lunes, 3 de agosto de 2020

NOVENA A SANTA FILOMENA. VIRGEN Y MÁRTIR. DÍA PRIMERO.





—COMENZAMOS: 3 de agosto.



—FINALIZAMOS: 11 de agosto. (festividad de la Santa).








Oración para todos los días.




—Por la señal de la Santa Cruz…



   Dios y Señor mío, a quien los Ángeles y Santos alaban y bendicen en el cielo, y los justos sirven y veneran en la tierra, Vedme aquí postrado a vuestros pies lleno de confusión y con un gran dolor de todas mis culpas; pésame Señor de haberos ofendido por ser vos quien sois y porque mis pecados me han alejado de vos, que sois mi único bien, y mi única esperanza. No más pecar, mi Dios; primero morir que ofenderos; antes bien quiero consagrarme a vuestro servicio, y resarcir en cuanto pueda todo lo mal hecho hasta ahora. Muchas veces resolví buscaros y me extravié; deseé amaros, y troqué el afecto; andaba tras de un placer infinito, y el mas liviano me entretenía y disipaba; dadme fuerzas, Señor, en esta hora para empezar de veras a ser todo vuestro. Hacedme sordo si el mundo me llama; fuerte, si la carne me incita, precavido, si el enemigo común acecha mi pobre alma. Vos me habéis dicho que pida y recibiré, que llame y se me abrirá la puerta; por eso pido como menesteroso, y vengo a buscaros a vuestra Santa Casa; y aunque estoy seguro de esta promesa divina, me valgo al mismo tiempo del valimiento que goza en el cielo la castísima Virgen y esforzada Mártir Santa Filomena; con la confianza de que además de agradaros, serán así mejor despachadas todas mis Súplicas.


   ¡Oh Santa mía!, que ignorada por tantos siglos has sido hallada en el nuestro para avivar la fe, alentar la esperanza y encender la caridad, siendo tu devoción un especial auxilio que el Señor ha concedido a los fieles en estos tristes tiempos, no deseches la oración de este tu pobre siervo. Sobre todas las cosas, lo que más deseo, y lo que más me importa, es la salvación de mi alma, como hijo de la Iglesia me afligen también las persecuciones que sufre de sus enemigos esta Sta. Madre. Tal vez para ello y para estos tiempos de tribulación ha sido elevada a tan alta dignidad en el cielo. Habla, pues, al Rey de la Majestad, y hablándole salvarás al pueblo que á tí se acoge y librarás la Iglesia de tantos enemigos que la hacen cruda guerra: bien sabes, Santa mía, que tu Esposo Jesús es rico en misericordia, y que como tal, quiere repartir sus riquezas particularmente con el pobre y desvalido; ninguno lo es más que yo, pues falto de todo tengo que pedir no solo por mis necesidades particulares, que son muchas, sino también por otras generales que la caridad hace mías; si consigo del Señor el remedio de ellas, como lo espero, en esta Santa Novena, yo prometo serle muy agradecido y muy devoto tuyo, hasta que libre de tan penosa vida pueda en tu compañía alabarle y bendecirle en el cielo. Amén.




—Se rezará tres veces el Padre nuestro, Ave María y Gloria Patri.




—Cada uno pedirá en particular lo que intente conseguir de la Santa en esta Novena. Después se dirá la oración especial de cada día.










Oración para el día primero.


