—En Roma, santa Taciana, mártir, quien fué desgarrada con uñas y peines de hierro, expuesta a las bestias y arrojada en el fuego, sin recibir ninguna lesión, bajo el emperador Alejandro: en fin, habiendo muerto con la espada, entró en la mansión de la bienaventuranza eterna.
—El mismo día, san Arcadio, mártir, ilustre por su nacimiento y por sus milagros. Fué de Mauritania, de cuna ilustre, pero más ilustre por las gracias con que el cielo lo enriqueció. Su fe y sus milagros llamaron la atención hasta de sus mismos enemigos, que veían en él un verdadero hombre de Dios. Pero al mismo tiempo, espantados por el admirable fruto que producía su palabra, lo prendieron, le hicieron sufrir varios y desconocidos tormentos, y al fin le quitaron la vida el día 12 de enero del año 260.
—En Acaya, san Sátiro, mártir, que, pasando delante un ídolo, soplando encima de él, y haciendo sobre su frente la señal de la cruz, le hizo al punto caer en tierra; y por esto fue decapitado.
—En África, los santos Zótico, Rogato, Modesto, Cástulo, y cuarenta Soldados, mártires.
—En Tívoli, san Zótico, mártir.
—En Efeso, cuarenta y dos santos monjes, que habiendo sido cruelmente atormentados por la defensa de las santas imágenes bajo Constantino Coprónimo, cumplieron en fin su martirio.
—En Ravena, san Juan, obispo y confesor.
—En Verona, san Probo, obispo. Ilustre en santidad y milagros; murió el día 12 de enero del año 236.
—En Constantinopla, los santos Tigre, presbítero, y Eutropio, lector, que sufrieron la muerte en tiempo del emperador Arcadio. Calumniosamente acusados de haber incendiado la Iglesia principal y la curia del Senado, para vengar el destierro de san Juan Crisóstomo, padecieron el martirio por orden de Optato, Prefecto de la ciudad, que adoraba a los falsos dioses y aborrecía la religión Cristiana.
—En Inglaterra, san Benito Biscop, fue un monje anglosajón y uno de los principales propagadores del cristianismo y del monacato en Gran Bretaña. Nació en 628 de una familia distinguida: siguió el ejercicio de las armas, tomó después el hábito de san Benito, e hizo su noviciado en el célebre monasterio de Lerín en la Provenza. De vuelta a su patria, fué elegido abad de Cantorbery, y trabajó con celo en favor de los progresos de la religión. Introdujo en su abadía el canto gregoriano y todas las ceremonias romanas, persuadido de que la Iglesia madre debía servir de regla y de modelo a todas las otras. Murió Benito el año 703, habiendo hecho cuatro veces el viaje a Roma.






No hay comentarios.:
Publicar un comentario