jueves, 24 de octubre de 2024

SAN RAFAEL, arcángel. —24 de octubre.

 


   Los celestiales beneficios que recibió del glorioso arcángel san Rafael, el santo patriarca Tobías, refiéranse en el mismo sagrado libro de Tobías por estas palabras:



«Entonces Tobías llamó a parte a su hijo, y le dijo:


 — ¿Qué podemos dar a este varón santo que te ha acompañado?


 A lo que respondiendo Tobías, dijo a su padre:

—Padre mío, ¿qué recompensa le daremos? O ¿cómo podremos corresponder dignamente a sus beneficios? Él me ha llevado y traído sano y salvo; él mismo en persona cobró el dinero de Gabelo; él me ha proporcionado esposa, y ahuyentó de ella al demonio, llenando de consuelo a sus padres; asimismo me libró del pez que me iba a tragar; te ha hecho ver a ti la luz del cielo; y hemos sido colmados por medio de él de toda suerte de bienes. ¿Qué podremos, pues, darle que sea proporcionado a tantos favores? Mas yo te pido, padre mío, que le ruegues si por ventura se dignará tomar para sí la mitad de todo lo que hemos traído. 




CASAMIENTO DE TOBÍA (HIJO) Y SARA.

TOBÍAS (PADRE) RECUPERA LA VISTA. 



   Con esto padre e hijo le llamaron, y empezaron a rogarle que se dignase aceptar la mitad de todo lo que habían traído. 




   Entonces les dijo él en secreto:

—Bendecid al Dios del cielo, y glorificadle delante de todos los vivientes, porque ha hecho brillar en vosotros su misericordia. Porque así como es bueno tener oculto el secreto confiado por el rey, es cosa muy loable el publicar y celebrar las obras de Dios. Buena es la oración acompañada del ayuno; y el dar limosna mucho mejor que los tesoros de oro: porque la limosna libra de la muerte, y es la que purga los pecados y alcanza la misericordia y la vida eterna. Más los que cometen el pecado y la iniquidad, son enemigos de su propia alma. Por tanto, voy a manifestaros la verdad, y no quiero encubriros más lo que ha estado oculto. Cuando tú orabas con lágrimas, y enterrabas los muertos, y te levantabas de la mesa a medio comer, y escondías de día los cadáveres en tu casa, y los enterrabas de noche, yo presentaba al Señor tus oraciones. Y por lo mismo que eras acepto a Dios, fue necesario que la tentación o la aflicción te probase. Y ahora el Señor me envió a curarte a ti, y a libertar del demonio a  Sara, esposa de tu hijo. Porque yo soy, el ángel Rafael, uno de los siete espíritus principales que asistimos delante del Señor.


TOBÍAS (PADRE) ENTERRANDO LOS MUERTOS.


   Al oír estas palabras, se llenaron de turbación, y temblando cayeron en tierra sobre sus rostros. 




   Pero el ángel les dijo:

   —La paz sea con vosotros, no temáis, pues que mientras he estado yo con vosotros, por voluntad o disposición de Dios he estado; bendecidle, pues, y cantad sus alabanzas. Parecía, a la verdad, que yo comía y bebía con vosotros; mas yo me sustento de un manjar invisible, y de una bebida que no puede ser vista de los hombres. Ya es tiempo de que me vuelva al que me envió; vosotros empero bendecid a Dios, y anunciad todas sus maravillas.

   Dicho esto, desapareció de su vista, y no pudieron ya verle más. 

   Entonces, postrados entierra sobre sus rostros por espacio de tres horas, estuvieron bendiciendo a Dios; y levantándose de allí, publicaron todas sus maravillas.»



   Reflexión: Es el arcángel san Rafael, singular protector de los enfermos; como su mismo nombre lo significa, pues Rafael vale lo mismo que Medicina de Dios.



   
   Por esta causa se han puesto debajo de su amparo todos los hospitales de san Juan de Dios, y todos los fieles deberíamos invocar en nuestras enfermedades su celestial patrocinio.



   Oración: ¡Oh Dios! que diste por compañero para el camino de tu siervo Tobías al bienaventurado arcángel san Rafael; concédenos que seamos siempre protegidos con su custodia y fortalecidos con su auxilio. Por Jesucristo, nuestro Señor. Amén.



FLOS SANCTORVM
DE LA FAMILIA CRISTIANA.

domingo, 20 de octubre de 2024

SAN JUAN CANCIO, confesor. (+ 1473). —20 de octubre.

 



    El glorioso maestro y caritativo sacerdote secular san Juan Cancio fue natural del reino de Polonia, y nació en un lugar llamado Kencio del obispado de Cracovia.