   ¡Oh gloriosa Virgen Santa Filomena!, que, amada de Dios desde la eternidad con especial cariño, naciste en unos tiempos muy peligrosos, para corresponder a aquel amor singular, y sin embargo supiste hacerlo, particularmente conservando la pureza Virginal, y por ello eres mirada ahora, según prometió el Señor en su Evangelio como uno de los Ángeles del cielo; aprovecha para mí el valimiento que allí gozas como cercana al Trono de Dios. Ya ves, Santa mía, con que prontitud presentan aquellos espíritus soberanos las súplicas de las almas que les están confiadas y con qué alegría y presteza comunican el buen despacho que se les otorga; pues se tu otro Ángel del Señor que presente el remedio de mis necesidades, y que traiga a mi corazón el consuelo que tanto ha menester ahora. Pídele que me enseñe a conocer y cumplir su santísima voluntad, y que yo huya de hacer la mía, que tantas veces me ha separado de mi Dios. Proporcióname una guía que me lleve por el camino de la salvación, y un superior cuya voz sea para mí, voz de salud y de descanso. Si para esto fuere necesario domar la altivez de mi espíritu, y confundirme con el polvo de la tierra, a todo estoy preparado con la ayuda de aquel buen Jesús, que, siendo Dios por esencia, se humilló hasta la muerte, y muerte de Cruz; y también con su ejemplo, pues sin la humildad de corazón no hubieras conservado la pureza, por la que estás tan sublimada en el cielo, en donde espero verte y alabarte algún día. Amén.






ADVERTENCIA: Para este día y demás de la Novena.


—Consistiendo la verdadera Religión, según decía Tertuliano, en imitar lo que veneramos, convendría en cada un día de la Novena ejercitar alguna virtud particular o hacer alguna obra buena; por eso al final de cada oración se indicará algo de esto y puede variarse según la necesidad de cada uno, o según el consejo del confesor: y con el parecer del mismo se deberá confesar y comulgar en uno de los días, y podría ser conveniente el séptimo.




—El primer día se ejercitará la virtud de la devoción, cumpliendo con presteza y exactitud las obligaciones del estado de cada uno y las oraciones que se tengan de costumbre, añadiendo a ellas tres veces el Gloria Patri en honor de SANTA FILOMENA.




GOZOS A SANTA FILOMENA.


FILOMENA a ti clamamos,
Como esperanza y consuelo;
Míranos, pues, desde el Cielo
Que tu virtud celebramos.


Desde tus primeros años,
Te consagraste al Esposo;
Del mundo vil y enojoso,
Despreciaste los engaños.
FILOMENA a ti clamamos,
Como esperanza y consuelo;
Míranos, pues, desde el Cielo
Que tu virtud celebramos.


Absorta el alma en amor,
En amor puro y divino,
De su cueva el rico vino,
Le pediste con candor.
FILOMENA a ti clamamos,
Como esperanza y consuelo;
Míranos, pues, desde el Cielo
Que tu virtud celebramos.


Como no sabe negarse,
Ni regatear sus caricias,
Con el vino de delicias
Pudo tu alma allí saciarse
FILOMENA a ti clamamos,
Como esperanza y consuelo;
Míranos, pues, desde el Cielo
Que tu virtud celebramos.


¡Oh qué vino! ¡qué dulzura!
¡Qué regalo tan sabroso!
¡Oh que Dios tan amoroso
Con la pobre criatura!
FILOMENA a ti clamamos,
Como esperanza y consuelo;
Míranos, pues, desde el Cielo
Que tu virtud celebramos.


Desde aquel feliz momento,
A esta Esposa agradecida
Le era tediosa la vida,
Y muy gustoso el tormento.
FILOMENA a ti clamamos,
Como esperanza y consuelo;
Míranos, pues, desde el Cielo
Que tu virtud celebramos.


Mil vidas por ti daría
¡Oh Jesús, Esposo amado!
Pídemelas de contado:
Así la Virgen decía.
FILOMENA a ti clamamos,
Como esperanza y consuelo;
Míranos, pues, desde el Cielo
Que tu virtud celebramos.


Un tirano muy brutal,
Que a la sazón gobernaba.
A FILOMENA acechaba
Con amor sucio y carnal.
FILOMENA a ti clamamos,
Como esperanza y consuelo;
Míranos, pues, desde el Cielo
Que tu virtud celebramos.


Llena de horror FILOMENA
Renueva su votó santo,
De emperatriz el encanto
Pospone a cualquiera pena.
FILOMENA a ti clamamos,
Como esperanza y consuelo;
Míranos, pues, desde el Cielo
Que tu virtud celebramos.


