miércoles, 7 de agosto de 2019

NOVENA EN HONOR A SAN CAYETANO DE THIENE. (1480-1547). COMPLETA.




PADRE DE PROVIDENCIA.

COMENZAMOS: 31 de julio.
FINALIZAMOS: 7 de agosto (festividad).

FUNDADOR de la orden de los Clérigos Regulares (Teatinos).
FECHA BEATIFICACIÓN: 1629 por el Papa Urbano VIII.
FECHA CANONIZACIÓN: 1671 por el Papa Clemente X.
PATRÓN: Personas que buscan trabajos, desempleados.


ORACIÓN PREPARATORIA PARA TODOS LOS DÍAS.

Omnipotente y sempiterno Dios, que hiciste que San Cayetano confiando en vuestra Providencia despreciara las cosas de la tierra y se viera enriquecido con abundantes bienes celestiales; concedednos que los que imploramos los efectos de vuestra admirable Providencia seamos socorridos en nuestras necesidades por su intercesión. Os lo pedimos por nuestro Señor Jesucristo. Amén.

—Rezar a continuación la oración del día que corresponda.



DÍA PRIMERO.

Glorioso San Cayetano, que tanto apreciasteis la práctica saludable de la oración, que vuestra vida fue una oración continua y a este provechoso ejercicio dedicabais particularmente hasta ocho horas diarias; haced que estemos plenamente convencidos que todo se alcanza mediante la oración y nada se puede esperar sin ella y que todas nuestras oraciones vayan acompañadas de viva, fe, reverente atención, profunda humildad, filial confianza e inagotable perseverancia. Amén.


—Concluir con las oraciones finales.


ORACIONES FINALES.


Para alcanzar esta gracia y las demás que deseamos obtener por intercesión de San Cayetano, rezaremos tres Padrenuestro a la Santísima Trinidad. Después se dirá la Oración Final, compuesta por San Cayetano.


ORACIÓN COMPUESTA POR SAN CAYETANO.

“Mirad, oh Señor y Padre Santo, desde vuestro santuario y lugar excelso donde habitáis en el cielo y fijad vuestra mirada en esta Hostia Santa que os ofrece nuestro gran Pontífice vuestro Hijo Santísimo y Señor Nuestro Jesús por los pecados de sus hermanos, y perdonadnos nuestras muchas culpas. He aquí la voz de la sangre de nuestro Hermano Jesús que clama a Vos desde la cruz. Escuchad, ¡oh Señor!, aplacaos, atended y enviad vuestro socorro; no lo retardéis, Dios mío, por vuestra gran bondad ya que vuestro nombre ha sido invocado sobre nosotros, sobre esta ciudad y sobre todo este pueblo y obrad con nosotros según vuestra misericordia”.

Oh Dios, Protector de los que en Vos confían sin cuyo poder y gracia nada existe de bueno y santo; derramad copiosamente sobre nosotros vuestra misericordia para que, a ejemplo de San Cayetano, usemos de tal modo de los bienes temporales que no perdamos los eternos de la gloria. Os lo pedimos por nuestro Señor Jesucristo. Amén.



DÍA SEGUNDO

Glorioso Protector mío San Cayetano, cuyo amor a Jesús Sacramentado animó vuestro celo a levantarle suntuosos templos, adornándolos con magnificencia, y a exhortar a los fieles a que recibieran frecuentemente y con piedad la Divina Eucaristía; alcanzadnos que por reverencia al Santísimo Sacramento estemos en el templo con piedad y modestia, y recibamos la Sagrada Comunión con mérito para la vida eterna. Amén.

—Concluir con las oraciones finales.




DÍA TERCERO

Glorioso protector mío San Cayetano, cuya singular devoción a María os mereció su protección, particularmente en la hora de la muerte, en la que os dijo llena de dulzura: “Cayetano, vente conmigo que mi Hijo te espera”; alcanzadnos de esta bondadosa Madre que la invoquemos en todos los instantes de nuestra vida y de este modo Ella nos asista ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.

