domingo, 6 de mayo de 2018

SAN JUAN, ante Portam Latinam. (Año 92)— 6 de mayo.




   Celebra en este día la santa madre Iglesia la fiesta de san Juan de Porta Latina, y en ella el asombroso martirio que padeció el discípulo amado del Señor junto a una puerta de Roma, llamada Latina, por salirse por ella a los pueblos del Lacio.

   Estaba el gloriosísimo san Juan Evangelista en la ciudad de Efeso gobernando las iglesias de Asia, cuando en la persecución de Domiciano fué preso y a pesar de su mucha edad le llevaron a Roma, donde por no querer obedecer a Domiciano y adorar los falsos dioses, fue condenado a ser echado en una tina de aceite hirviendo, para que con aquel tormento acabase su dichosa vida.

   Se señaló el día para hacer este sacrificio, que fué el 6 de mayo.

   Estuvo el senado presente en el espectáculo, al cual concurrió toda la ciudad por la gran fama del santo apóstol, y habiéndole primero azotado, como era costumbre de los romanos con los que condenaban a muerte, lo desnudaron y echaron en la tina de óleo hirviendo que allí tenían dispuesta.




   Entró con grande alegría y seguridad el glorioso evangelista, acordándose que Cristo nuestro Señor le había dicho a él y a su hermano Santiago que beberían el cáliz de su pasión; mas el Señor obró entonces un maravilloso prodigio que espantó a toda la ciudad; porque las llamas perdieron su fuerza y el aceite que ardía se convirtió en un rocío del cielo; y aunque se abrasaron algunos de los ministros impíos que atizaban el fuego, el venerable apóstol de Cristo salió resplandeciente, como suele salir el oro fino del fuego.


   Le mandó después el emperador Domiciano a una isla apartada que se llamaba Pathmos, donde el glorioso evangelista tuvo las grandes revelaciones que escribió en el sagrado libro del Apocalipsis, que, como dice san Jerónimo, tiene tantos misterios como palabras.




   Estuvo san Juan en este destierro hasta la muerte de Domiciano, y en este tiempo convirtió a aquellos isleños de Pathmos a la fe de Cristo.




   Luego que mataron en Roma a Domiciano, con el aborrecimiento que todos le tenían, el senado revocó sus decretos y condenaciones, y con esto el santo evangelista volvió de su destierro a Asia, y fué recibido por los cristianos como si viniera del cielo, mirándole como a apóstol tan querido del Señor, y como a profeta y mártir que había padecido por El, y a quien no había faltado la voluntad y ocasión de morir por Cristo, sino el efecto de la muerte que no le quiso conceder el Señor para que escribiese después el sagrado Evangelio, y volase como águila a lo más alto del cielo para declararnos la eterna generación del Verbo divino.




   Del martirio de san Juan hacen mención Tertuliano y san Jerónimo.


*

   Reflexión: San Juan evangelista es el único apóstol que no murió mártir; pero mira con qué generoso corazón se ofrecía a la muerte, entrando en la caldera con aceite hirviendo.


   ¿Quién no recibirá pues con toda confianza el divino Evangelio que escribió? ¿Quién rehusará darle fe después de habernos él dado su ilustre testimonio por estas palabras: «Os anunciamos lo que hemos visto por nuestros ojos, lo que hemos oído por nuestros oídos, lo que hemos palpado con nuestras manos acerca del Verbo de eterna vida, a fin de que creyendo en él alcancéis la vida eterna?».



   Quien menosprecie este testimonio, merece ser despreciado; quien lo repruebe, merece ser eternamente reprobado.

*

   Oración: Oh Dios, que estáis viendo nuestra turbación por las calamidades que por todas partes nos rodean, te suplicamos nos concedas que seamos defendidos de ellas por la gloriosa protección de tu apóstol y evangelista san Juan. Por Jesucristo, nuestro Señor. Amén.

FLOS SANCTORVM
DE LA FAMILIA CRISTIANA.

viernes, 4 de mayo de 2018

SANTA MÓNICA, viuda, madre de san Agustín. (+ 387)— 4 de mayo.




   Santa Mónica, gloriosa madre de san Agustín, fué de nación africana e hija de padres cristianos, que la criaron con toda honestidad y virtud.

