—La fiesta de san Canuto, rey y mártir. Apenas
ascendido al trono de Dinamarca, obtuvo este rey insignes victorias sobre sus
enemigos; no se dejó, empero, deslumbrar por la gloria militar; se lo veía, en
medio de sus triunfos, poner humildemente su corona a los pies de Jesús
crucificado, y ofrendar a este Rey de reyes su persona y su reino. Como supiese
que atentaban contra su vida, fue a la Iglesia de San Albano y, con la mayor
calma, se confesó y comulgó. Estaba orando por sus enemigos, cuando un venablo,
que le arrojaron por una ventana, lo echó por tierra al pie del altar. Sucedió
esto en el año 1086.
—En Roma, sobre la vía Cornelia, los santos mártires Mario, Marta su mujer, y sus hijos Audífax y Abacú, nobles persas, que, habiendo venido a esta ciudad por devoción, en tiempo del emperador Claudio, sufrieron el tormento de palos, el caballete, el fuego, las uñas de hierro; en fin, habiéndoseles cortado las manos, cumplieron su martirio; Marta fué anegada; los demás fueron decapitados y sus cuerpos quemados.
—En Esmirna, san Germánico, martirizado durante la persecución de Marco-Antonino y Cómodo; era un joven en la flor de la edad; habiendo sobrepujado con el auxilio de la gracia el temor que podía causarle la debilidad de la carne, atacó atrevidamente a la bestia que según la sentencia del juez debía devorarle: en esta lucha recibió tantas dentelladas y mordeduras, que mereció ser incorporado al verdadero pan, Jesucristo, por quien sufrió la muerte.
—En África, los santos mártires Pablo, Geroncio, Genaro, Saturnino, Suceso, Julio, Cato, Pia y Germana. La Iglesia celebra hoy la memoria
de estos santos, que murieron por la fe en África en el siglo IV. Debe advertirse,
no obstante, que no fueron martirizados todos en un mismo sitio ni en un mismo
día, aunque se cree que murieron todos durante el año 302.
—En Espoleto, san Ponciano, el cual fué azotado cruelmente por orden del juez Fabiano, en tiempo del emperador Antonino, y se le obligó a marchar sobre carbones hechos ascuas; lo que hizo sin sentir ningún daño. Habiendo sido atado al caballete con ganchos de hierro, fué en este estado arrojado en una prisión, dónde tuvo la dicha de ser fortalecido con visitas de los ángeles: en fin, después de haber sido expuesto a unos leones furiosos, y rociado con plomo derretido, finalmente le degollaron.
—En Lodi, san Basiano, obispo y confesor, quien juntamente con san Ambrosio combatió valerosamente contra los herejes. Nació
en Sicilia y desde muy niño fué enviado a Roma a estudiar las bellas letras y
la filosofía, para seguir después la carrera de la magistratura. Pero el Señor,
que le había elegido para cosas más altas, lo llamó para sí, haciendo que
abrazase la religión cristiana, de la cual fué después firme columna. Cuando se
le estaba administrando el bautismo, apareció junto a él un resplandeciente
ángel en forma de gracioso joven, el cual desapareció concluida la ceremonia.
En seguida se dedicó exclusivamente nuestro santo a los intereses de la
religión; por su mérito y sus esclarecidas virtudes fué ordenado sacerdote de
la iglesia de Ravena; y después por revelación divina elegido obispo de Lodi,
cuyo ministerio desempeñó con muestras visibles de cuan gratas eran al cielo su
persona y sus obras. El Señor le favoreció con la gracia de hacer milagros, los
cuales empleó siempre en manifestar al mundo la gloria de Dios y en socorrer
las necesidades de sus hermanos. Por fin, llorado de todas sus ovejas, descansó
tranquilamente en el Señor el día 19 de enero del año 409. Su sagrado cuerpo
fué sepultado con toda pompa en la iglesia de los Santos Apóstoles en Lodi,
cuyo sepulcro fué glorioso en milagros.
—En Worcester, en Inglaterra, san Wulfstano, obispo y confesor. Nació
de padres cristianos en Inglaterra: desde sus primeros años se dedicó a la carrera
eclesiástica, estudiando al efecto filosofía y ciencias eclesiásticas en el
monasterio de Burh, en el cual tomó después el hábito y fué ordenado de sacerdote.
Dentro de muy poco tiempo fué modelo y maestro de perfección para todos sus
hermanos, que lo eligieron prior y director espiritual de aquella santa casa.
Algunos años después, en 1062, fué elegido obispo de Wigornio; pero fué
necesario un mandamiento expreso de la santa sede para hacerle admitir la nueva
dignidad, en la cual se distinguió luego con todas las virtudes del sacerdocio
y las más eminentes del episcopado. En 1074 apaciguó la rebelión que amenazaba
la tranquilidad y el trono de Inglaterra: en 1088 fué el árbitro pacífico entre
la alta nobleza del mismo reino en el grave negocio de sucesión a la corona. Todos
respetaban su virtud, todos le buscaban en sus contiendas como dador de paz, en
sus trabajos como consolador poderoso de todos los males, y en las adversidades
y miserias de la vida como dispensador eficaz de las divinas misericordias. Después
de un pontificado de treinta y tres años, murió Wulfstano el día 19 de enero del
año 1095. Ilustre por sus virtudes y milagros, y puesto en el número de los santos por el papa Inocencio III.
—Y en otras partes se hace la fiesta y la conmemoración de otros muchos santos Mártires, Confesores y santas Vírgenes.
Alabado y glorificado sea Dios eternamente.
AÑO CRISTIANO
POR EL P. J. CROISSET, de la Compañía de Jesús. (1864).







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