—Concluir con las oraciones finales.



DÍA CUARTO

Glorioso protector mío San Cayetano que fuisteis acérrimo defensor de la Fe contra todos los embates de la herejía descubriendo con destreza el virus emponzoñado del error: haced que apreciemos el don inestimable de la fe, sin la cual es imposible agradar a Dios, y rechacemos con prontitud y firmeza todas las sutilezas del error. Amén.

—Concluir con las oraciones finales.




DÍA QUINTO

Glorioso y Protector mío San Cayetano, que tanto os distinguisteis en la virtud de la esperanza, que rechazaste los medios humanos que os ofrecían los poderosos de la tierra para el sustento de vuestras comunidades, esperándolo todo de la Providencia; alcanzadnos que vivamos con la inquebrantable esperanza de que Dios nos concederá por los méritos de su Divino Hijo la vida eterna junto con los medios para conseguirla, y que nuestra confianza de alcanzar los bienes temporales no se vea jamás confundida. Amén.

—Concluir con las oraciones finales.




DÍA SEXTO

Glorioso Protector mío San Cayetano cuya ardiente caridad dilato tanto vuestro pecho que de él salió vuestro corazón, agitando dos alas maravillosas, hacia el cielo y perseguisteis siempre a su enemigo mortal, el pecado; alcanzadnos que amemos a Dios de todo corazón y por Dios a nuestro prójimo. Amén.

—Concluir con las oraciones finales.




DÍA SÉPTIMO

Glorioso Protector mío, San Cayetano cuya profundísima humildad os hizo renunciar las dignidades pontificias y os reprochaba como un gran atrevimiento el haber recibido la dignidad sacerdotal; concedednos que no merezcamos por nuestra soberbia que Dios aparte su rostro de nosotros, sino que con nuestra sincera humildad atraigamos sobre nosotros sus misericordiosas miradas.

—Concluir con las oraciones finales.



DÍA OCTAVO

Glorioso Protector mío San Cayetano, que sufristeis con tanta paciencia toda vuestra vida, particularmente cuando el saqueo de Roma y fuisteis azotado y encarcelado por soldados inhumanos; alcanzadnos la gracia de sufrir pacientemente las adversidades de esta vida. Para así labrarnos una gloriosa corona en el cielo. Amén.

—Concluir con las oraciones finales.




DÍA NOVENO.

Glorioso Protector mío San Cayetano, cuya perfecta castidad mereció que la Virgen Madre depositara en vuestros brazos a su Divino Hijo y que vuestro cuerpo exhalara cierto aroma celestial; alcanzadnos que no manchemos nuestro corazón con el pecado impuro y que guardemos nuestra castidad con la mortificación cristiana. Amén.

—Concluir con las oraciones finales.


martes, 6 de agosto de 2019

LA GLORIOSA TRANSFIGURACIÓN DEL SEÑOR. — 6 de agosto




   En este día celebra la santa Iglesia el misterio altísimo y regaladísimo de la Transfiguración de nuestro Señor Jesucristo.

   Había avisado el Salvador a sus discípulos que padecería mucho en Jerusalén de los escribas y príncipes de los sacerdotes, y que moriría en sus manos y que después de muerto había de resucitar.

   Y para que cuando le viesen morir no se escandalizasen y entendiesen que era Señor de la vida y de la muerte, quiso el divino Redentor transfigurarse y darles un breve gusto de su gloria y una como muestra de la bienaventuranza que habían de alcanzar.

   Para esto tomó consigo a Pedro, Santiago y Juan su hermano, los cuales habían de presenciar más de cerca los dolores de su pasión, y los llevó al monte Tabor.


   Habiéndose puesto allí en oración, se transfiguró delante de aquellos discípulos, y vieron su rostro resplandeciente y glorioso, y todo el cuerpo más claro que el mismo sol, y sus vestiduras más blancas que la nieve.

   Vieron juntamente a Moisés y a Elías que estaban a sus lados y le tenían en medio, hablando con Él de la pasión y muerte que para cumplir las profecías había de padecer en Jerusalén.