   Siendo niña se levantaba de noche a rezar las oraciones que su madre Facunda la enseñaba, y era tan amiga de hacer limosna, que de su propia comida quitaba parte para dar a los pobres.

   Deseó perseverar en virginidad; pero condescendió con la voluntad de sus padres, que la casaron con un varón llamado Patricio, el cual, aunque era hombre noble, era gentil.


   Tuvo mucho que sufrir con él santa Mónica, mas fué tal su prudencia, sufrimiento y buen término, que no solo ablandó el carácter áspero y colérico del marido, sino que también le ganó para Jesucristo. Más le costó rendir a su propio hijo san Agustín, porque siendo mozo se enredó en los vicios y liviandades y en los desatinos de los herejes Maniqueos, y la santa madre derramaba ríos de lágrimas por su hijo, y clamaba de día y de noche sin cesar al Señor, suplicándole que le sacase de aquella profundidad de errores y torpezas en que estaba.


   Era esto de manera que no podía reposar ni sosegar en espíritu, y así acudiendo una vez a su santo obispo, rogándole que le enseñase y convenciese, el buen obispo la consoló diciendo: «Por vida vuestra, señora, que no es posible que perezca un hijo de tantas lágrimas.».

   Quiso san Agustín dejar la ciudad de Cartago, donde leía retórica y pasar a Roma para valer más.

   Procuró la santa estorbárselo por todos los medios que pudo; y en fin él la engañó y se fue a Roma, donde tuvo una grave enfermedad, de la cual le libró el Señor por las oraciones de su buena madre, la cual se determinó de pasar el mar y buscarle por Italia.


   Le halló en Milán, a donde había sido enviado de Roma para enseñar retórica, y en aquella ciudad, con la comunicación y sermones de san Ambrosio, se convirtió y bautizó, a los treinta y cuatro años de edad.

   Volviendo, pues, santa Mónica muy consolada y alegro con su hijo san Agustín, para África, y habiendo llegado a la ciudad de Ostia aguardando embarcación, hablando a solas con su hijo del amor y deseo de las cosas celestiales, le dijo que nuestro Señor le había cumplido su deseo de verle cristiano, y cayó luego enferma tan gravemente, que a los nueve días pasó de esta vida mortal a la vida perdurable, siendo de edad de cincuenta y seis años.


   Desde que murió esta santa se hizo memoria de ella con singular veneración en toda la Iglesia.


   Reflexión: De su madre, dice san Agustín, que gobernaba su casa con gran piedad, ejercitándose continuamente en loables obras, que criaba sus hijos en el temor de Dios, regenerándoles tantas veces, cuantas ellos se apartaban del camino de la virtud, que era muy amiga de hacer amistades entre las personas que se tenían mala voluntad, y que nunca refería cosa que hubiese oído de los unos a los otros, procurando en todo unir los corazones desunidos y quitarles la amargura del odio con la dulzura de la santa caridad. 


   Tengan presente este ejemplo todas las madres y señoras cristianas, para que sus familias sean un cielo de paz, y críen sus hijos, no para ser unos condenados del infierno, sino para verles gozar de su gloriosa compañía en la gloria.
   Y si se apartaren, como san Agustín en su mocedad, del camino del bien, no cesen como santa Mónica, de rogar por ellos al Señor, hasta lograr su conversión.


   Oración: Oh Dios, consuelo de los afligidos y salud de los que en ti esperan, que atendiste misericordiosamente a las piadosas lágrimas de la bienaventurada Mónica en la conversión de su hijo Agustín, concédenos por la intercesión de entrambos que lloremos nuestros pecados y hallemos el perdón de ellos en tu gracia. Por Jesucristo, nuestro Señor. Amén.

FLOS SANCTORVM
DE LA FAMILIA CRISTIANA.

LA INVENCIÓN DE LA SANTA CRUZ. (Año 326 de J. C.)— 3 de mayo.





   La bienaventurada santa Elena, madre del emperador Constantino, visitando a la edad de ochenta años los santos lugares, consagrados con la vida y sangre de Cristo, movida por divina inspiración, quiso buscar la santa cruz de nuestro Redentor adorable. 






   Se hallaba muy congojada y perpleja porque nadie podía decir dónde estaba, y los inmundos gentiles habían puesto en el Calvario un ídolo de Venus para que ningún cristiano se acercase para hacer oración en aquel sagrado lugar. 


