viernes, 31 de octubre de 2025

LA VIGILIA DE TODOS LOS SANTOS—31 de octubre.

 


   Preparemos nuestras almas a las gracias que el cielo va a derramar sobre el mundo a cambio, de sus homenajes. Será tal mañana la alegría de la Iglesia, que se creerá vivir ya en la eternidad. Pero hoy se presenta ante nosotros con libreas de penitencia, reconociendo que no pasa de ser una desterrada (Hebr., XI, 13). Ayunemos y oremos con ella. ¿Qué somos nosotros también sino caminantes de un mundo en que todo pasa y marcha rápidamente a la muerte? La solemnidad que va a empezar, cuenta de año en año, entre nuestros compañeros de otros tiempos, nuevos elegidos que bendicen nuestro llanto y sonríen a nuestros cantos de esperanza. Cada año nos acercamos al término y también nosotros, admitidos en la fiesta del cielo, recibiremos el homenaje de los que vienen detrás y les tenderemos la mano para ayudarlos a unirse con nosotros en el país de la felicidad que no tiene fin. Sepamos desde ahora libertar nuestras almas, y en medio de los vanos cuidados conservemos nuestros corazones libres de los falsos placeres de una tierra que no es la nuestra: un desterrado no tiene más inquietud que su aislamiento ni otra alegría que la que le procura el gusto anticipado de la patria.

   Imbuidos en estos pensamientos, digamos con la Iglesia en este día de vigilia:


ORACION


   Señor, Dios nuestro, multiplica sobre nosotros tu gracia; y haz que consigamos en nuestra santa profesión la alegría de aquellos cuya gloriosa solemnidad prevenimos. Por Nuestro Señor Jesucristo.

   Y terminamos este mes con un homenaje a María, Reina del Santísimo Rosario y Reina de los Santos, que tomamos de un misal dominicano.



SECUENCIA


   He aquí que en el jardín virginal echan brotones los nuevos vástagos y se forman las flores; apunta la fertilidad de la primavera.

   Han terminado las heladas; se ha ido el invierno y las lluvias y la nieve han desaparecido con él; se han mostrado las rosas en la tierra, como sembradas por los cielos.

   La rosa ha producido al lirio; y luego del jardín de su hijo, mientras duró su destierro, ella ha recogido y cosechado.

   Para los justos la alegría, para los pecadores una nueva inocencia, para los elegidos la gloria, para todos la salvación:

   Dones que Cristo trajo de los cielos, que aseguró con sus padecimientos a la tierra, salvando al mundo que había venido a vencer. 

   Descansa entre las hojas del rosal, se hiere en sus espinas, se corona con sus flores: y de ese modo nos llama, nos justifica, nos recompensa.

   Gracias, pues, a la vara bendita, a sus hojas, a sus espinas, a sus rosas, tenemos patria; donde mora el augusto jardinero, allí nos esperan sus delicias.

   La emperatriz que se complace en la compañía de nuestra milicia santa, preside a la triple jerarquía dé los nueve coros.

    Nueva triunfadora que reparas el antiguo desastre, para ti nuestros cantos.

   Pero otra vez amenaza y ruge el enemigo; si tú no le detienes, acaba con los cristianos.

   Te saludamos, morada del Verbo, santuario del Espíritu Santo, hija del Padre soberano.

   Esté siempre tu ayuda con nosotros en los peligros múltiples de esta vida, en las asechanzas del enemigo.

   Y después del combate, sea nuestra corona de rosas y de lirios cogidos en los jardines de los cielos. Amén.






                                                  “EL AÑO LITÚRGICO

DOM PROSPERO GUÉRANGER
ABAD DE SOLESME.

sábado, 25 de octubre de 2025

MES DE SANTA TERESITA DEL NIÑO JESÚS – DÍA VIGÉSIMO.

 

Compuesto por el Rev. P. Aniceto de la Sagrada Familia OCD en el año 1925.

  


Por la señal de la Santa Cruz, de nuestros enemigos, líbranos Señor Dios nuestro. En el nombre del Padre, y del Hijo , y del Espíritu Santo. Amén.

  


ACTO DE CONTRICIÓN

 


   Señor mío Jesucristo, con el corazón partido por el dolor que me causan los pecados cometidos contra Ti, vengo a pedirte perdón de ellos. Ten piedad de mí, oh Dios; según la grandeza de tu misericordia y según la muchedumbre de tus piedades, borra mi iniquidad. Mira mi humillación y mi trabajo, y perdona todos mis pecados. Espero de tus bondades que no entrarás en juicio con tu siervo, porque no hay entre los vivientes ninguno limpio, en tu presencia, y que me perdonarás todas mis culpas, y me darás la gracia para perseverar en tu santo servicio hasta el fin de mi vida. Amén.

