viernes, 1 de noviembre de 2024

TODOS LOS SANTOS.

 





1 Noviembre



   La liturgia reúne en una sola solemnidad a los santos venerados en el transcurso del año, al igual que a los demás que no tuvieron lugar en el calendario litúrgico, incluyendo a la multitud de almas que ya nos precedieron en la Casa del Padre.


   El Apocalipsis nos presenta una visión con estas palabras: “Después miré y había una muchedumbre inmensa, que nadie podría contar, de toda nación, razas, pueblos y lenguas, de pie delante del trono del Cordero, vestidos con vestiduras blancas y con palmas en sus manos. Y gritaban con fuerte voz: ´La salvación es de nuestro Dios, que está sentado en el trono y del Cordero.’ Y todos los Ángeles que estaban en pie alrededor del trono de los Ancianos y de los cuatro Vivientes, se postraron delante del trono, rostro en tierra, y adoraron a Dios diciendo: ‘Amén. Alabanza, gloria, sabiduría, acción de gracias, honor, poder y fuerza a nuestro Dios por los, siglos de los siglos. Amén.’ ” (7,9-12). 





   La patria se enorgullece de sus héroes, de los grandes políticos, de los inmortales científicos, poetas, artistas, etc. Con cierto orgullo les erige monumentos, les dedica plazas, calles, les guarda celosamente los nombres, los anales de la historia.

   Con mucha más razón la iglesia se gloría de sus hijos que pasaron por este mundo conservando la integridad de la fe, trabajaron varonilmente para la implantación del Reino de Dios entre los hombres, dominaron sus pasiones, preservándose puros de la corrupción de este mundo, cultivaron con ahínco las virtudes cristianas y gozan actualmente el premio de la vida eterna.

   La galería de los santos en la Iglesia es mucho más rica en héroes que la de todas las naciones de la tierra. Hay santos que pertenecen a todas las épocas y naciones; a todas las categorías de clases sociales, desde las más humildes hasta las más elevadas en la vida social. Niños santos, que no conocieron la malicia del mundo, hasta ancianos venerados por todas las regiones, razas, colores y profesiones. Santos que van desde Abraham, nuestro padre en la fe, hasta los de nuestros días. Cada uno de nosotros puede escoger el modelo que más le agrade o que esté de acuerdo con nuestra vida y profesión en la tierra. Además de papas, obispos, padres, religiosos santos, la Iglesia nos propone para que imitemos a:



Adolescentes: Tarcisio, Pancracio, Inés, Serafina, María Goretti. 



Tarcisio




SAN PANCRACIO






SANTA INÉS



SANTA SERAFINA





SANTA MARÍA GORETTI




Jóvenes: Domingo Savio, Luis Gonzaga, Gabriel de la Virgen Dolorosa.

 

DOMINGO SAVIO




GABRIEL DE LA VIRGEN DOLOROSA



SAN LUIS GONZAGA



Hombres casados: José Homobono, Amadeo de Saboya. 



JOSÉ HOMOBONO 



AMADEO DE SABOYA





Madres de Familia: Mónica, Brígida, Francisca Romana, Ana María Taigi. 



SANTA MÓNICA



SANTA BRIGIDA



FRANCISCA ROMANA



ANA MARÍA TAIGI




Obreros: José, esposo de María, Isidro, Geraldo. 



SAN JOSÉ 



SAN ISIDRO 




SAN GERARDO MAYELA






 Empleados: Germana, Cristiana, Martín de Lima, Zita.





SANTA GERMANA COUSIN




SANTA CRISTIANA DI GEORGIA




SAN MARTÍN DE PORRES



SANTA ZITA DE LUCCA





Pobres mendigos: Alesio, Benedicto Labre, Roque, Crispín. 



SAN ALESIO



BENEDICTO LABRE



SAN ROQUE






Profesores: Juan Cancio, Juan Bautista de la Salle, Marcelino Champagnat.



JUAN CANCIO



Juan Bautista de la Salle



Marcelino Champagnat.





Filósofos: Justino, Agustín, Anselmo, Tomás de Aquino. 



SAN JUSTINO



SAN AGUSTÍN



SAN ANSELMO



SANTO TOMÁS DE ÁQUINO





Juristas y abogados: Contardo Ferrini, Bartolo Longo, Ivo. 



Contardo Ferrini



Bartolo Longo



SAN IVO 





Médicos: Cosme y Damián, Blas, Antonio Zaccaría, José Moscati. 



Cosme y Damián



SAN BLAS



SAN ANTONIO ZACCARÍA



José Moscati. 




Magistrados: Ambrosio, Paulino, Tomás Moro. 



SAN AMBROSIO



PAULINO DE NOLA



Tomás Moro. 



Militares: Cornelio, Mauricio, Sebastián, Floriano. 


SAN CORNELIO



SAN MAURICIO



SAN SEBASTIÁN







Reyes y Reinas: Luis de Francia, Fernando de Castilla, Matilde, Isabel de Portugal.