      Mas como fuese costumbre de los gentiles, cuando hacían morir por justicia algún hombre facineroso, enterrar los instrumentos del suplicio junto al lugar donde se sepultaba el cuerpo, mandó santa Elena cavar cerca del sepulcro del Señor, y al fin se hallaron allí tres cruces, y el título de la cruz de Cristo tan apartado que no podía declarar cuál de aquellas cruces fuese la del Señor. 






   En esta perplejidad el patriarca de Jerusalén, san Macario, que allí estaba, mandó hacer oración, y luego hizo traer allí una mujer tan enferma que los médicos la tenían por desahuciada. 



   A ésta mandó aplicar la primera cruz y la segunda, sin verse fruto alguno, y aplicándole la tercera, repentinamente quedó del todo sana y con enteras fuerzas. Con este milagro ceso la duda y se entendió que aquella era la cruz de nuestro Salvador. 






   Increíble fue el gozo de santa Elena, la cual hizo gracias al Señor por tan señalado regalo y beneficio, y mandó edificar un suntuoso templo en aquel mismo lugar, donde dejó parte de la cruz ricamente engastada y adornada, y la otra parte con los clavos envió a su hijo el emperador Constantino, el cual mandó ponerla en un templo que labró en Roma, y que después se llamó Santa Cruz de Jerusalén. 






   Ordenó además que desde entonces ningún malhechor fuese crucificado, y que la cruz que hasta aquel tiempo era el más vil e ignominioso suplicio, fuese de allí adelante la gloria y corona de los reyes, y así trocó las águilas del guión imperial por la cruz, con ella mando batir monedas y poner un globo del mundo en la mano derecha de sus estatuas y sobre el globo la rauma cruz, para que se entendiese que el mismo mundo había sido conquistado por la santa Cruz de nuestro Redentor Jesucristo, y que esta misma cruz había de ser el escudo y defensa de la república cristiana.





   


   Reflexión: La Iglesia celebra hoy esta fiesta para enseñarnos a reverenciar el tesoro divino de la santa Cruz, en el cual está la salud, la paz, la verdadera sabiduría, la justicia y la santificación del género humano.



   Declarando Tertuliano la costumbre que tenían los cristianos en santiguarse y armarse de la señal de la cruz, dice: «En todos los pasos que damos, en nuestras entradas, en nuestras salidas, cuando nos calzamos, cuando nos lavamos y nos ponemos a la mesa, cuando nos sentamos y nos traen lumbre y nos acostamos, y finalmente en todas nuestras acciones continuamente hacemos la señal de la cruz en la frente.».






   Notables palabras son éstas, que manifiestan la santa costumbre de los cristianos más antiguos y fervorosos. ¿Por qué no hemos de imitarles, haciendo también con toda reverencia la señal de la cruz al levantarnos y acostarnos, en la tentación, y al comenzar cada una de nuestras obras, al comenzar algún viaje y en tantas otras ocasiones o peligros en que tenemos harta necesidad de la ayuda y favor del cielo?


*


   Oración: Oh Dios, que en la invención de la saludable cruz, renovaste los milagros de tu pasión, concédenos que por el valor de aquel leño de vida, alcancemos eficaz socorro para lograr vida perdurable. Por Jesucristo, nuestro Señor. Amén.



miércoles, 2 de mayo de 2018

SAN ATANASIO, patriarca de Alejandría. (+ 373) — 2 de mayo.




   El valeroso defensor de la fe católica san Atanasio, nació de nobles padres en Alejandría, para ser una de las más brillantes lumbreras del orbe cristiano. 

   Acabados sus estudios, se retiró por algún tiempo en el yermo, donde conversó con san Antonio abad, a quien dio dos túnicas para el abrigo y reparo de su cuerpo.

   Era todavía diácono cuando asistió al gran concilio de Nicea, donde confundió al mismo Arrio en las disputas que tuvo con él; y habiendo fallecido cinco meses después del concilio san Alejandro, obispo de Alejandría, fué elegido Atanasio por común consentimiento de todo el pueblo.

