—En Arles, san Honorato, obispo y confesor, ilustre durante su vida por su ciencia y sus milagros.
—En Oderzo (pueblo de la Marca Trevisana, en Italia), san Ticiano, obispo y confesor. Nació
este santo en Heraclea, del territorio de Venecia, de sangre ilustre; y desde
niño mostró tanta afición a las cosas eclesiásticas, que siendo aún muy joven
era ya maestro en doctrina y piedad, y fué elegido obispo de Oderzo. Su
episcopado fué corto, pero brilló con el resplandor de los más brillantes.
Murió Ticiano en Oderzo, adonde acudieron sus padres de noche para robar su
cuerpo y llevarlo a su patria Heraclea. Al amanecer del día siguiente el pueblo
de Oderzo corrió armado al encuentro de aquéllos para rescatar las santas reliquias;
y al momento de irse a trabar pelea, por ver quién se quedaría con el sagrado
depósito, se les apareció un anciano, aconsejando a todos que colocasen el
cuerpo de Ticiano en una barquilla, la cual abandonasen a la Providencia, sujetándose
de antemano al resultado que la prueba daría. Lo hicieron, en efecto: el
anciano desapareció, y la navecilla entró sola por el río Livencio, y al llegar
frente a un lugar llamado Séptimo, se paró; y, según se había convenido, se
levantó en este mismo sitio un templo en honor del santo.
—En Rinocolura (hoy Faramida), en Egipto, san Mélas, obispo, que murió en paz bajo el emperador Valente, después de haber sufrido el destierro y otras penas por la fe católica.
—En Fondi, en Campania, san Honorato, abad, de quien hace mención el papa san Gregorio. Fué
natural de Samnos o hijo de un colono. Adelantó tanto en los caminos de la
perfección evangélica desde sus primeros años, que siendo aún de corta edad
edificó en Fundís un monasterio del cual fué superior, reuniendo bajo su
dirección más de doscientos monjes en breve tiempo. El Señor lo distinguió con
el don de milagros, y después de haber sido un verdadero modelo de vida
espiritual y perfecta, descansó pacíficamente en el Señor, en medio de sus
amados discípulos, el día 16 de enero del año 552.
—En Perona, san Furseo, confesor. Fué
natural de las Galias, o hijo de padres piadosos, y tomó el hábito de san Benito,
que ilustró con su ejemplo y su ciencia. Por los años 650 fué elegido abad de
un monasterio de Inglaterra, que dirigió con singular prudencia: se marchó
luego al desierto, en el cual hizo por espacio de algún tiempo vida eremítica,
hasta que elegido abad del monasterio de Perona en Picardía, fué obligado a
encargarse de aquel destino, en el cual murió el día 16 de enero del año 653.
—En Roma, santa Priscila, que consagró sus bienes y su persona al servicio de los mártires. Es
llamada también PRISCA, y bajo los dos nombres es muy conocida por el honroso recuerdo
que de ella se hace en las Actas de los apóstoles y en las Epístolas de san
Pablo. Era esposa de Aquila, célebres ambos por el celo que manifestaron en
favor de los progresos del Evangelio. Los dos consortes vivían en Roma, cuando
el edicto de destierro publicado por el emperador Claudio contra los judíos les
obligó a retirarse a Corinto, donde tuvieron la dicha de hospedar en su casa al
apóstol san Pablo. Cuando éste se vio en la necesidad de huir de Corinto para escapar
al furor de sus perseguidores, Prisca y Aquila, exponiendo sus vidas, le
pusieron en salvo y le acompañaron hasta Efeso. Desde aquí se fueron otra vez a
Roma, donde estaban cuando san Pablo escribió su Epístola a los romanos, el año
58 de Jesucristo. Pasado algún tiempo volvieron a Efeso, y permanecían aún en
esta ciudad al escribir el apóstol su segunda Epístola á Timoteo; ignorándose
las circunstancias posteriores de su vida y el género de muerte que les cupo.
Los griegos y los latinos celebran la memoria de estos santos esposos, y hay en
la Iglesia occidental la tradición de que san Pedro había consagrado un altar
en su misma casa, tradición apoyada en estas palabras de san Pablo en el cap.
XVI de su Epístola a los romanos: Salutate Priscam et Aquilam et domesticam ecclesiam eorum: Saludad á Prisca y á Aquila, y a la iglesia que está en
su casa.
—Y en otras partes se hace la fiesta y la conmemoración de otros muchos santos Mártires, Confesores y santas Vírgenes.
Alabado y glorificado sea Dios eternamente.
AÑO CRISTIANO
POR EL P. J. CROISSET, de la Compañía de Jesús. (1864).









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