezco sus méritos, sus virtudes y sus penas; y por ellos espero el perdón y la gracia de vuestro amor. Amén.


Oración preparatoria para todos los días.


   Amabilísimo Jesús mío, que con tanto amor convidasteis a la bienaventurada Margarita a que entrase en vuestro Sagrado Corazón, como en un jardín delicioso lleno de flores de admirable variedad, de incomparable hermosura y suavísima fragancia, diciéndole que escogiese cuantas le agradasen. ¡Ah Señor! permitidme entrar, aunque tan indigno, en ese jardín florido, en ese paraíso de celestiales delicias, en vuestro divino Corazón, y si queréis que escoja las flores que me agraden, yo os pido el lirio de la pureza, la rosa del amor, y la violeta de la humildad, ya que con estas las tendré todas, pues son inseparables; y teniéndolas todo mi corazón, a semejanza del vuestro, se transformará en un jardín de delicias para Vos, y entonces podré deciros con la esposa: “Venga mi Amado a su huerto.” Concededme, Señor, esta gracia; quitad de mi corazón las espinas del pecado, destruid todo lo que en él os desagrada, y plantad todas las flores que os deleiten, para que no haya en mí cosa que os disguste, ¡oh mi Dios, y mi amor, y todo mi bien! Así sea.







DÍA DIEZ (10 de junio).



El Corazón de Jesús, nuestro Justo y nuestro Juez.


1. “Tenemos por abogado a Jesucristo el Justo,” ha dicho el evangelista San Juan, y nuestro Salvador es el justo por excelencia, el que no conoció el pecado, aunque por nosotros se hizo como el pecado mismo, según dice San Pablo. Y este justo, no lo es para sí, sino que se llama y es, el Justo nuestro. (Jer. XXIII, 6) así como es el Dios nuestro, el Refugio nuestro, el Salvador nuestro y la Esperanza nuestra. Pidámosle el participar de su justicia, y el poder llamar también a su santísimo Corazón, el Corazón nuestro, que nos justifique, nos encienda, nos acoja benigno, para que en él morando, podamos decir como el Santo Job: “En este mi nidito moriré.” (Job. XXIX, 18.)


2. Jesucristo es nuestro Juez; hasta en el mismo himno de acción de gracias, en él Te Deum le decimos: “creemos que como juez has de venir,” y no hay cosa que la Iglesia quiera tengamos más presente que el juicio del Señor, poniendo muchas veces al año en la Misa el evangelio que habla de la venida del Señor a juzgarnos, y de las señales terribles que precederán a su juicio. Pero es gran confianza el haber de tener por Juez a nuestro Padre, a nuestro hermano y nuestro amigo; y el saber que su Corazón nos ama, nos perdona y nos quiere salvar. Y por eso, antes de juzgarnos, al morir, quiere visitarnos en nuestra misma casa, para darnos con el último abrazo, la prenda del perdón y la paz.  Agradezcamos al divino Corazón esta estupenda fineza, pidiéndole, como la Iglesia en el día de Navidad, que, “al que alegres recibimos como redentor, seguros le miremos venir como Juez. “



Práctica. Hacer una buena confesión, por lo menos la general, delante del Corazón de Jesús herido en la cruz.



Oración.


   Salvador mío, Vos sois el justo por excelencia, y vuestro justísimo Corazón, compensa con sus virtudes nuestras iniquidades, aplaca la justicia divina y detiene los castigos merecidos. Sois nuestro Juez, justísimo, sí, pero ahora Misericordiosísimo, que oye nuestros ruegos, y está pronto a perdonarnos en la Penitencia, para no tener que juzgarnos después. ¡Bendito sea tanto amor! Haced que nos juzguemos ahora a nosotros mismos, para no ser después por Vos rigurosamente juzgados. Haced que no queramos juzgar antes de tiempo a nuestros hermanos, para no atraernos un juicio más severo. Dictad para nosotros, Corazón Misericordiosísimo, un juicio favorable, para que cuando el Señor venga a juzgarnos, no quiera condenarnos, sino, clemente y bondadoso, salvarnos y llevarnos a la luz de su gloria. Amén.




Oración par a después de la meditación.


   Corazón de mi Jesús, ya he procurado entrar en el jardín que sois Vos, meditando alguno de vuestros títulos gloriosos, o de vuestros oficios misericordiosos, o de vuestras dignidades maravillosas; ya me he sentado por algunos instantes bajo de la sombra de aquel que había deseado, y he aspirado el aroma de sus purísimas flores, y he saboreado alguno de sus frutos, dulcísimos a mi garganta. Haced, Corazón divino, que yo me nutra con tan regalados manjares, que yo no quiera habitar ya entre la turba de las criaturas; sino que en Vos ponga el dulce nido donde fomente los santos deseos, y los fervientes afectos; y que en vuestro adorable Corazón haga perpetua morada; que allí habite, pues para eso lo he escogido, y allí me vea siempre libre de mis enemigos, siempre lleno de amor para con Vos, siempre agradecido a vuestras grandes finezas; y pasando mi vida allí escondido, como el santo Job pueda allí exclamar: “En mi nidito moriré; y como la palma multiplicaré los días”, (Job. XXIX , 18) siendo trasplantado a los jardines eternos del paraíso celestial. Amén.



—Un Credo al Sagrado Corazón.



JACULATORIA. 


—Corazón de Jesús, jardín de celestiales delicias.


—En ti viva, y en ti muera, y te goce eternamente.





JARDÍN DEL SAGRADO CORAZÓN DE JESÚS”


POR
GABINO Chávez, Pbro (1901).



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