lunes, 29 de junio de 2020

JUNIO: MES DEL SAGRADO CORAZÓN DE JESÚS. —DÍA VIGÉSIMO NOVENO.





Acto de Contrición.

   Adorable Salvador mío, lleno de confusión y de vergüenza, vengo a postrarme a vuestras plantas, a pediros perdón y misericordia; bien conozco, Señor, que no lo merezco, antes soy indigno de ser escuchado pues innumerables veces he despreciado la gracia recibida, abusando de vuestra bondad y clemencia; el conocimiento de mi infidelidad é inconstancia me acobarda y desalienta, porque el ingrato no es digno de nuevos favores; pero vuestra voz dulcísima me alienta y anima cuando dice: “Venid a mí todos.” ¿Conque aún es tiempo, Jesús mío? ¿puedo aun esperar el perdón y la misericordia? ¡Oh Corazón compasivo de mi Jesús! ¡Bendito seáis! a Vos me acojo, sed Vos mi asilo, mi refugio, mi esperanza y mi consuelo. Padre Eterno, mucho os he ofendido y he sido muy ingrato correspondiendo los favores con ofensas; mas ya me arrepiento muy de veras; perdonadme, y recibid en desagravio el Corazón amorosísimo de Jesús vuestro Hijo: yo os ofrezco sus méritos, sus virtudes y sus penas; y por ellos espero el perdón y la gracia de vuestro amor. Amén.


Oración preparatoria para todos los días.


   Amabilísimo Jesús mío, que con tanto amor convidasteis a la bienaventurada Margarita a que entrase en vuestro Sagrado Corazón, como en un jardín delicioso lleno de flores de admirable variedad, de incomparable hermosura y suavísima fragancia, diciéndole que escogiese cuantas le agradasen. ¡Ah Señor! permitidme entrar, aunque tan indigno, en ese jardín florido, en ese paraíso de celestiales delicias, en vuestro divino Corazón, y si queréis que escoja las flores que me agraden, yo os pido el lirio de la pureza, la rosa del amor, y la violeta de la humildad, ya que con estas las tendré todas, pues son inseparables; y teniéndolas todo mi corazón, a semejanza del vuestro, se transformará en un jardín de delicias para Vos, y entonces podré deciros con la esposa: “Venga mi Amado a su huerto.” Concededme, Señor, esta gracia; quitad de mi corazón las espinas del pecado, destruid todo lo que en él os desagrada, y plantad todas las flores que os deleiten, para que no haya en mí cosa que os disguste, ¡oh mi Dios, y mi amor, y todo mi bien! Así sea.









DÍA VEINTINUEVE (29 de junio)




El Corazón de Jesús, Único bien del alma.


1.  De tres cosas dice la Sagrada Escritura que son únicas: del fin del hombre, pues como dijo Cristo a Santa Marta: “Una sola cosa es necesaria,” y hablaba del gran negocio de la salvación, que es el único para que Dios nos crio, y al que todos deben referirse; de nuestra alma se dice: “libra de la mano del perro a la única mía.” (Salm. XXI, 21). la mano del perro es el poder del demonio, y la única de cada uno, es su alma, pues en efecto, no es más que una sola con total exclusión de otra. Razón poderosísima para que no queramos perderla, ya que no hay con qué sustituirla. Del arca de Noé, se dice en el Génesis que remataba en un solo codo, o único; (Genes VI, 16) y San Gregorio Papa entiende, que como el arca significa la Iglesia, el codo único en que termina significa a Nuestro Señor Jesucristo, del que dice San Pablo, que uno solo es el Señor, como es una la fe y uno el bautismo. Y por eso decía el real profeta: “una cosa, única, pedí al Señor, y la he de seguir procurando: y es el habitar todos los días de mi vida en su santa casa” (Salm. XXVI, 4) es decir, pedía y procuraba únicamente la bienaventuranza. Busquemos esta única dicha, amemos a Dios único, y trabajemos por salvar nuestra única alma, pues perdida, todo se pierde para siempre.


2.  El Corazón de Jesús es el único que con pleno desinterés nos ama, es el único que por nosotros se ha inmolado y sacrificado hasta querer ser traspasado con la lanza, es el único que ha amado a Dios con el amor inmenso que le corresponde, es el único que ha tenido un abismo inconmensurable de compasión para con el abismo de nuestros pecados y delitos. Es el único que nos acoge en su seno con amor infinito y con infinita misericordia, el único en la sublimidad, único en la fineza, único en la compasión, único en la caridad, único en la abnegación y el sacrificio, único en la bondad y en la ternura: hagámosle el objeto único de nuestro amor, de nuestra gratitud y de nuestra adoración. Y cuando encontremos corazones amigos, corazones fieles; amorosos y compasivos, pensemos, que, si una tan ligera chispa de virtud o de bondad nos seduce y nos atrae, ¿qué debemos pensar de las virtudes, de las finezas, de la ardiente caridad del Corazón de un Dios? “Anatema, anatema, decía San Pablo, al que no amare a nuestro Señor Jesucristo.” (I Cor. XVI, 22).





Práctica. Renunciar algo a que se tenga apego, para honrar al Corazón de Jesús.




Oración.


  Vos sois Señor, el único que deberás nos amáis; el único que habéis dado vuestra Sangre por nosotros; el único amigo verdadero que nos compadece; el único padre que no nos abandona; el único esposo que no nos desecha; el único médico que nos cura y el único bien que nos hace bienaventurados. Sed; pues, dulce Corazón mi único dueño, mi único amante, mi único Bien, y mi único tesoro en el tiempo y en la eternidad. Amén.






Oración par a después de la meditación.



   Corazón de mi Jesús, ya he procurado entrar en el jardín que sois Vos, meditando alguno de vuestros títulos gloriosos, o de vuestros oficios misericordiosos, o de vuestras dignidades maravillosas; ya me he sentado por algunos instantes bajo de la sombra de aquel que había deseado, y he aspirado el aroma de sus purísimas flores, y he saboreado alguno de sus frutos, dulcísimos a mi garganta. Haced, Corazón divino, que yo me nutra con tan regalados manjares, que yo no quiera habitar ya entre la turba de las criaturas; sino que en Vos ponga el dulce nido donde fomente los santos deseos, y los fervientes afectos; y que en vuestro adorable Corazón haga perpetua morada; que allí habite, pues para eso lo he escogido, y allí me vea siempre libre de mis enemigos, siempre lleno de amor para con Vos, siempre agradecido a vuestras grandes finezas; y pasando mi vida allí escondido, como el santo Job pueda allí exclamar: “En mi nidito moriré; y como la palma multiplicaré los días”, (Job. XXIX , 18) siendo trasplantado a los jardines eternos del paraíso celestial. Amén.




—Un Credo al Sagrado Corazón.



JACULATORIA. 


—Corazón de Jesús, jardín de celestiales delicias.


—En ti viva, y en ti muera, y te goce eternamente.





“JARDÍN DEL SAGRADO CORAZÓN DE JESÚS”


POR
GABINO Chávez, Pbro (1901).





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