viernes, 16 de enero de 2026

MARTIROLOGIO ROMANO: DÍA 16 DE ENERO.

 







—En Roma, sobre la vía salaria, san Marcelo, papa y mártir, que por haber confesado la fe católica fue primeramente apaleado por orden del tirano Majencio, y después enviado bajo buena guarda a limpiar las bestias de carga. Murió en esta penosa función, revestido de un cilicio. 





—En Marruecos, en África, el martirio de los santos Berardo, Pedro, Acurso, Adyuto y Otón, religiosos de la orden de san Francisco.




—En Arles, san Honorato, obispo y confesor, ilustre durante su vida por su ciencia y sus milagros.





—En Oderzo (pueblo de la Marca Trevisana, en Italia), san Ticiano, obispo y confesor. Nació este santo en Heraclea, del territorio de Venecia, de sangre ilustre; y desde niño mostró tanta afición a las cosas eclesiásticas, que siendo aún muy joven era ya maestro en doctrina y piedad, y fué elegido obispo de Oderzo. Su episcopado fué corto, pero brilló con el resplandor de los más brillantes. Murió Ticiano en Oderzo, adonde acudieron sus padres de noche para robar su cuerpo y llevarlo a su patria Heraclea. Al amanecer del día siguiente el pueblo de Oderzo corrió armado al encuentro de aquéllos para rescatar las santas reliquias; y al momento de irse a trabar pelea, por ver quién se quedaría con el sagrado depósito, se les apareció un anciano, aconsejando a todos que colocasen el cuerpo de Ticiano en una barquilla, la cual abandonasen a la Providencia, sujetándose de antemano al resultado que la prueba daría. Lo hicieron, en efecto: el anciano desapareció, y la navecilla entró sola por el río Livencio, y al llegar frente a un lugar llamado Séptimo, se paró; y, según se había convenido, se levantó en este mismo sitio un templo en honor del santo.





—En Rinocolura (hoy Faramida), en Egipto, san Mélas, obispo, que murió en paz bajo el emperador Valente, después de haber sufrido el destierro y otras penas por la fe católica. 





—En Fondi, en Campania, san Honorato, abad, de quien hace mención el papa san Gregorio. Fué natural de Samnos o hijo de un colono. Adelantó tanto en los caminos de la perfección evangélica desde sus primeros años, que siendo aún de corta edad edificó en Fundís un monasterio del cual fué superior, reuniendo bajo su dirección más de doscientos monjes en breve tiempo. El Señor lo distinguió con el don de milagros, y después de haber sido un verdadero modelo de vida espiritual y perfecta, descansó pacíficamente en el Señor, en medio de sus amados discípulos, el día 16 de enero del año 552.





—En Perona, san Furseo, confesor. Fué natural de las Galias, o hijo de padres piadosos, y tomó el hábito de san Benito, que ilustró con su ejemplo y su ciencia. Por los años 650 fué elegido abad de un monasterio de Inglaterra, que dirigió con singular prudencia: se marchó luego al desierto, en el cual hizo por espacio de algún tiempo vida eremítica, hasta que elegido abad del monasterio de Perona en Picardía, fué obligado a encargarse de aquel destino, en el cual murió el día 16 de enero del año 653.




—En Roma, santa Priscila, que consagró sus bienes y su persona al servicio de los mártires. Es llamada también PRISCA, y bajo los dos nombres es muy conocida por el honroso recuerdo que de ella se hace en las Actas de los apóstoles y en las Epístolas de san Pablo. Era esposa de Aquila, célebres ambos por el celo que manifestaron en favor de los progresos del Evangelio. Los dos consortes vivían en Roma, cuando el edicto de destierro publicado por el emperador Claudio contra los judíos les obligó a retirarse a Corinto, donde tuvieron la dicha de hospedar en su casa al apóstol san Pablo. Cuando éste se vio en la necesidad de huir de Corinto para escapar al furor de sus perseguidores, Prisca y Aquila, exponiendo sus vidas, le pusieron en salvo y le acompañaron hasta Efeso. Desde aquí se fueron otra vez a Roma, donde estaban cuando san Pablo escribió su Epístola a los romanos, el año 58 de Jesucristo. Pasado algún tiempo volvieron a Efeso, y permanecían aún en esta ciudad al escribir el apóstol su segunda Epístola á Timoteo; ignorándose las circunstancias posteriores de su vida y el género de muerte que les cupo. Los griegos y los latinos celebran la memoria de estos santos esposos, y hay en la Iglesia occidental la tradición de que san Pedro había consagrado un altar en su misma casa, tradición apoyada en estas palabras de san Pablo en el cap. XVI de su Epístola a los romanos: Salutate Priscam et Aquilam et domesticam ecclesiam eorum: Saludad á Prisca y á Aquila, y a la iglesia que está en su casa.





—Y en otras partes se hace la fiesta y la conmemoración de otros muchos santos Mártires, Confesores y santas Vírgenes. 


   Alabado y glorificado sea Dios eternamente.





AÑO CRISTIANO
POR EL P. J. CROISSET, de la Compañía de Jesús. (1864).




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