jueves, 12 de febrero de 2026

MARTIROLOGIO ROMANO: DÍA 12 DE FEBRERO.

 




—En Barcelona en España, santa Eulalia, virgen, que sufrió en tiempo del emperador Diocleciano los tormentos del caballete, de las uñas de hierro y del fuego, y por último, enclavada en una cruz, alcanzó la gloriosa corona del martirio.




—Los siete santos Fundadores de la Orden de Siervos de la bienaventurada Virgen María, Confesores, cuya muerte se conmemora en sus días respectivos. En vida los asoció un espíritu de verdadera fraternidad, y después de muertos los unió el culto con que a todos juntos veneró el pueblo fiel, y el haberlos también canonizado a una el Papa León XIII. 




—En África, san Damián, soldado y mártir. Este soldado romano derramó su sangre por la fe en África, y su cuerpo fué después trasladado a Roma y colocado en el cementerio de Calixto. Se ignora la época de su martirio.





—En Cartago, los santos mártires Modesto y Julián. De estos santos no se saben más que los nombres, y que murieron, según Dextro, en Cartagena de España el año 160. Las actas de estos santos, que trae Salazar en su Martirologio hispano, son apócrifas, como lo prueba Bollandos.

—En Benevento, san Modesto, diácono y mártir. Fué diácono de la iglesia de Benevento en Italia, en cuya ciudad padeció martirio por la fe de Jesucristo en el cuarto siglo del cristianismo.
—En Alejandría, los santos niños Modesto yAmmonio, mártires. Siendo muy niños se les quiso obligar a ofrecer incienso a los ídolos, y rehusando doblegarse a la voluntad de los paganos, fueron degollados en Alejandría, recibiendo así la palma del martirio.
-En Verona, san Gaudencio, obispo y confesor. Floreció por los años de 720, y fué el XXXIX obispo de aquella iglesia.




—En Antioquía, san Melecio, obispo, que estuvo desterrado muchas veces por la fe católica, y murió por último en paz en Constantinopla. San Juan Crisóstomo y san Gregorio Niseno han celebrado sus virtudes con magníficos elogios. 





—En Constantinopla, san Antonio, obispo, en la época del emperador León VI. Oriundo de Frigia, de noble cuna, nació en Constantinopla, y fué desde su más tierna infancia tan devoto de las cosas religiosas, que ellas formaron las delicias de toda su vida. A la edad de doce años abrazó la vida monástica, y en ella se mostró modelo de perfección y ornamento de la Iglesia. Elevado al sacerdocio, su vida y conducta eran las de un ángel en carne: puro, fervoroso, despegado a todo lo de la tierra, su alma vivía en el cielo, objeto constante de todos sus deseos. Su fama y la reputación de sus virtudes fué en breve tiempo tan popular y tan venerada, que habiendo muerto en 888 el patriarca de Constantinopla, fué Antonio unánimemente elegido para sucederle, y no pudiendo vencer la decidida voluntad del emperador, del clero y pueblo de la capital, tuvo que encargarse a su pesar del nuevo puesto a que Dios le destinaba. Durante su pontificado trabajó asiduamente en restituir la paz a la Iglesia y al estado, en reformar la disciplina y en animar a todas sus ovejas en el camino de las virtudes cristianas, que son la base de la pública felicidad. Satisfechos en gran parte sus deseos, murió Antonio en Constantinopla el año 895.






—Y en otras partes se hace la fiesta y la conmemoración de otros muchos santos Mártires, Confesores y santas Vírgenes.




   Alabado y glorificado sea Dios eternamente.






AÑO CRISTIANO
POR EL P. J. CROISSET, de la Compañía de Jesús. (1864).
Traducido del francés. Por el P. J. F. de ISLA, de la misma Compañía.



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