   Los herejes que ya le conocían, se hicieron a una para derribarle, y en el conciliábulo de Tiro, entre otros cargos, le acusaron de haber violado una mujer, la cual, por persuasión de los arríanos y dineros que le dieron, exclamaba allí que habiendo hospedado a Atanasio, le había quitado por fuerza la virginidad.

   Pero luego se conoció el embuste de la mala hembra, porque Timoteo, presbítero de Atanasio, fingiendo que era él mismo Atanasio, le dijo:

   «Di, mujer, ¿yo fui huésped en tu casa? ¿Yo he mancillado tu castidad?».

    Y como ella respondiese a grandes voces y con muchas lágrimas fingidas que sí, y lo jurase, y pidiese a los jueces que le castigasen, vino a descubrirse toda aquella maraña, y paró en risa aquella acusación.

   Es imposible decir las calumnias y persecuciones que armaron los herejes contra este santísimo patriarca.





   Cuatro emperadores le persiguieron: Constantino Magno con buen celo, pensando que acertaba, y Constancio su hijo, Juliano el Apóstata y Valente como enemigos de Dios.

   Escribió el símbolo que llaman de Atanasio, el cual como regla certísima de nuestra santa fe ha sido recibido y usado de toda la Iglesia.

   Padeció largos destierros; cinco mil hombres de guerra entraron para prenderle en su iglesia, y tuvo que esconderse en los yermos, en una cisterna, donde estuvo seis años, y hasta en la misma sepultura de su padre.





   Cuando volvía a su Iglesia, le recibían como si viniera del cielo, y era tal el fruto de su predicación y ejemplo, y tan grande la porfía en las gentes sobre el darse a la virtud, que como él mismo escribe, cada casa y cada familia parecía una iglesia de Dios.

   Así ilustró y defendió la fe cristiana durante medio siglo, y acabó su vida en santa vejez hasta que el Señor fué servido de llevarle para sí y darle el galardón de sus largos trabajos.



   Reflexión: En la vida de este santo se ve la firmeza que el verdadero católico debe tener en todo lo que toca a la pureza y entereza de nuestra santa religión; y los embustes y artificios que usan los herejes para contaminarla y corromperla, valiéndose del favor de los malos príncipes, los cuales, aunque algunas veces por razón de estado, favorecían a Atanasio, pero nuestro Señor que quiere ser servido de los príncipes con verdad, al cabo los castigó, a Constancio con una apoplejía, a Juliano con una saeta, y a Valente con haberle quemado los bárbaros en una choza; pero san Atanasio quedó triunfador de estos infelices tiranos y de todos los herejes que con tan porfiada rabia y crueldad le persiguieron. Seamos, pues, como este gloriosísimo doctor fiel a Dios, y a su santa Iglesia, y el Señor nos esforzará de manera que toda la potencia de nuestros enemigos no podrá prevalecer contra nosotros.



   Oración: Te rogamos, Señor, que oigas benigno las súplicas que te hacemos en la solemne fiesta de tu bienaventurado confesor y pontífice Atanasio, y que por los méritos de aquel que te sirvió con tanta fidelidad, nos libres de nuestros pecados. Por Jesucristo, nuestro Señor. Amén.



FLOS SANCTORVM
DE LA FAMILIA CRISTIANA.



martes, 1 de mayo de 2018

SAN FELIPE Y SANTIAGO el MENOR, apóstoles y mártires. (+ 54 y 62) — 1- de mayo.






El glorioso apóstol de Cristo san Felipe fué natural de Betsaida, donde nacieron asimismo san Andrés y san Pedro. 

APÓSTOL SAN FELIPE

   Luego que san Felipe conoció a Cristo, comenzó a hacer oficio de apóstol, que es traer a otros al conocimiento y amor de Dios; y así trajo a Natanael a Cristo, de quien dijo el Señor que era verdadero israelita y hombre sin doblez ni engaño. 


   Antes de hacer nuestro Señor el gran milagro de la multiplicación de los panes en el desierto, preguntó a Felipe de dónde comprarían pan para sustentar a aquella gran muchedumbre de pueblo, para darnos a entender con su respuesta la falta de pan que había, y la grandeza del milagro del Señor. 

   Después de la resurrección de Lázaro algunos gentiles vinieron a ver a Jesucristo, y tomaron por medio a san Felipe, declarándole su deseo, y Felipe y Andrés lo dijeron al Señor, el cual hizo gracias al Padre Eterno porque ya los gentiles comenzaban a conocerles. 