   Sus padres, no menos nobles por su sangre que por su cristiana piedad, le enviaron a estudiar las letras humanas y divinas a la universidad de Cracovia.

   Allí se graduó de doctor, y enseñó filosofía, y fue nombrado decano de los doctores de aquella facultad.

   Leyó después teología con grande aplauso y edificación de sus discípulos, los cuales salían de su escuela no menos virtuosos que sabios.


   Muchas veces se desnudó de sus vestidos por cubrir a los pobres que hallaba temblando de frío.

   Le vieron con frecuencia los doctores de la universidad postrado y arrebatado en dulces éxtasis delante de una imagen de Cristo crucificado que estaba en el colegio.

   La tierna devoción que tenía a la pasión del Salvador le movió a visitar en hábito de peregrino y caminando siempre a pie los santos Lugares de Palestina, para regar con sus lágrimas aquellos sitios que el Señor regó con su sangre.



   Cuatro veces visitó también el sepulcro de los apóstoles san Pedro y san Pablo: y en una de estas romerías habiéndole asaltado unos ladrones y robado el dinero que llevaba, le preguntaron si tenía más; y el siervo de Dios respondió que no, pero acordándose luego que aun traía algunas monedas escondidas en el vestido, los volvió a llamar y les dijo: «Me había olvidado de estas monedas que aún me quedaban: tomadlas también si queréis.»

   Los ladrones maravillados de tal ofrecimiento, y movidos de la santidad que en él resplandecía, le restituyeron todo lo que habían robado, pidiéndole perdón de su culpa.



   Habiendo vacado la iglesia parroquial de Ol-Kusz, cinco millas distante de la ciudad de Cracovia, los rectores de la universidad le confiaron la administración de aquella parroquia, en la cual el santo hizo grandes proezas de caridad, y encendió en amor de Jesucristo los corazones de los fieles; mas temiendo los peligros que van unidos con el cargo de pastor de las almas, hizo muchas instancias para que le descargasen de aquel peso que para su profunda humildad era intolerable, y volvió a continuar sus lecciones de sagrada teología, y a ser al propio tiempo el padre de los pobres, y ángel consolador de todas las personas afligidas.

   Finalmente, entendiendo que se llegaba el día de su dichoso tránsito, distribuyó a los pobres los pocos objetos que en casa quedaban, y habiendo recibido con extraordinaria devoción los sacramentos de la Iglesia, a los sesenta y siete años de su edad entregó su alma santísima en las manos del Creador.

   El Señor ilustró después su sepulcro con grandes y continuos milagros.


   Reflexión: El glorioso san Juan Cancio fue un doctor muy sabio de la universidad de Cracovia; y poseyó en grado todavía mayor la verdadera sabiduría.




   ¿Sabes cuál es ésta? Es la ciencia de los santos; y es una ciencia que a pesar de ser la más sublime está al alcance de todos.

   Cumplir con los preceptos de Dios y practicar las virtudes cristianas según el estado de cada uno, no es cosa que esté al otro lado de los mares o en lo más alto de los cielos, como dice el Señor, para que nos excusemos de hacerlo por cualquier frívolo pretexto.


   Oración: Concédenos ¡oh Dios omnipotente! que aprovechando en la ciencia de los santos, con el ejemplo de san Juan Cancio, tu confesor, y ejercitando las obras de misericordia, por sus méritos obtengamos el perdón de nuestros pecados. Por Jesucristo, nuestro Señor. Amén.




FLOS SANCTORVM
DE LA FAMILIA CRISTIANA.


sábado, 19 de octubre de 2024

SAN PEDRO DE ALCÁNTARA, confesor. (+ 1562). — 19 de octubre.

 




   El admirable penitente y extático contemplativo san Pedro de Alcántara nació en la villa de este nombre, provincia de Extremadura, en España, y fué hijo de don Alfonso Garavito, hábil jurisconsulto y corregidor de la misma villa.

   Después de haber aprendido las letras humanas pasó a Salamanca a estudiar el derecho canónico, y dando luego de mano a todas las cosas del mundo, tomó el hábito del seráfico padre san Francisco en el convento de Manjarrez a la edad de diez y seis años.

   Toda la vida anduvo con los ojos bajos, de manera que nunca supo si el coro o el dormitorio eran de bóveda, y a los religiosos del convento les conocía sólo por la voz.

   Después de la profesión pasó a morar en una soledad, donde se labró una celda que más bien parecía sepultura, en la cual entabló una vida de tan áspera penitencia, que se haría increíble si no la autorizara la bula de su canonización.

   Comía sólo una vez cada tercer día y a veces se le pasaban ocho sin tomar bocado; traía a raíz de las carnes un cilicio en figura de rallo; dormía no más que hora y media y por espacio de cuarenta años lo hacía de rodillas o sentado, arrimada la cabeza a la pared.