SAN LUIS DE FRANCIA



Fernando de Castilla




SANTA MATILDE


 
Isabel de Portugal.




   San Agustín, en su crisis de conversión, al leer la vida de los santos, comentaba: “Sé que éstos y éstas vencieron el mal y vivieron santamente ¿por qué no lo puedo hacer también yo?” Pues bien, los mismos auxilios de la gracia divina que los fortalecieron en el áspero camino de la santidad son igualmente ofrecidos a cada uno de nosotros. Por el bautismo todos fuimos marcados con la vocación de la santidad.

“¡Sed perfectos como vuestro Padre del Cielo es Perfecto!” dijo Jesús. Y san Pablo: “Esta es la voluntad de Dios: vuestra santificación”.

   Que el esfuerzo de imitación de las virtudes de los santos, junto con su protección, nos ayuden a ser fieles a la sublime vocación de santidad a la cual fuimos llamados, por nuestra ascensión al bautismo, de hijos de Dios.



“EL SANTO DEL DÍA”

LA FIESTA DE TODOS LOS SANTOS. — 1 de noviembre.

 



   Entre todas las fiestas que la Iglesia ha instituido en reverencia de los santos que están en los cielos, la más solemne es la que celebra en este día en honra de todos; porque en ella a todos los abraza, a todos se encomienda y llama en su favor.

   La instituyó en Roma Bonifacio IV en honor de la Virgen santísima y de todos los santos mártires, consagrándoles, en el año 607, el templo llamado Panteón, en el cual habían sido adorados todos los falsos dioses de la gentilidad. 


BONIFACIO IV


   Más tarde Gregorio IV ordenó que aquella fiesta se hiciese en honra de todos los santos del cielo, y mandó que se celebrase en toda la cristiandad, señalando para ello este día primero de noviembre. Tres fueron las razones principales de esta institución:

—reparar lo que la fragilidad humana hubiese faltado por ignorancia o descuido en las fiestas particulares de los santos;
—alcanzar, por la poderosa intercesión de todos los santos juntos, las gracias que hemos menester, y;
—animarnos a la imitación de sus virtudes, con la esperanza de alcanzar el premio de la eterna gloria que ellos alcanzaron.


Gregorio IV 


   «Consideremos, nos dice san Cipriano, y pensemos con frecuencia, que hemos renunciado al mundo, y que vivimos en la tierra como huéspedes y peregrinos. Suspiremos por aquel día, en que a cada uno se nos ha de señalar morada en aquella verdadera patria, y en que, sacados de este destierro, y libres de los lazos del siglo, hemos de entrar en el reino celestial. ¿Quién hay, que, viviendo lejos de su patria, no arda en deseos de tornar a ella? ¿Quién hay, que navegando de vuelta a su hogar y familia, no desee viento favorable para poder abrazar a las prendas de su corazón? Nuestra patria es el paraíso; son nuestros parientes los, santos patriarcas: ¿por qué no nos damos prisa y corremos para ver nuestra patria, y saludar a los parientes? Allí nos espera un gran número de amigos; allí nos echa de menos una gran muchedumbre de parientes, hermanos e hijos, seguros ya todos de su gloria inmortal, pero solícitos de nuestra salvación. ¡Qué alegría ha de ser para ellos y para nosotros, el vernos y abrazarnos! ¡Qué deleite el de aquellos reinos celestiales, donde sin el temor de la muerte se posee una eternidad de vida! ¡Oh felicidad suprema, y que nunca se ha de acabar! Allí está el glorioso coro de los apóstoles: allí la alegre compañía de los profetas: allí el innumerable ejército de los santos mártires, coronados por la victoria que alcanzaron de los tiranos y verdugos: allí las purísimas vírgenes, que con la virtud de su continencia, triunfaron de las malas inclinaciones de su cuerpo: allí los misericordiosos, que, socorriendo largamente las necesidades de los pobres, cumplieron con toda justicia, y observando los preceptos del Señor, colocaron en el tesoro del cielo los patrimonios de la tierra. Apresurémonos con vivas ansias a llegar a donde ellos están, deseemos hallarnos presto con ellos, para que podamos reinar presto con Cristo.» (San. Cipriano, lib. De mortalit).



   Reflexión: Dice muy bien san Gregorio: “Al oír las cosas de aquella gloria, nuestra alma suspira por ellas, y ya desea encontrarse donde espera gozar sin fin.” Pero los grandes premios no se alcanzan sin grandes trabajos: y así dice san Pablo, que no será coronado sino aquel que legítimamente peleare. Deléitese en hora buena, el ánimo con la grandeza de los premios; pero no desmaye en los trabajos de la campaña.



   Oración: Todopoderoso y sempiterno Dios, que nos concedes la gracia de celebrar en una solemnidad los méritos de todos los santos, te rogamos que atendiendo a tan grande muchedumbre de intercesores, derrames sobre nosotros la abundancia deseada de tus misericordias. Por Jesucristo, nuestro Señor. Amén.





FLOS SANCTORVM

DE LA FAMILIA CRISTIANA- 1949.