viernes, 12 de junio de 2020

NOVENA AL SAGRADO CORAZÓN DE JESÚS. DÍA 3.






Puesto de rodillas ante la imagen del Sagrado Corazón de Jesús, o delante del Santísimo Sacramento, harás la señal de la Cruz, y darás principio con el siguiente elogio.


   Bendito sea el Corazón dulcísimo de Jesús, alabado sea el corazón amabilísimo de Jesús, y mil veces exaltado y glorificado sea el corazón de Jesús nuestro Dios, nuestro Redentor, y nuestro amoroso Padre.



ACTO DÉ CONTRICION


Señor mío Jesucristo, Dios y hombre verdadero. Creador Padre y Redentor mío, en quien creo, en quien espero; a quien amo más que a mi vida, más que a mi alma y más que a todas las criaturas, me pesa Señor, una y mil veces me pesa entrañablemente me pesa de haberos ofendido solo por ser vos quien sois, por ser mí Padre amoroso por ser mí Jesús dulcísimo dignísimo de ser amado sobre todas las cosas. Propongo firmemente con vuestra divina gracia de no volver jamás a pecar, y reparar con la práctica de esta devoción mis tibiezas, mis frialdades, y todos los ultrajes que por ellas hubiere hecho a vuestro dulcísimo Corazón, y aun si me fuere posible, todos los que habéis recibido en el Augusto Sacramento de vuestro amor en el tiempo que habéis estado expuesto a la pública adoración en los templos y en las calles. Recibid, Jesús mío, este pequeño tributo de mi reconocimiento en unión con todos los que os rinden vuestros devotos en todo el orbe cristiano para mayor gloria de vuestro amabilísimo Corazón, y exaltación de vuestro dulcísimo nombre.



Soliloquio y oración para todos los días.


   A la escuela, alma mía, a la escuela le llama y convida con el Corazón abierto tu divino Maestro Cristo Jesús. Acepta este precioso convite; escucha su dulce voz, atiende bien a las perfecciones del modelo que te presenta, y no salgas de ella sin resolverte a poner por obra todas las lecciones que te da: más antes de entrar manifiéstale tu gratitud y buenos deseos por medio de la oración siguiente.


   Dulcísimo Jesús mío que no contento con haberos vestido del tosco sayal de nuestra frágil naturaleza para redimirnos y abrirnos las puertas del Cielo, quisisteis también ser nuestro guía y preceptor para enseñarnos el camino que debemos seguir para entrar en él; yo os doy gracias por este beneficio, deseo aprovecharme de él; y aunque indigno de ser del número de vuestros discípulos, os suplico humildemente os dignéis admitirme en esa escuela de amor; para que aprendiendo en ella las virtudes que practicó vuestro amante Corazón; os pueda ofrecer, como desde ahora os ofrezco el mío en reparación de los ultrajes que ha recibido de la humana ingratitud, y me haga digno de alcanzar la; gracia que os pido en esta Santa Novena. Recibidme divino Maestro, dentro de vuestro Corazón, y no permitáis salga de el sin estar penetrado de sus mismos sentimientos.

—Aquí hará cada uno la súplica particular y después se leerá el punto de meditación correspondiente a cada día.







LECCIÓN PARA EL DÍA TERCERO.



Considera cuán amante fue el Corazón de Jesús de la virtud de la pureza y castidad, lo cual puedes colegir claramente: lo primero de que, habiéndose sujetado a las miserias anejas a nuestra pobre humanidad, no solo no quiso sujetarse a entrar en el mundo por el orden común que los demás hombres, sino que eligió para Madre a una Virgen purísima; lo segundo del cuidado que tuvo de no admitir en su Colegio discípulo alguno que estuviese manchado con impurezas, a pesar de no haber desechado a un Judas y a un San Mateo: lo tercero del singular cariño y afecto que tuvo al purísimo Juan, a quien en premio de su virginidad consintió el que reclinase su cabeza sobre su pecho y corazón, y señaló por hijo tutor de su purísima Madre: lo cuarto de que habiendo permitido el ser acusado de blasfemo, embaidor, ambicioso, traidor y enemigo del Cesar, no quiso tolerar que ninguno de sus falsos acusadores le imputase el crimen más leve contrario a su pureza: y lo quinto del dolor que sintió su purísimo Corazón al verse desnudo en tiempo de su Pasión, el cual fue tan grande, que como sienten algunos Santos contemplativos sobrepujó al que le ocasionaron los azotes, espinas, clavos, y demás instrumentos con que le atormentaron los verdugos. Mira bien el aprecio que has hecho de esta hermosa virtud; y cubierto de rubor al ver los descuidos que has tenido en conservar la castidad correspondiente a tu estado, haz la deprecación siguiente.