   Y al haber el Salvador mostrándose glorioso con aquella nueva claridad en el monte, llaman los evangelistas transfigurarse, porque, aunque no tomó otra forma ni figura, pero alteró la que antes tenía, dándole aquel nuevo resplandor y maravillosa claridad.

   Al tiempo que Moisés y Elías se partían y despedían de Cristo, dice el evangelista san Lucas que san Pedro, como más fervoroso y que con más disgusto oía hablar de la pasión y muerte de su maestro, le dijo: Señor, bien estamos aquí; hagamos en este monte tres moradas: una para vos, otra para Moisés y otra para Elías.



   No sabía lo que decía; porque se contentaba con sola aquella vista de la gloria del cuerpo del Señor, y tenía la por suma bienaventuranza, no siendo más que una gota de aquel río que alegra la ciudad de Dios y un pequeño reflejo de aquella gloria que hace bienaventurados a los moradores del cielo.

   Mientras estaba hablando san Pedro, súbitamente vino una nube del cielo clara y resplandeciente, que hizo sombra al Señor, y sonó en ella una voz que dijo: “Este es mi Hijo muy amado, en el cual siempre me he agradado; oídle a Él”.

   Y al sonar esta voz magnífica y testimonio divino del Padre Eterno, los apóstoles, despavoridos y llenos de temor y estupor, cayeron sobre sus rostros en tierra quedando fuera de sí y como muertos; mas entonces el Salvador se llegó a ellos y los tocó con la mano y les dijo que se levantasen y no temiesen; y bajando después del monte les mandó que no descubriesen ni dijesen a nadie lo que habían visto hasta que Él hubiese resucitado; y así lo callaron los apóstoles, como dice San Lucas, “hasta que el Señor hubo resucitado de entre los muertos”.






Reflexión: Siendo la gloria de Cristo el galardón de nuestras buenas obras y padecimientos, vivamos en este valle de lágrimas de tal suerte que merezcamos verle en el monte alto del cielo, no transfigurado, como le vieron los tres apóstoles en el monte Tabor, sino como Él es, y como es glorificador y remunerador de todos sus escogidos, donde como se dice en la Escritura, no hay llantos ni gemidos ni dolores, ni trabajo alguno, sino que todo es júbilo y gloria y felicidad cumplida y eterna.



Oración: Oh Dios que en la gloriosa Transfiguración de tu unigénito Hijo con la autoridad de los profetas confirmaste los ocultos misterios de la fe, y con la voz salida de una resplandeciente nube, admirablemente nos diste a conocer la perfecta adopción de hijos; concédenos la gracia de ser coherederos del Rey de la gloria y la participación de su misma bienaventuranza. Por Jesucristo, tú mismo Hijo y nuestro Señor. Amén.





FLOS SANCTORVM


DE LA FAMILIA CRISTIANA.

lunes, 5 de agosto de 2019

NUESTRA SEÑORA de las NIEVES. — 5 de agosto.




  Celebra la santa Iglesia la fiesta de nuestra Señora de las Nieves el 5 de agosto por la razón que aquí diremos.

   Siendo sumo pontífice Liberio, hubo en Roma un caballero muy noble y rico, llamado Juan patricio, el cual estaba casado con una señora principal e igual suyo en todo, de la cual al cabo de muchos años no tenía hijos; y aunque los deseaban mucho estos caballeros, pero como eran tan temerosos de Dios como ricos, y no menos piadosos que ilustres, se conformaban con su voluntad, entendiendo que no darles sucesión era lo que mejor les estaba; pues así lo ordenaba El con su paternal providencia.

   Eran muy devotos de la Virgen María nuestra Señora y determinaron tomarla por heredera de sus grandes riquezas; y para acertar mejor a servirla, hicieron grandes plegarias, limosnas y buenas obras, suplicándole que los encaminase y mostrase en qué obra quería que ellos gastasen su hacienda en su servicio.