A las caricias rigores
Se suceden de consuno;
Mas su Esposo es solo uno,
Y por él busca dolores.
FILOMENA a ti clamamos,
Como esperanza y consuelo;
Míranos, pues, desde el Cielo
Que tu virtud celebramos.


Azotes de mano fiera,
La prisión, denuestos ciento,
Todo se emplea al intento,
Y la Virgen, Virgen era.
FILOMENA a ti clamamos,
Como esperanza y consuelo;
Míranos, pues, desde el Cielo
Que tu virtud celebramos.


De saetas traspasada
Fué con rabia y con furor;
Ni el agua entibió su amor,
Por eso fué degollada.
FILOMENA a ti clamamos,
Como esperanza y consuelo;
Míranos, pues, desde el Cielo
Que tu virtud celebramos.


Aquella sangre preciosa,
Mientras su alma voló al Cielo,
Con su cuerpo acá en el suelo
Estuvo bajo una losa.
FILOMENA a ti clamamos,
Como esperanza y consuelo;
Míranos, pues, desde el Cielo
Que tu virtud celebramos.


Mugnano del Cardinale
Hoy conserva este tesoro;
La sangre cual perlas y oro,
Aparece en un cristal.
FILOMENA a ti clamamos,
Como esperanza y consuelo;
Míranos, pues, desde el Cielo
Que tu virtud celebramos.


El de la humilde cabaña,
El del palacio suntuoso,
El sabio y el no estudioso
Si aquesto ve no se engaña.
FILOMENA a ti clamamos,
Como esperanza y consuelo;
Míranos, pues, desde el Cielo
Que tu virtud celebramos.


Postrados de admiración
Ante el altar de la Santa
La pena no les espanta,
Y aguardan la curación.
FILOMENA a ti clamamos,
Como esperanza y consuelo;
Míranos, pues, desde el Cielo
Que tu virtud celebramos.


En países aún lejanos,
Y en trabajos diferentes,
A la santa los pacientes
Levantan sus ambas manos.
FILOMENA a ti clamamos,
Como esperanza y consuelo;
Míranos, pues, desde el Cielo
Que tu virtud celebramos.


El que admirable en la altura
Se muestra acá prodigioso,
Oyendo al menesteroso.
Por FILOMENA lo cura.
FILOMENA a ti clamamos,
Como esperanza y consuelo;
Míranos, pues, desde el Cielo
Que tu virtud celebramos.


Mil himnos de bendición,
Mil cantares de alegría
Resuenen en este dia
No perdamos la ocasión.


Filomena, a ti clamamos
Como esperanza y consuelo:
Míranos, pues, desde el Cielo
Que tu virtud celebramos.



—Ora pro nobis Sancta Philomena.


—Ut digni efficiamur promissionibus Christi.


NOVENARIO AÑO 1848.

sábado, 1 de agosto de 2020

SAN PEDRO Ad-vincula (o a la cadena). — 1 de Agosto (En el año 43 de J. C.)




   Celebra en este día la santa Iglesia la festividad de las cadenas del glorioso príncipe de los apóstoles san Pedro, cuya prisión se refiere en el sagrado libro de los Hechos apostólicos por estas palabras: «En este mismo tiempo el rey Herodes se puso a perseguir a algunos de la Iglesia. Primeramente, hizo degollar a Santiago, hermano de Juan. Después, viendo que esto complacía a los judíos, determinó prender también a Pedro. Eran entonces los días de los Ázimos. Habiendo, pues, logrado prenderle, le metió en la cárcel, entregándole a la custodia de cuatro piquetes de soldados, de a cuatro hombres cada piquete, con el designio de presentarle al pueblo y ajusticiarle después de la Pascua. Mientras Pedro estaba así custodiado en la cárcel, la Iglesia hacía sin cesar oración a Dios por él. Mas cuando iba ya Herodes a ponerle a la vista del pueblo, aquella misma noche estaba durmiendo Pedro en medio de dos soldados, que le tenían atado con dos cadenas; y las guardias estaban haciendo centinela ante la puerta de la cárcel. 





