—En Egipto, la fiesta de los santos Victorino, Víctor, Nicéforo, Claudiano, Dióscoro, Serapion y Papías, martirizados en tiempo del emperador Numeriano. Los dos primeros, habiendo sufrido con fortaleza en defensa de la fe tormentos crueles y extraordinarios, fueron decapitados; Nicéforo, después de padecer el fuego y las parrillas ardiendo, fué cortado en pedazos; Claudiano y Dióscoro fueron quemados, Serapion y Papías, decapitados.
—En África, los santos Donato, Justo, Irene o Irena y compañeros, mártires.
—En Roma, la fiesta del santo papa Félix III. Este
santo pontífice, tercero de este nombre, natural de Roma, y bisabuelo de san
Gregorio el Grande, fué elegido después de san Simplicio, en el año 483. Empezó
su pontificado por rechazar el edicto de unión publicado por el emperador
Zenón, y excomulgó a todos los que lo recibían. Pronunció sentencias de anatema
y deposición contra Acacio de Constantinopla, por no querer obedecer a las
órdenes que le había dado de no comunicar con Pedro Monje, hereje ya excomulgado.
Este papa congregó un concilio en Roma en el año 487, para tratar de la reconciliación
de los que se habían dejado rebautizar en África, durante la persecución. Fué
muy respetado de Atalarico, rey de los godos, por su virtud y su celo pastoral,
y obtuvo de este mismo rey, aunque arriano, algunas gracias y muchos actos de
justicia. Por fin, después de una vida santa, murió también santamente en el
mes de febrero del año 492.
—En Constantinopla, san Taracio, obispo, célebre por su erudición y piedad. Tenemos la carta que le escribió el papa Adriano en defensa de las santas imágenes. Era
lego y secretario del palacio imperial, cuando fué elegido contra su voluntad,
por haberle designado para sucederle su antesucesor antes de morir. Fué consagrado
el día de Navidad del año 784, y en 785 envió sus cartas sinódicas al papa
Adriano, que le recibió a la comunión. En 787 asistió al séptimo concilio
general, congregado a sus instancias, y después de los legados del papa, ocupó
él el primer lugar. En el año 795 se opuso al emperador Constantino V, que
quería repudiar a María su esposa, para casarse con su concubina Teodora, y
habiéndose celebrado secretamente estas bodas, el patriarca al principio disimuló;
pero al fin habló contra ellas, y su conducta le acarreó terribles
persecuciones, que sobrellevó con admirable fortaleza. Murió Taracio santamente
el día 25 de febrero del año 806.
—En Nazianzo, san Cesario, hermano de san Gregorio el Teólogo, a quien el mismo san Gregorio afirma haber visto entre los coros de los bienaventurados. El
deseo de saber condujo a este santo a Alejandría, y entre las ciencias le llamaron
principalmente su atención la oratoria, la filosofía y la medicina, distinguiéndose
tanto en esta última que fué considerado el primer hombre de su siglo. En la
ciudad de Constantinopla fué donde se perfeccionó en dicha facultad, pero no
quiso establecerse en la mencionada ciudad, por más que se lo rogara el
emperador y el pueblo todo. Después de algún tiempo Cesario fué llamado a
Constantinopla por Juliano el Apóstata, quien no sólo le nombró su primer
médico, sino que a más le honró sobremanera, y no quiso fuese comprendido en
los varios edictos que había publicado contra los cristianos. El emperador, a fin
de atraerle a sí, y obligarle a seguir sus ideas gentílicas, se valió de todos los
artificios; mas Cesario resistió siempre a sus insinuaciones, hasta que, a
instancia de sus padres y hermano, que lo era san Gregorio Nacianceno, renunció
sus plazas en la corte, prefiriendo a ella el retiro y la soledad. A más de las
honrosas distinciones de que le colmó Joviano, Valente le hizo tesorero de su patrimonio
privado y también de Bitinia. En este punto ocurrió un gran terremoto, en el
año 368, y salvado milagrosamente de él, le movió esto a despreciar enteramente
los bienes del mundo, y muriendo poco después, el año siguiente, legó todas sus
riquezas a los pobres que amaba extraordinariamente. Así los griegos como los
romanos celebraban la memoria de este santo, aunque en distintos días.
— San vertano, Nació en Francia de padres pobres, pero cristianos, que lo educaron en la virtud y en las letras. Los padres se oponían a su conversión. A la edad de quince años tuvo una visión del cielo y tomó el hábito en la religión de carmelitas descalzos, en la cual fué modelo de humildad, verdadera pobreza y fervorosa caridad con el prójimo, muriendo en medio de los apestados en Luca, en el siglo XVI.
—Y en otras partes se hace la fiesta y la conmemoración de otros muchos santos Mártires, Confesores y santas Vírgenes.
Alabado y glorificado sea Dios eternamente.
AÑO CRISTIANO
POR EL P. J. CROISSET, de la Compañía de Jesús. (1864).
Traducido del francés. Por el P. J. F. de ISLA, de la misma Compañía.







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