   Oyó la Reina del cielo las oraciones que con tanto afecto Juan Patricio y su mujer le hacían, y una noche, que fue la precedente al quinto día de agosto, cuando los calores son excesivos en Roma, habló entre sueños a los dos, a cada uno de por sí, y les dijo que la mañana siguiente fuesen al collado Esquilino, y que en la parte de él que hallasen cubierta de nieve le edificasen un templo, donde ella fuese honrada de los fieles, y que haciendo esto, se tendría por su heredera y bien servida.

   La mañana siguiente confirieron entre sí los dos buenos casados el sueño o revelación que habían tenido; dieron parte de ello al sumo pontífice Liberio, al cual la Virgen había hecho la misma revelación.


   Se convocó el pueblo, se juntó el clero, y se ordenó una devota procesión.

   Llegados al monte, hallaron cubierto de nieve un espacio muy bastante para una iglesia capaz: se señaló el lugar para ella, y de la hacienda de los caballeros devotos de la Virgen, luego se comenzó a labrar, y se acabó suntuosamente.

   Esta fue la primera iglesia que se edificó en Roma con título y advocación de nuestra Señora.

   Se la llamó al principio Nuestra Señora de las Nieves, más después, como en Roma se hubiesen edificado muchas y muy grandes iglesias de nuestra Señora, dieron a esta de las Nieves título de santa María la Mayor, para mostrar la excelencia que tiene sobre todas las que hay en aquella ciudad; la cual se esmera mucho en honrar a la soberana Señora.

BASÍLICA SANTA MARÍA LA MAYOR

   No es maravilla, pues, que san Gregorio y otros soberanos pontífices mandasen que viniesen en solemne procesión a esta iglesia los fieles de todos los estados y condiciones, que había en Roma, cuando alguna pública calamidad los afligiese.

   Mucho milagro ha obrado el Señor en aquel templo y obra cada día, por intercesión de su purísima Madre, que en aquel lugar santo que ella misma escogió es tan señaladamente y de tantas gentes venerada.



Reflexión: Con este obsequio prestado a la Virgen por aquellos esposos nos enseñó Dios cuan bien empleadas están las haciendas que se gastan en edificar, restaurar y enriquecer los templos, y cuan bien remunera la Reina del cielo los servicios que los fieles le hacen acá en la tierra; demos también nosotros de cuando en cuando alguna limosna para la conservación y mayor esplendor de los templos consagrados a nuestra Señora, la cual, como Reina que es del cielo y de la tierra, recompensará magníficamente nuestros filiales obsequios.



Oración: Te rogamos, Señor Dios, que nos concedas la salud cumplida del alma y del cuerpo; a fin de que, por la intercesión de la gloriosa siempre Virgen María, nos veamos libres de los trabajos presentes y gocemos de la dicha sempiterna. Por Jesucristo, nuestro Señor. Amén.




FLOS SANCTORVM


DE LA FAMILIA CRISTIANA

domingo, 4 de agosto de 2019

SANTO DOMINGO de GUZMÁN, fundador. — 4 de agosto (+ 1221).





   El gloriosísimo patriarca santo Domingo de Guzmán, luz del mundo, gloria de España y fundador de la sagrada Orden de Predicadores, nació en el obispado de Osma en un lugar que se dice Caleruega, y fue hijo de muy ilustres padres.

   Estando su madre en cinta, tuvo un sueño misterioso en que le pareció ver a su hijo representado bajo el símbolo de un perro con un hacha encendida en la boca el cual alumbraba y encendía con ella todo el mundo; y cuando bautizaron al niño, echaron de ver los presentes sobre su frente una estrella de maravilloso resplandor.



   Confiaron su primera educación a un tío suyo, arcipreste de Gumiel de Iza, y le mandaron después a Patencia, donde a la sazón florecían los estudios generales de España, y salió tan aventajado en filosofía y metafísica, como en las divinas virtudes.