   Mas he aquí que de repente apareció un ángel del Señor, cuya luz llenó de resplandor toda la pieza: y tocando a Pedro en el lado, le despertó diciendo:

   “Levántate al punto”.

   Y en aquel instante se le cayeron de las manos las cadenas. Le dijo asimismo el ángel:

   “Ponte el ceñidor y cálzate las sandalias”.



   Así lo hizo. Le dijo más:

   “Toma tu manto y sígueme”.

   Salió, pues, y le iba siguiendo, bien que no creía ser cosa de verdad todo lo que veía. Pasada la primera y segunda guardia, llegaron a la cual se les abrió por sí misma. Saliendo puerta de hierro que sale a la ciudad, la por ella, caminaron hasta el fin de la calle: y súbitamente desapareció de su vista el ángel.



     Entonces Pedro, vuelto en sí, dijo:
   “Ahora sí que entiendo bien que verdaderamente el Señor ha enviado su ángel y librándome de las manos de Herodes y de la expectación de todo el pueblo judaico”.



   Y habiendo pensado lo que podía hacer, se encaminó a la casa de María, madre de Juan, por sobrenombre Marcos, donde muchos estaban congregados en oración. Habiendo, pues, llamado al postigo de la puerta, una doncella llamada Rhodé salió a observar quién era; y conocida la voz de Pedro, fue tanto su gozo, que, en lugar de abrir, corrió adentro con la nueva de que Pedro estaba a la puerta. Le dijeron:

   “Tú estás loca”; más ella afirmaba que era cierto lo que decía. Ellos dijeron entonces:

   “Sin duda será un ángel”.

   Pedro entretanto proseguía dando golpes a la puerta.
   Abriendo, por último, le vieron, y quedaron llenos de asombro. Más Pedro haciéndoles señas con la mano para que callasen, les contó cómo el Señor le había sacado de la cárcel y añadió:

   “Haced saber esto a Santiago y a los hermanos”.

   Y partiendo de allí se retiró a otra parte. Luego que fue de día, era grande la confusión entre los soldados sobre qué se habría hecho de Pedro. Herodes haciendo pesquisas por hallarle y no dando con él, hecha la sumaría a los de la guardia, los mandó llevar al suplicio.» (Act. Apóst., cap. XII).




Reflexión: Hoy es el día de rogar al Señor que vuelva los ojos compasivos sobre nuestro actual pontífice, sucesor suyo y Vicario de Cristo sobre la tierra; para que le libre de las cadenas con que le tienen como aprisionado sus enemigos, y pueda gobernar con entera libertad su santa Iglesia.




Oración: Oh Dios, que libraste al apóstol san Pedro de sus cadenas, y le pusiste en libertad sin que recibiese daño alguno; te suplicamos que rompas las cadenas de nuestros pecados, y que por tu bondad apartes de nosotros todos los males que nos amenazan. Por Jesucristo, nuestro Señor. Amén.




FLOS SANCTORUM

DE LA FAMILIA CRISTIANA

NOVENA EN HONOR A SAN CAYETANO DE THIENE. CUARTO DÍA.




COMENZAMOS: 29 de julio.



FINALIZAMOS: 6 de agosto.



FESTIVIDAD: 7 de agosto.




NOVENA AL GLORIOSO SAN CAYETANO DE THIENE, PARA IMPLORAR POR SU INTERCESIÓN LA SALUD DEL ALMA Y CUERPO EN TODO TIEMPO, Y MUY EN PARTICULAR EN TIEMPO DE ALGUNA CALAMIDAD.





 
Por la señal ✠ de la Santa Cruz; de nuestros ✠ enemigos líbranos, Señor ✠ Dios nuestro. En el nombre del Padre, y del Hijo ✠, y del Espíritu Santo. Amén.