ORACIÓN.


   ¡Oh Corazón purísimo de Jesús! ¡Oh espejo clarísimo de castidad y continencia! ¡Con cuánta razón podemos temer el que nos hagáis beber hasta las heces el cáliz de vuestra indignación, pues después de tantos y tan terribles azotes con que nos habéis castigado en pena de nuestras liviandades, parece que toda carne va corrompiendo sus caminos, mirando con horror y aun con desprecio la práctica de una virtud que tanto robó vuestros cariños! Pero señor ¿quién puede poner remedio a tanto mal sino Vos que sabéis hacer de las mismas piedras hijos de Abrahán? Ea Jesús mío, por vuestro dulcísimo Corazón ilustrad nuestro entendimiento para que conozcamos y veamos el precipicio a donde nos conduce la lubrica y sórdida pasión que nos domina. Inflamad nuestra Voluntad, y abrasad nuestros corazones con el fuego de ese amor purísimo que os consume para que llorando amargamente los excesos que nos ha hecho cometer el amor profano, apaguemos con nuestras lágrimas el furor de vuestra indignación, y nos hagamos acreedores a vuestras grandes misericordias. Amén.






—Después de La lección se rezará cinco veces el Padre nuestro y otras tantas el Gloria Patri, en reverencia de las virtudes significadas en los atributos con que el Divino Corazón se dejó ver a la Venerable Margarita de Alacoque.



Gozos AL SAGRADO CORAZÓN DE JESÚS.


Escuela de perfección
y de virtudes modelo
¡Oh Divino Corazón!
dad a los nuestros consuelo.
Por curar la inobediencia
causa del primer pecado
rendiste al padre humillado
la más perfecta obediencia:
para enseñarme esta ciencia
bajaste del alto Cielo.
¡Oh Divino Corazón!
A pesar de ser Señor
del mundo y de sus riquezas,
de la más alta pobreza
fuiste maestro y seguidor:
tu Celestial esplendor
cubriste con ese velo.
¡Oh Divino Corazón!
De una cándida Azucena,
Lirio Divino nacisteis,
y al Virgen Juan distinguiste
ya en la Cruz ya en la cena:
lo impuro te causo pena
la inmodestia desconsuelo,
¡Oh Divino Corazón!
Siendo el Mesías deseado
de todo el orbe, te veo
sentenciado como reo,
y del pueblo desechado:
al verle tan humillado
de luto se cubrió el Cielo.
¡Oh Divino Corazón!
¿Quién podrá la magnitud
de tu paciencia entender,
si fué un puro padecer
desde el pesebre a la Cruz?
ejercer esta virtud
fue siempre tu ansia y desvelo.
¡Oh Divino Corazón!
¡Qué dulce, qué enternecido
recibes al pecador,
si reconoce su error
y te busca arrepentido!
su culpa echas en olvido,
y lo levantas del suelo.
¡Oh Divino Corazón!
En el templo te indignaste
al ver a ciertos profanos
y aun con tus benditas manos
de aquel lugar los echaste
con esto nos enseñaste
cuál debe ser nuestro celo
¡Oh Divino Corazón!
Por todos los pecadores
hiciste al Padre oración,
porque con esta lección
imitemos tus fervores;
tan amorosos ardores
deshagan el duro yelo.
¡Oh Divino Corazón!
Las llamas que te rodean;
y en que te estás abrasando
nos están manifestando
que entre caridad campeas;
las espinas son preseas,
y la Cruz todo tu, anhelo,
¡Oh Divino Corazón!
Escuela de perfección
y de virtudes modelo
¡Oh Divino Corazón!
dad a los nuestros consuelo.


Oración.


—Obrad con vuestro siervo según vuestra misericordia.

—Y enseñadme vuestras justificaciones.


Haced; o Señor Jesus, que nos vistamos con las virtudes de vuestro Santísimo Corazón, y seamos inflamados con sus afectos, para que, conformándonos con la imagen de vuestra bondad, merezcamos participar del fruto de vuestra Redención. Amén.



Compuesta por el Padre Fr. Casimiro

Díaz Acebedo—1844.




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