   Una vez vendió las alhajas de su casa y hasta los libros para dar de comer a los pobres, y viniendo a él una mujer llorando para que le ayudase a rescatar un hermano suyo que le habían cautivado los moros, hizo instancias a la mujer afligida, que le vendiese a él por esclavo y le trocase por su hermano.

  Tomó en Osma el hábito de canónigo reglar, y por obedecer a su obispo recibió la dignidad de arcediano de aquella iglesia; pero llegando a la edad de treinta años, por imitar a Cristo, comenzó su predicación, y pasó a Tolosa de Francia, donde la herejía de los Albigenses hacía grandes estragos, y con sus sermones, milagros y sobre todo con el arma del santo Rosario, que le inspiró la Virgen, salvó a los católicos, y convirtió cien mil herejes.



   Entre otros prodigios fue muy admirable el no haberse quemado el libro que echó el santo en una hoguera, donde se abrasó al instante el libro de los herejes.



  Celebrándose por este tiempo el gran Concilio Lateranense, vio en sueños el papa como la iglesia de Letrán se abría por todas partes y venía al suelo, y que santo Domingo la sustentaba y como atlante la tenía en peso; por lo cual aprobó la fundación de su nueva Orden de Predicadores.

   Saliendo en otra ocasión el santo de la iglesia de San Pedro en la ciudad de Roma, vio en la calle a san Francisco, que venía a instituir su esclarecida orden, y sin haberse visto jamás, los dos grandes patriarcas, se conocieron y abrazaron.



   Quiso el humildísimo santo Domingo que todos sus hijos eligiesen por general al santo varón Fray Mateo, e irse él a Palestina o predicar a los moros y derramar la sangre por Jesucristo; mas Dios le llamó a Roma, donde se le juntaron cien religiosos a quienes dio el hábito y escapulario blanco, por haberlo señalado la Virgen como vestido de su amada orden.

   Finalmente siendo de edad de cincuenta y un años, se le apareció Jesucristo convidándole a los gozos de su reino; y acostado el santo en unas tablas mandó a sus hijos que comenzasen el oficio de los que están en la agonía; y al rezar la antífona que dice: Socorred, santos de Dios, salid al camino, ángeles bienaventurados, salió su alma de la cárcel del cuerpo.



Reflexión: Dijo la Virgen a santo Domingo que el Rosario era el arma más poderosa contra la herejía y contra los vicios.




   Ahora, pues, hay mayor necesidad que nunca de rezarlo.


Oración: Oh Dios, que te dignaste ilustrar a tu Iglesia con los méritos y con la doctrina del bienaventurado santo Domingo, tu confesor; concédenos, que por su intercesión nunca sea destituida de los auxilios temporales, y sea acrecentada en los bienes espirituales. Por Jesucristo Nuestro Señor. Amén.


FLOS SANCTORVM

DE LA FAMILIA CRISTIANA

viernes, 2 de agosto de 2019

INDULGENCIA DE LA PORCIÚNCULA- 2 DE AGOSTO.




Para llevar a pronta ejecución la cruzada de Tierra Santa, el más encendido anhelo de su vida y una de las decisiones del Concilio IV de Letrán, Inocencio III emprendió un viaje a la Alta Italia, a fin de arreglar personalmente las contiendas que dividían a las dos potentes ciudades marítimas, Génova y Pisa. Llegó a fines de mayo a Perusa, y aquí sucumbió el 16 de julio de 1216, a los cincuenta y seis años de edad. Eccleston asegura que Francisco se halló presente a la muerte de Inocencio.

Por entonces, 1 de agosto, prima die Kalendarum Augusti, fija fray Benito de Arezzo la concesión de la celebérrima Indulgencia de la Porciúncula. Nos ocupamos más adelante de las controversias sobre la historicidad de este suceso. Por encima de todas las divergencias, dos aspectos esenciales de la cuestión quedan firmemente indiscutidos:

1.° El gran perdón de las almas se concentra, como en un hogar celeste de misericordia y refugio, en la ermita de Santa María de la Porciúncula, cuna de la Orden Franciscana.