     


PREPARACIÓN PARA TODOS LOS DÍAS.



   Glorioso San Cayetano, amigo de Jesús, Redentor del linaje humano, y amigo también de María Santísima, madre de los hombres, ¿a quién puedo acudir mejor para alcanzar el remedio de mis males tanto del alma como del cuerpo, que a Vos tan allegado de los dos personajes en cuyas manos están los tesoros de gracia y de naturaleza? Vos, santo mío, si queréis, podéis reparar los percances que me afligen. No espero que me despreciéis en este momento que acudo a Vos confiado en vuestro valimiento y patrocinio. ¿Puede retraeros de consolarme el ver en mí alguna falta que tenga enojada a la Divina justicia y que la obligue a castigarme? ¡Oh San Cayetano!, no os detenga esto. A la presencia del Señor me humillo, y reconociéndome pecador, digo con todas las veras de mi alma: Dios mío, perdón, pésame de haberos agraviado, por ser Vos quien sois, bondad inmensa. Concededme la gracia, y ahora muy en particular para rendir culto a vuestro especial amigo San Cayetano, por cuya intercesión espero obtener de Vos en esta novena el bien que deseo, y al fin de mi vida el descanso de mi alma en vuestra compañía eternamente en la gloria. Amén.







 DÍA CUARTO (1º de agosto).   




MEDITACIÓN: CELO DE SAN CAYETANO EN INSPIRAR A TODOS LOS HOMBRES LA DEVOCIÓN A LA SAGRADA PASIÓN DE JESUCRISTO.



   ¿Qué objeto puede haber más digno de la atención, amor y devoción de un cristiano, que aquel por medio del cual se recaban del Cielo mayores gracias? Siendo la Pasión sagrada de Jesucristo, como manantial que es de todas las gracias que se derraman sobre el linaje humano, el mayor objeto a cuya consideración y gratitud debe entregarse el verdadero hijo de Dios; por esto San Cayetano tomó con particular empeño en presentarla blanco de los tiernos afectos del corazón de todo justo, y de todo pecador arrepentido. Cristo, padeciendo por la salud y redención de los hombres, era frecuente asunto de sus conversaciones y pláticas: la Vía sacra, ejercicio que hacía practicar todos los días a sus hijos y a los que vivían bajo su dirección; y la agonía y la muerte de Jesús pendiente del sacro madero en el monte Calvario, quería San Cayetano fuesen la más atendible materia de la oración. El fin que el santo patriarca se proponía en la práctica de esta sagrada obra era mover a ternura y lágrimas de pura contrición al pecador, considerando que sus enormes iniquidades fueron la causa de aquel sangriento drama; y a excitar en el justo inalterable fortaleza en medio de los padecimientos de este valle de lágrimas, y muy en particular de los desprecios y persecuciones que tienen que sufrir de los malos. ¡Qué laudable empeño el de San Cayetano en esta parte! ¡Qué saludables efectos había de producir obra tan santa y de singular agrado al Redentor en el corazón de los que la practicaban!



   Obsérvalo en tí mismo, ¡oh, pecador arrepentido! Mientras contemplas a Jesús crucificado, ¿no puedes dejar de reconocer que la misericordia de Dios hecho hombre, fue grande para contigo? Y obsérvalo tú también, ¡oh, alma justa! y dirás: ¡mucho tengo que aprender de Dios, que revestido de la carne mortal y pasible sufrió hasta el último suspiro por la salud de todas las criaturas humanas siendo inocente!





