—En Roma, el martirio de Santa Inés, virgen, la que fue arrojada en una grande hoguera en tiempo de Sinfronio, prefecto de la ciudad; pero como las llamas se apagasen con sus súplicas, fue luego decapitada. San Jerónimo hace su elogio en estos términos: La vida de Inés ha sido celebrada, sobre todo en las iglesias, por los escritos y por las lenguas de todas las naciones, a causa de que, sobrepujando la flaqueza de su edad, triunfó del tirano y consagró su castidad por un glorioso martirio.
—En Atenas, san Publio, obispo y mártir. Descendiente de una familia distinguida de Mitilene, trató con el apóstol san Pablo, a quien recibió cuando el apóstol navegando prisionero a Roma se detuvo tres días en aquella ciudad. Instruido por Pablo en la doctrina que le revelaba, y admirado de ver el prodigio que acababa de obrar con su padre, pues con sola la imposición de manos y orando sobre él le alcanzó una salud completa, abrazó con extraordinario celo la fe de Jesucristo, y predicando con fruto el santo Evangelio sucedió en el obispado de Atenas á Dionisio Areopagita, donde, resplandeciendo en santidad, acabó su vida en el martirio el año 125.
—En Tarragona, en España, los santos mártires Fructuoso, obispo, Augurio y Eulogio, diáconos, los que durante la persecución de Galiano fueron primeramente encarcelados, y después arrojados a las llamas, en medio de las cuales, luego que se hubieron quemado las ligaduras, levantando los brazos en forma de cruz, orando a Dios cumplieron su martirio. San Agustín hizo un sermón al pueblo el día de su fiesta.
—En Troyes, san Patroclo, que mereció la corona del martirio bajo el emperador Aureliano. Este
ilustre mártir de la Iglesia galicana floreció en el siglo III, y murió en Troyes
de Francia el día 20 de enero del año 273 ó 275. El tirano agotó su crueldad en
la invención de tormentos atroces para vencer la constancia del glorioso atleta;
pero todos ellos no hicieron más que redoblar su alegría y aumentar sus deseos
de padecer por Jesucristo.
—En el monasterio de Reichenau, san Meinardo, ermitaño, muerto por unos ladrones. Murió
atormentado cruelísimamente por dos ladrones que querían obligarle a blasfemar
del santo nombre del Señor, en su cueva cerca del monasterio de Reichenau en
Francia, por los años 863.
—En Pavía, san Epifanio, obispo y confesor. Natural
de Pavía, entró a la edad de ocho años al servicio de la Iglesia; y se dedicó con
tanta asiduidad al estudio y a la virtud, que, a la edad de veinticinco años,
en que fué sublimado al sacerdocio, era la admiración de cuantos le veían por
sus grandes méritos, y particularmente por el celo, la dulzura y erudición con que
predicaba la palabra de Dios. Sus trabajos en la predicación de las verdades
cristianas, y el agrado con que las anunciaba, cautivaron muchos corazones, y
por este medio contribuyó nuestro santo a contener el desbordamiento y el
torrente de la iniquidad en tiempos de un desorden universal en Italia, de la
cual fué él apóstol. Elegido obispo de Pavía, redobló aún más sus esfuerzos y
su celo, y después de haber ilustrado y alimentado a sus ovejas con la luz y el
pan de vida, la doctrina y los ejemplos, murió santamente el día 21 de enero del
año 996.
—Y en otras partes se hace la fiesta y la conmemoración de otros muchos santos Mártires, Confesores y santas Vírgenes.
Alabado y glorificado sea Dios eternamente.
AÑO CRISTIANO
POR EL P. J. CROISSET, de la Compañía de Jesús. (1864).







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