   En aquel soberano sermón que el mismo Señor hizo a los apóstoles después de la sagrada cena, le dijo san Felipe: «Señor, mostradnos al Padre»; y de estas palabras tomó ocasión el Señor para revelarnos altísimos misterios de su divina naturaleza. 




   Después de la venida del Espíritu Santo, cupo a san Felipe la provincia del Asia superior, en la cual predicó el santo Evangelio; de allí pasó a la Escitia y últimamente a la ciudad de Hierapolis, donde los gentiles adoraban por dios una víbora, y donde echaron mano al santo apóstol, y después de haberle azotado ásperamente, le crucificaron y mataron a pedradas.

 
APÓSTOL SANTIAGO el MENOR


   Celebramos hoy también la memoria del apóstol Santiago el Menor, que nació en Cana de Galilea, el cual es llamado hermano del Señor, conforme a la costumbre de los hebreos que llamaban hermanos a los que eran primos, y por haber sido llamado al apostolado después de Santiago hermano de san Juan, se llama Santiago el Menor. 

   Era apellidado también con el nombre de Justo, porque su vida era un retrato del cielo, y en las facciones del rostro se parecía a Cristo, y así muchos cristianos venían a Jerusalén a ver a Santiago. 

   Nunca comió carne ni bebió vino, y de estar de rodillas, las tenía duras como de camello; jamás consintió que se le cortase el cabello, ni quiso bañarse ni ser ungido con óleo. 



   Era tan grande la opinión que tenían los judíos de su santidad, que a él solo le dejaban entrar en el sancta sanctorum (Santo de los santos). 

   Le nombró san Pedro obispo de Jerusalén y en el primer concilio que allí se celebró dijo su parecer después de san Pedro. 


   Finalmente, después de haber gobernado la Iglesia de Jerusalén por espacio de treinta años, por haber predicado a Jesucristo en el Templo, los fariseos, bramando como leones, tomaron piedras contra él, y le arrojaron del lugar eminente en que predicaba: y mientras levantaba las manos al cielo rogando por sus enemigos, uno de ellos le dio con una pértiga en la cabeza, esparciéndole los sesos por el suelo.




   Reflexión: Esta fué la recompensa que llevaron los santos apóstoles de Jesucristo: padecer y morir por el Señor. 

   ¿No vale más esto que todos los demás bienes del mundo? 

   Y por eso nos enseña el mismo Santiago en su epístola canónica, el gran bien que se encierra en las adversidades y tribulaciones cuando se llevan con paciencia, y nos exhorta a gozarnos en gran manera, cuando somos tentados y probados con muchas y varias aflicciones del Señor. 

   Lo que nos cuesta es lo que vale, y lo que vale es lo que se premia con eterna gloria.



   Oración: Oh Dios, que cada año nos alegras con la solemne festividad de tus apóstoles Felipe y Santiago, concédenos tu gracia para imitar los ejemplos de aquéllos, de cuyos merecimientos nos regocijamos. Por Jesucristo nuestro Señor. Amén. 




FLOS SANCTORVM
DE LA FAMILIA CRISTIANA.

SAN JOSÉ ARTESANO- —1ªde mayo.





Esposo de la Santísima Virgen María



El Papa Pío IX, en 1847, engrandeció y universalizo la fiesta del Patrocinio de San José transformada por el Papa Pío XII en el año 1956 en la fiesta del 1ª de mayo, en la que los hijos de Adán y Eva, condenados a la ley del trabajo, veneran e invocan al dulce carpintero de Nazaret, que les enseña a buscar en él un motivo de dicha para esta vida y la del más allá.


La sabiduría dio a los justos la recompensa de sus trabajos y los condujo por un camino admirable y fue para ellos sombra durante el día y luz de estrellas por la noche.



Si el Señor no edifica la casa, en vano trabajan quienes la edifican. (Salmo).




ORACIÓN:



Oh Dios, creador de todas las cosas, que has impuesto a los hombres la ley del trabajo, haz por tu bondad que, siguiendo el ejemplo de San José y bajo su patrocinio, realicemos con perfección la obra que nos mandas y alcancemos la recompensa que nos prometes. Por Nuestro Señor.