EJEMPLO: «Empleado Cayetano, en cierta ocasión, en las dolorosas meditaciones de la Pasión de Jesucristo, andaba como vacilante entre aflicción y gozo, porque ya le acongojaban las amarguras, ya le recreaba el Señor con celestiales consolaciones. Una vez se le apareció el Salvador en la misma lastimosa figura como le retrata el profeta Isaías, afeado y despreciado como el más abatido de los hombres, hecho Varón de dolores, y cargado con nuestras enfermedades, como lo representaba en la Cruz que oprimía sus sagrados hombros. Entristecido Cayetano al ver espectáculo tan lastimoso, quisiera aliviar al Señor de tan gravoso peso, pero su temeroso encogimiento le detenía, hasta que apareciendo su grande amigo el seráfico P. San Francisco, le animó y convidó a que arrimase el hombro, para ayudar a llevar la cruz al Redentor. Así lo ejecutó, y halló por experiencia ser en compañía de Cristo, ligero el más grave trabajo, y entendió vivamente el sentido de sus sagradas palabras, cuando dijo: Mi yugo es suave, y mi carga ligera. Diósele también a entender al Santo con esta maravillosa visión lo mucho que había de cooperar con su religión a la salud de las almas rescatadas con la Sangre preciosa del Redentor». Vida de San Cayetano, edic. de 1723, pág. 362.





—Se rezará nueve veces el Padre nuestro, Ave María, y Gloria Patri con una aspiración antes de cada uno:



¡Oh San Cayetano, rogad por la conversión de los pecadores! Padre nuestro, Ave María, y Gloria Patri.


¡Oh San Cayetano, rogad por la conversión de los herejes e infelices! Padre nuestro, Ave María, y Gloria Patri.


¡Oh San Cayetano, rogad por la conservación de los justos en el estado de la gracia! Padre nuestro, Ave María, y Gloria Patri.


¡Oh San Cayetano, rogad por el sostén y extensión de la Iglesia Católica! Padre nuestro, Ave María, y Gloria Patri.


¡Oh San Cayetano, rogad por la pureza y por la defensa de los ministros del santuario! Padre nuestro, Ave María, y Gloria Patri.


¡Oh San Cayetano, rogad por la paz entre los reinos católicos! Padre nuestro, Ave María, y Gloria Patri.


¡Oh San Cayetano, rogad por la salud de todos los fieles cristiano-católicos! Padre nuestro, Ave María, y Gloria Patri.


¡Oh San Cayetano, rogad por la conservación y aumento de los frutos de la tierra! Padre nuestro, Ave María, y Gloria Patri.


¡Oh San Cayetano, rogad por todos los enfermos agonizantes, a fin de que mueran en el ósculo del Señor! Padre nuestro, Ave María, y Gloria Patri.
  



CONCLUSIÓN PARA TODOS LOS DÍAS




    Poderosísimo San Cayetano, a vuestro honor y ensalzamiento se ha dirigido este piadoso ejercicio. Si no ha llegado al pie de vuestro altar con toda aquella devoción que el Señor requiere en tales actos, haya para nosotros indulgencia, santo mío; mirad que somos todos miserables hijos de un padre prevaricador. Y en este concepto, según lo bueno que haya en nuestra oración, y en atención a los méritos de la Pasión de Jesucristo, tomad interés por nuestro bien, especialmente por la salud de nuestras almas. No nos abandonéis, ¡oh glorioso San Cayetano! Hoy más que nunca miradnos con ojos de compasión. Impetrad del trono de la Trinidad santísima el perdón de nuestras iniquidades que tan irritado tienen al Cielo contra nosotros, alcanzadnos la amistad divina con que seamos bendecidos durante la vida en este destierro, y coronados después de la muerte con la diadema de la inmortalidad en el reino de la gloria. Amén.





ORACIÓN DE SAN CAYETANO PARA EL REMEDIO DE LAS MAYORES NECESIDADES



   Mira, Señor y Padre santísimo, desde tu santuario, y sublime morada celestial esta sacrosanta Hostia que ofrece nuestro Sumo Pontífice Hijo tuyo y Señor nuestro, por los pecados de sus hermanos: aplácate, no obstante las muchas maldades del mundo; atiende a la voz de la Sangre de nuestro hermano Jesucristo que clama a ti desde la Cruz: otorga, Señor, nuestros ruegos: aplácate Señor, y concédenos lo que te pedimos; no des largas por ser Tú quién eres, Dios mío, pues tu santo Nombre ya se invocó sobre tu pueblo; y haz con nosotros según tu misericordia. Amén.