   Su celda era tan baja que en ella no podía estar en pie, ni tendido a lo largo, su cuerpo estaba hecho una llaga, y no parecía el santo más que un esqueleto animado.



   Mas, así como ningún santo le excedió en su penitencia, pocos tuvieron como él tan sublime don de contemplación: porque su oración era un éxtasis casi continuo, en que Dios le regalaba con delicias de la gloria.

   A la edad de veinte años fué nombrado guardián de Badajoz: y escogió para sí todos los oficios más humildes del convento.

   En el tenor de su vida parecía un ángel; pero ordenado de sacerdote fué un abrasado serafín.

  Cuando predicaba al pueblo, con sola su vista y presencia ablandaba los corazones más duros, y los sermones que hacía solían quedar interrumpidos por lágrimas y gemidos dolorosos; así renovó en muchos obispados el espíritu de penitencia.

Le nombraron provincial, y emprendió luego la reforma de su Orden para resucitar en ella el primitivo espíritu de san Francisco, obra dificultosísima que llevó a cabo, y fué confirmada por breve de Julio III, y ponderada de santa Teresa de Jesús y de san Francisco de Borja, que se encomendaban en las oraciones de este gran siervo de Dios.

   Quiso tomarle por confesor el emperador Carlos V, cuando estaba meditando su retiro en el monasterio de Yuste; pero el santo se resistió con tales razones, que el emperador se rindió a ellas.

   Finalmente siendo comisario general de España para la Reforma, se hizo llevar al convento de Arenas, donde en un dulcísimo éxtasis, entregó su alma al Creador, a la edad de sesenta y tres años.



Reflexión: De este santísimo varón dice santa Teresa: «Hele visto muchas veces con grandísima gloria. Dijome la primera vez que me apareció: ¡Qué bienaventurada penitencia, que tanto premio había merecido!»





   ¿Somos nosotros discípulos de Jesucristo? Pues no nos avergoncemos de vestir su librea.

   Pobre soy, dice él por el Salmista, y lleno estoy de trabajos desde mi más tierna edad: ¿y no será un verdadero contrasentido, que, mientras nuestra cabeza de Cristo está coronada de espinas, andemos nosotros nadando en los regalos y deleites?



Oración: ¡Oh Dios! que te dignaste ilustrar al bienaventurado san Pedro, tu confesor, con el don de una altísima contemplación, y con el de una admirable penitencia; te suplicamos nos concedas por sus méritos que, mortificada nuestra carne, alcancemos mayor inteligencia de las cosas celestiales. Por Jesucristo, nuestro Señor. Amén.



FLOS SANCTORVM
DE LA FAMILIA CRISTIANA.

viernes, 18 de octubre de 2024

SAN LUCAS, evangelista. (+ 86) — 18 de octubre.

 


   El gloriosísimo evangelista san Lucas, fué natural de la ciudad de Antioquía, e hijo de padres gentiles.


   En las letras griegas y elocuencia puso mucho cuidado, y más particularmente en la medicina, la cual ejercitó, pues san Pablo le llamó «Médico carísimo ».

   También aprendió el arte de pintar, no por oficio, sino como es de creer, para ocuparse en ello algunos ratos y pasar el tiempo honestamente.



   Fué compañero de San Pablo en sus trabajos y peregrinaciones, y escribió el Evangelio tal cual el apóstol solía predicarlo: y así como san Mateo lo había escrito en hebreo para los judíos, san Lucas lo escribió en griego para los gentiles.

SAN LUCAS DISCÍPULO DE SAN PABLO.

   Pero no solamente se valió para ello de las instrucciones de san Pablo, sino también de los otros apóstoles y especialmente de la sacratísima virgen María, nuestra Señora, con la cual parece que tuvo mucha familiaridad, y de la cual fué muy favorecido.

   Supo de ella los sagrados y ocultos misterios de la encarnación del Verbo eterno en sus entrañas, la visitación de santa Isabel, la santificación de san Juan Bautista en el vientre de su madre, el nacimiento del Señor en Belén, su circuncisión y la presentación en el templo, con todos los otros misterios que sólo san Lucas escribe en su Evangelio, y sola la que era Madre y había sido testigo y tanta parte en ellos los sabía y se los podía descubrir.


   Además del sagrado Evangelio escribió san Lucas otro libro que se llama «Los Hechos Apostólicos», en el cual comenzando de la venida del Espíritu Santo, escribe la predicación de los apóstoles, los milagros que hicieron, las contradicciones que tuvieron de los judíos, las costumbres con que los cristianos de la primitiva Iglesia vivían, la muerte de san Esteban, la conversión de san Pablo, cómo Herodes mandó degollar a Santiago el Mayor y prender al mismo san Pablo y el Señor le libró; y cómo fué compañero de este santo apóstol.