2.° Todo el amor de San Francisco a sus hermanos los hombres tiemblan de emoción y ansias ardorosas en el relato de la concesión de la Indulgencia. Será o no será rigurosamente histórico el relato material; su plenitud de sentido moral y religioso es rigurosamente histórica y exacta. Como ocurre muchas veces, el mito o la leyenda es aquí más significativa y verdadera que la misma historia. He aquí el núcleo del relato:

«Estando el bienaventurado Francisco en Santa María de la Porciúncula, le fue revelado del Señor que se acercase al Sumo Pontífice Honorio III, que entonces se hallaba en Perusa, a fin de impetrar de él la indulgencia para la dicha iglesia de Santa María que había reconstruido. El papa Honorio permaneció en Perusa hasta el 12 de agosto. Levantándose Francisco de mañana, llamó a su compañero fray Masseo de Marignano, se presentó con él al dicho señor Honorio y le dijo:

-- Santo Padre, hace poco reparé para Vos una iglesia en honor de la Virgen, madre de Cristo; suplico a Vuestra Santidad que pongáis allá indulgencia sin ofertas.

Le respondió que convenientemente no podía hacerse esto, pues el que pide indulgencia, menester es que la merezca aportando ayuda:

-- Pero indícame cuántos años quieres y qué indulgencia deseas se ponga allá.

A lo que respondió San Francisco:

-- Santo Padre, plegue a Vuestra Santidad darme no años, sino almas.

Y el señor Papa le dijo:

-- ¿Cómo quieres las almas?

El bienaventurado Francisco respondió:

-- Santo Padre, si a Vuestra Santidad le agrada, quiero que cualquiera que venga a esta iglesia confesado y contrito y absuelto como conviene por el sacerdote, quede libre de pena y de culpa en el cielo y en la tierra desde el día del bautismo hasta el día y la hora que entró en esta dicha iglesia.

El señor Papa le respondió:

-- Mucho pides, Francisco, pues no es costumbre de la Curia romana conceder tal indulgencia.

El bienaventurado Francisco le replicó:

-- Señor, no lo pido de mí; lo pido de parte del que me envió, el Señor Jesucristo.

Entonces el señor Papa exclamó tres veces:

-- Pláceme que la tengas.

Los señores cardenales que estaban presentes respondieron:
                                       
-- Mirad, señor, que, si a éste le concedéis tal indulgencia, destruís la indulgencia de Ultramar, y se reduce a la nada y por nada será tenida la indulgencia de los apóstoles Pedro y Pablo.
                                                                            
Respondió el señor Papa:

-- La hemos dado y concedido, y no es conveniente revocar lo hecho. Pero la modificaremos fijándola en un solo día natural.

Llamó entonces a San Francisco y le dijo:

-- ¡Ea!, concedemos desde ahora que cualquiera que viniere y entrare en dicha iglesia bien confesado y contrito, quede absuelto de pena y de culpa, y queremos que esto sea valedero perpetuamente todos los años, solamente por un día natural, desde las primeras vísperas del día hasta las vísperas del día siguiente.

Entonces Francisco, después de inclinar con reverencia la cabeza, comenzó a salir del palacio. Viendo el Papa que se iba, le llamó y le dijo:

-- O simplicione! ¿Adónde vas? ¿Qué garantías llevas tú de la indulgencia?

Y el bienaventurado Francisco respondió:

-- Me basta vuestra palabra. Si es obra de Dios, Él mismo la manifestará. No quiero otro instrumento, sino que la bienaventurada Virgen María sea la carta, Cristo el notario y testigos los ángeles.

Él tornó de Perusa hacia Asís, y llegando a medio camino, al lugar que se llama Collestrada, donde había hospital de leprosos, descansando un poco con su compañero, se durmió. Despertóse, y después de la oración llamó al compañero y le dijo:

-- Fray Masseo, dígote de parte de Dios que la indulgencia que me ha concedido el sumo Pontífice ha sido confirmada en los cielos» (Diploma del obispo Teobaldo).

Luis de Sarasola, O.F.M., San Francisco de Asís.
Madrid, Ed. Cisneros, 1960.


