domingo, 7 de junio de 2020

JUNIO: MES DEL SAGRADO CORAZÓN DE JESÚS. —OCTAVO DÍA.





Acto de Contrición.


   Adorable Salvador mío, lleno de confusión y de vergüenza, vengo a postrarme a vuestras plantas, a pediros perdón y misericordia; bien conozco, Señor, que no lo merezco, antes soy indigno de ser escuchado pues innumerables veces he despreciado la gracia recibida, abusando de vuestra bondad y clemencia; el conocimiento de mi infidelidad é inconstancia me acobarda y desalienta, porque el ingrato no es digno de nuevos favores; pero vuestra voz dulcísima me alienta y anima cuando dice: “Venid a mí todos.” ¿Conque aún es tiempo, Jesús mío? ¿puedo aun esperar el perdón y la misericordia? ¡Oh Corazón compasivo de mi Jesús! ¡Bendito seáis! a Vos me acojo, sed Vos mi asilo, mi refugio, mi esperanza y mi consuelo. Padre Eterno, mucho os he ofendido y he sido muy ingrato correspondiendo los favores con ofensas; mas ya me arrepiento muy de veras; perdonadme, y recibid en desagravio el Corazón amorosísimo de Jesús vuestro Hijo: yo os ofrezco sus méritos, sus virtudes y sus penas; y por ellos espero el perdón y la gracia de vuestro amor. Amén.




Oración preparatoria para todos los días.


   Amabilísimo Jesús mío, que con tanto amor convidasteis a la bienaventurada Margarita a que entrase en vuestro Sagrado Corazón, como en un jardín delicioso lleno de flores de admirable variedad, de incomparable hermosura y suavísima fragancia, diciéndole que escogiese cuantas le agradasen. ¡Ah Señor! permitidme entrar, aunque tan indigno, en ese jardín florido, en ese paraíso de celestiales delicias, en vuestro divino Corazón, y si queréis que escoja las flores que me agraden, yo os pido el lirio de la pureza, la rosa del amor, y la violeta de la humildad, ya que con estas las tendré todas, pues son inseparables; y teniéndolas todo mi corazón, a semejanza del vuestro, se transformará en un jardín de delicias para Vos, y entonces podré deciros con la esposa: “Venga mi Amado a su huerto.” Concededme, Señor, esta gracia; quitad de mi corazón las espinas del pecado, destruid todo lo que en él os desagrada, y plantad todas las flores que os deleiten, para que no haya en mí cosa que os disguste, ¡oh mi Dios, y mi amor, y todo mi bien! Así sea.







DÍA OCHO (8 de junio).




El Corazón de Jesús huerto cerrado.


1. El Paraíso o huerto de delicias formado por Dios en la tierra, y el huerto de que se habla en los Cánticos (IV, 16. —V, 1) figura son del Corazón de Jesús: pues en él se hallan variedad de flores de fervientes afectos, botones de ardientes deseos, frutos de celestiales virtudes: la azucena de la pureza, el lirio del candor, la violeta de la humildad, la rosa de la caridad, y las flores de todas las virtudes allí florecen en toda su belleza y lozanía. El mismo Salvador mostró a su sierva la bienaventurada Margarita María su sagrado Corazón, como un jardín delicioso lleno de hermosas flores instándole a coger las que quisiese. También a nosotros nos convida diciéndonos: “Aprended de mí, porque soy manso y humilde de corazón.” Ojalá y fijemos nuestra mirada en este paraíso de delicias, y no salgamos de él jamás.


2. También el alma debe ser un huerto cerrado al viento de las tentaciones; y hermoseado con flores y frutos, y regado todos los días con el agua de la oración. Así podremos invitar al Señor como la esposa de los Cánticos, diciéndole: “Venga mi amado a su huerto, y coma los frutos de sus manzanos.” (Cant. V, 1) Es nuestra alma huerto suyo, porque lo plantó con su diestra desde el bautismo, lo fortaleció con cercado en la confirmación, y lo riega de continuo con su sangre preciosa en la comunión. Y que en medio de él florezca como rosa rubicunda y hermosísima su divino Corazón, que allí viva y reine y tenga sus delicias.




Práctica. Rogar por los agonizantes.





Oración.


   Señor, Vos sois el huerto cerrado de las delicias eternas; en Vos los santos se han encerrado para embalsamarse con el aroma de vuestras preciosas flores; es decir, para contemplar vuestras virtudes e inspirarse en vuestros nobles sentimientos. Dejadme encerrar dentro de Vos, y admirar vuestra belleza, admirar vuestras perfecciones, y estudiar vuestras virtudes. ¡Feliz el que se encierra en este huerto de delicias! Ni los huracanes de las pasiones, ni el polvo de los negocios mundanos le tocarán. ¡Amor mío! encerrado en Vos quiero vivir y morir. ¡En Vos quiero entregar mi último suspiro!





Oración par a después de la meditación.


   Corazón de mi Jesús, ya he procurado entrar en el jardín que sois Vos, meditando alguno de vuestros títulos gloriosos, o de vuestros oficios misericordiosos, o de vuestras dignidades maravillosas; ya me he sentado por algunos instantes bajo de la sombra de aquel que había deseado, y he aspirado el aroma de sus purísimas flores, y he saboreado alguno de sus frutos, dulcísimos a mi garganta. Haced, Corazón divino, que yo me nutra con tan regalados manjares, que yo no quiera habitar ya entre la turba de las criaturas; sino que en Vos ponga el dulce nido donde fomente los santos deseos, y los fervientes afectos; y que en vuestro adorable Corazón haga perpetua morada; que allí habite, pues para eso lo he escogido, y allí me vea siempre libre de mis enemigos, siempre lleno de amor para con Vos, siempre agradecido a vuestras grandes finezas; y pasando mi vida allí escondido, como el santo Job pueda allí exclamar: “En mi nidito moriré; y como la palma multiplicaré los días”, (Job. XXIX , 18) siendo trasplantado a los jardines eternos del paraíso celestial. Amén.




—Un Credo al Sagrado Corazón.



JACULATORIA. 


—Corazón de Jesús, jardín de celestiales delicias.


—En ti viva, y en ti muera, y te goce eternamente.




“JARDÍN DEL SAGRADO CORAZÓN DE JESÚS”


POR
GABINO Chávez, Pbro (1901).




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