   Va contando su peregrinación, sus trabajos y persecuciones, de las cuales no pequeña parte le cupo al sagrado evangelista, hasta que llegaron a Roma, donde estuvo dos años preso el apóstol, y allí pone fin y remata su libro.


   Dice san Epifanio que después de la muerte de los gloriosos príncipes de la Iglesia san Pedro y san Pablo, san Lucas anunció a Jesucristo con admirable fruto en Italia, en las Galias, en Dalmacia y en Macedonia, y los griegos aseguran que también predicó la fe en Egipto, en la Tebaida y en la Libia, donde derribó ídolos, y levantó altares al verdadero Dios.

   Afirma san Jerónimo que murió de edad de ochenta y cuatro años y que fué virgen toda la vida.

   No se duda que murió en Acaya, y que su sagrado cuerpo fué trasladado a Constantinopla, siendo emperador Constantino, y más tarde a Pavía donde es venerado, aunque la cabeza se reverencia en Roma en la iglesia de san Pedro.


   Reflexión: Entre las cosas memorables y dignas de veneración que hizo el bienaventurado san Lucas, una fué pintar las imágenes de Cristo nuestro Señor y la sacratísima Virgen su Madre.

   La de la Virgen hoy día está en Roma en la Basílica de Santa María la Mayor: ha sido siempre tenida en grande estima y reverencia con gran devoción; y el Señor ha obrado muchos milagros por ella.



   Que no falte una imagen de María en la alcoba de la familia cristiana, pues esta soberana Señora derramará sus bendiciones sobre las casas donde sea venerada su efigie.


   Oración: Te suplicamos, Señor, que interceda por nosotros tu evangelista san Lucas, el cual llevó siempre en su cuerpo la mortificación de la cruz por la gloria de tu nombre. Por Jesucristo, nuestro Señor. Amén.  



FLOS SANCTORVM
DE LA FAMILIA CRISTIANA.

lunes, 7 de octubre de 2024

NUESTRA SEÑORA DEL ROSARIO. -7 de octubre.

 




   EL ROSARIO es una serie de 150 avemarías repartidas en decenas; cada una de las cuales comienza por un padrenuestro y termina con un gloria. Los fieles honran durante el rosario a Cristo y a su Santísima Madre y meditan sobre los quince principales misterios de la vida de ambos, de suerte que el rosario es una especie de resumen del Evangelio, un recuerdo de la vida, los sufrimientos y la glorificación del Señor y una síntesis de su obra redentora. EI cristiano debería tener siempre presente esos misterios, rendir a Dios un homenaje de amor perpetuo, alabarle por cuanto sufrió por él, y regular su vida y moldear su alma con la meditación de los misterios del rosario. Precisamente ese rezo es un método fácil y adaptable a toda clase de personas, aun a las menos instruidas, y una excelente manera de ejercitar los actos más sublimes de fe y contemplación. Todo el Evangelio está contenido en el padrenuestro, la oración que el Señor nos enseñó, y quienes lo han penetrado a fondo no pueden cansarse de repetirlo; en cuanto al avemaría, toda ella está centrada en el misterio de la Encarnación y es la oración más apropiada para honrar dicho misterio. Aunque en el avemaría hablamos directamente a la Santísima Virgen e invocamos su intercesión, esa oración es sobre todo una alabanza y una acción de gracias a su Hijo por la infinita misericordia que nos mostró al encarnarse.



   Como lo recuerda el Martirologio Romano en esta fecha, San Pío V ordenó en 1572, que se conmemorase anualmente a Nuestra Señora de las Victorias para obtener la misericordia de Dios sobre su Iglesia, para agradecerle sus innumerables beneficios y, en particular, para darle gracias por haber salvado a la cristiandad del dominio de los turcos en la victoria de Lepanto (1571). Aquel triunfo fue una especie de respuesta directa del cielo a las oraciones y procesiones del rosario, organizadas por las cofradías de Roma, en el momento en que se libraba la batalla. Un año más tarde, Gregorio XIII cambió el nombre de la fiesta por el del Rosario y determinó que se celebrase el primer domingo de octubre (día en que se había ganado la batalla). El 5 de agosto de 1716, día de la fiesta de la dedicación de Santa María la Mayor, los cristianos, mandados por el príncipe Eugenio, infligieron otra importante derrota a los turcos en Peterwardein de Hungría. Con ese motivo, el Papa Clemente XI extendió a toda la Iglesia de occidente la fiesta del Santo Rosario. Actualmente se celebra el 7 de octubre, día en que se ganó la batalla de Lepanto; pero los dominicos siguen celebrándola el primer domingo del mes.