GOZOS AL GLORIOSO SAN CAYETANO
 



Conde en Venecia nacisteis,
Y en la juventud florida
Deudos y honras de esta vida
Por pobre desconocisteis:
Pues en Dios, gran veneciano,
Lográis nobleza mayor:
Sednos padre y protector,
Milagrero Cayetano.
  
Vuestra patria os aclamaba,
Ya por santo entre niñeces,
Y en vos ciertas solideces
De la virtud admiraba:
Pues disteis muestras enano
De agigantado valor:
Sednos padre y protector,
Milagrero Cayetano.
 
La pobreza y abstinencia
Como apóstol abrazasteis,
Y a vuestros hijos mandasteis
Vivir de la providencia:
Y siempre con larga mano
Os socorría el Señor:
Sednos padre y protector,
Milagrero Cayetano.
  
Humilde en los hospitales
Servíais a los dolientes,
Sanando sus accidentes
Incurables o mortales:
Y pues poder soberano
Os ha dado el Redentor:
Sednos padre y protector,
Milagrero Cayetano.
  
En Roma puso María
A Jesús en vuestros brazos,
Logrando en tiernos abrazos,
Tan amable compañía:
Y pues depósito Pífano
Fuisteis del mismo Criador:
Sednos padre y protector,
Milagrero Cayetano.
 
Fuiste insigne penitente,
Tanto que según decíais,
Vuestro cuerpo aborrecíais
Como al demonio insolente.
Pues sois del mundo liviano
Constante perseguidor:
Sednos padre y protector,
Milagrero Cayetano.
     
Vuestro aspecto prodigioso
Todos los vicios destruye,
Y de vuestra imagen huye
El espíritu alevoso:
Pues del infernal villano
Sois firme espanto y terror,
Sednos padre y protector,
Milagrero Cayetano.
    
Un Moro porque votó
Retener vuestra figura,
De una prisión cruel, y dura
Felizmente se libró:
Pues sois aun del más pagano
Amable consolador:
Sednos padre y protector,
Milagrero Cayetano.
    
Muchas almas acosadas
De venérea tentación
Deja vuestra intercesión
Dichosamente libradas:
Pues sobresale a lo humano
Vuestro virgíneo candor:
Sednos padre y protector,
Milagrero Cayetano.
    
Dais esfuerzo, luz, y guía
Al más triste agonizante,
Y al enfermo vacilante
Suspendéis la frenesía:
Para que como cristiano
Muera contrito de amor:
Sednos padre y protector,
Milagrero Cayetano.
   
En los partos laboriosos
Dais feliz alumbramiento,
Trocando en alegre acento
Los suspiros dolorosos:
Pues nunca el devoto en vano
Imploró vuestro favor:
Sednos padre y protector,
Milagrero Cayetano.
    
El conyugal desconsuelo
Por falla de sucesión,
Alivias grato Patrón
Si es conveniente su anhelo:
Que cuando el deseo es vano
No os merece por fiador:
Sednos padre y protector,
Milagrero Cayetano.



      
Antífona:


Buscad primero el Reino de Dios y su justicia, y todo lo demás se os añadirá.



℣. Bajo la sombra de tus alas protégenos, San Cayetano.




℟. Sé nuestro refugio en la tribulación.



 
ORACIÓN



   Suplicámoste, Señor, que no nos falte en nuestras necesidades la intercesión de tu bienaventurado confesor San Cayetano, para que experimentemos continuamente el auxilio de aquél que respetuosamente veneramos. Por Jesucristo Nuestro Señor. Amén.




—En el nombre del Padre, y del Hijo ✠, y del Espíritu Santo. Amén.