SAN ALFONSO MARÍA DE LIGORIO, obispo y doctor. (+ 1787). — 2 de agosto.




   El celosísimo obispo, fundador de la Congregación del Santísimo Redentor, y doctor de la Iglesia, san Alfonso María de Ligorio, nació en Nápoles y fué hijo de don José de Ligorio, caballero del orden patricio, y de doña Ana Catalina Cavalieri, señora muy principal de la ciudad de Brindis.

   Trayendo un día esta señora su niño Alfonso al apostólico varón san Francisco de Jerónimo para que le bendijese, dijo el santo con espíritu profético: «Este niño llegará a una edad muy avanzada, no morirá antes de los noventa años, será obispo, y obrará cosas grandes y utilísimas a la Iglesia de Dios.»

   Los sucesos de la vida de san Alfonso comprobaron la verdad de aquella profecía.



   Se adelantó en letras y virtudes en la Congregación de jóvenes nobles que se educaban en la casa de los Padres de san Felipe Neri, y a los dieciséis años de su edad, había alcanzado ya el grado de doctor en ambos derechos, con grande aplauso y reputación de sabiduría.

Habiendo seguido luego la carrera del foro, por consejo y voluntad de su padre, como le hiciesen caer en la cuenta de un error involuntario que había cometido en la defensa de un pleito feudal, se entristeció mucho de esto, y determinó dejar el oficio de abogado; y así se desnudó de la toga, colgó la espada junto al altar de la Virgen de la Merced, y renunció al derecho de primogénito, para darse del todo a Dios y comenzar una vida muy santa y apostólica.


   Ordenado de sacerdote, con diez compañeros a quienes había comunicado su celo y espíritu, echó los cimientos de la Congregación de misioneros, que se llamó del Redentor, y fué aprobada por el papa Benedicto XIV.

   Predicaban aquellos nuevos apóstoles con gran fervor y espíritu de cielo, y recorrían las aldeas y los campos evangelizando a los pobres el reino de Dios; y los sermones de nuestro santo, iban siempre acompañados de suspiros, lágrimas y numerosas conversiones.



   En la misión de Amalfi, vio todo el pueblo con grande asombro una luz maravillosa que salía de la imagen de la Virgen y esclarecía el rostro del santo misionero, el cual estaba arrobado y suspenso en Dios, le Nombró el rey de las dos Sicilia obispo de Palermo, y el sumo pontífice Clemente XIII, le hizo obispo de la iglesia de santa Águeda de los Godos, y después de santificar aquella diócesis por espacio de algunos años, impedido por la edad avanzada y las dolencias, y mucho más por su piedad, se retiró a su amada Congregación en la casa de Nocera de Pagani, donde a la edad de noventa años y diez meses, descansó en el Señor, habiendo conservado la inocencia bautismal, y edificado a toda la cristiandad con sus heroicas virtudes, arrobamientos, milagros, profecías, y libros admirables.



Reflexión: El sumo pontífice Pío IX, dio a san Alfonso María de Ligorio el título de doctor de la Iglesia por las sapientísimas obras que dejó escritas, como la Teología moral y la Práctica de los confesores; pero recomendamos encarecidamente a todos los fieles sus libros sobre la Verdad de la fe, la Conformidad con la voluntad de Dios, las Visitas al Santísimo Sacramento, y singularmente la Preparación a la muerte y las Glorias de María. 



   ¡Pluguiera a Dios que estos libros, que son tesoros de sabiduría y de unción celestial, anduviesen en manos de todos los fieles católicos!


Oración: Oh Dios, que por medio del bienaventurado Alfonso María, tu confesor y pontífice, encendido en el celo de las almas diste a tu Iglesia una nueva proble; te rogamos que enseñados por su saludable doctrina y alentados por sus ejemplos, podamos llegar felizmente a Ti. Por Jesucristo, nuestro Señor. Amén.

FLOS SANCTORVM
DE LA FAMILIA CRISTIANA.