 


ORACIÓN PARA TODOS LOS DÍAS



   ¡Oh Jesús! Maestro sapientísimo en la ciencia del amor, que aleccionaste en la escuela de tu corazón adorable a tu pequeñita esposa Santa Teresita del Niño Jesús, haciéndole correr por la senda del amor confiado hasta llegar a la cumbre de la perfección, yo te ruego te dignes enseñar a mi alma el secreto del Caminito de infancia espiritual como a ella se lo enseñaste; para esto vengo en este día a tu soberana presencia a meditar los ejemplos admirables que nos dejó tu regalada Santita. Escucha benigno las súplicas que ella por nosotros confiadamente te dirige. ¡Oh Jesús, si pudiera yo publicar tu inefable condescendencia con todas las almas pequeñitas! Creo que si, por un imposible, encontraras una más débil que la mía, te complacerías de colmarla de mayores gracias aún, con tal confiara por entero en tu infinita misericordia, Mas ¿por qué, Bien mío, deseo tanto comunicar los secretos de tu amor? ¿No fuiste tú solo quien me los enseñaste? ¿Y no puedes revelarlos a los demás? Ciertamente que sí, y puesto que lo sé, te conjuro que lo hagas: te suplico que fijes tus divinos ojos en todas las almas pequeñitas, y te escojas en este mundo una legión de Víctimas pequeñas dignas de tu amor… Dígnate escoger a la pobrecita de mi alma para el número de esa legión y haz, por tu piedad que, atraída por la fragancia de las virtudes de tu esposa, corra por la senda del bien hasta llegar a la perfección del amor. Amén.

DÍA VIGÉSIMO – 20 DE OCTUBRE

 

MEDITACIÓN: EL PELIGRO DE LAS AMISTADES

 

Sicut nóxius est qui mittit ságittas, et lánceas in mortem, ita qui fraudulénter nocet, amíco suo (Prov. XXVI, 18-19). Como es culpable el que arroja saetas y lanzas para matar, así el que engaña con malicia a su amigo.

 

   Si en algún caso tiene importancia gravísima el prudentísimo consejo del buen Maestro: «Vigilad», es ciertamente cuando se trata de elegir y conservar los amigos.

 

   La amistad tan necesaria al hombre y tan recomendada y alabada en la Sagrada Escritura puede ser funestísima, si no se la usa dentro de los límites que marca la prudencia.

 

   Como nacida en el movedizo terreno del sentido y perseguida por el enemigo de la pasión, puede convertirse en piedra de escándalo y motivo primordial de nuestra ruina. Por esto, debemos mirar que nuestras amistades, nacidas al calor de la simpatía natural, no queden en ella, sino que las desarrollemos con miras a la eternidad.

 

   Amistad que sólo se fundamenta en cualidades físicas o en condiciones de bienestar, tienen una vida famélica y mueren cuando éstas y aquéllas desaparecen, dejando al alma sumida en el más profundo de los abismos. ¡La desilusión! Pero no son éstas las más perniciosas; aquéllas, en las que la parte fundamental de su existencia radica en la sensualidad, son las que rompen los lazos de nuestra unidad con Dios las que producen quebrantos irreparables en el corazón. Contra éstas debemos andar en guardia para que no nos veamos sorprendidos con una segura y lamentable derrota. De prudentes es en el mismo momento en que la conciencia nos arguya el más insignificante desvío, apartarnos con valentía siguiendo la doctrina de San Francisco de Sales: «Corta, divide, rompe, no te detengas a descoser estas locas amistades, rásgalas, y no me digas que sea ingratitud romper tan despiadadamente una amistad. ¡Feliz ingratitud que nos hace agradables a los ojos de Dios! Pero no será ingratitud, sino hacer un gran beneficio al amante, porque rompiendo tus prisiones romperás las suyas, que unas mismas os aprisionaban a entrambos» (Introducción a la Vida devota, 3.ª parte, cap. XXI).

 

   Llena de celestial prudencia es la doctrina que nos ofrece la Santita venerada: «Elegí por aquel tiempo como amigas a dos niñas de mi edad; pero ¡ah, que pequeño es el corazón de las criaturas! Una de ellas tuvo que volver a su casa por algunos meses; me acordé mucho de ella durante su ausencia, y demostré gran alegría al volver a verla. Mas ¡ay!, sólo obtuve de ella una mirada indiferente, no era correspondida en mi amistad. Lo sentí con toda mi alma, más desde entonces dejé de mendigar cariño tan inconstante. Con todo, Dios me ha dotado de un corazón tan fiel, que cuando ha amado, sigue amando constantemente; por eso continúo encomendando a Dios a aquella compañera, por eso la quiero todavía. Al ver que muchas alumnas se aficionaban particularmente a una maestra, quise imitarlas, mas no pude conseguirlo. ¡Feliz impotencia!, de cuántos males me has librado: Cuánto agradezco al Señor que sólo me haya hecho encontrar amarguras en las amistades de la tierra: Con un corazón como el mío, me hubiera dejado cautivar cortar las alas; y entonces, ¿cómo hubiera podido volar y descansar? Imposible es que pueda unirse estrechamente con Dios el corazón entregado al cariño humano. He visto tantas almas, seducidas por esa falsa luz, precipitarse en ella como incautas mariposas, quemarse las alas, y tornar luego a Jesús, ¡fuego divino que arde sin consumirse!  ¡Ah! Bien lo sé; Nuestro Señor, que conocía mi debilidad, no quiso exponerme a la tentación; me hubiera quemado enteramente en la engañosa luz de las criaturas; mas no brilló nunca ante mis ojos. Allí donde las almas fuertes encuentran la alegría y si no desprenden de ella por fidelidad a Dios, he encontrado yo más que aflicción. ¿Dónde está, pues, mi mérito por haberme librado de esas frágiles ligaduras, puesto que un dulce efecto de la misericordia de Dios me preservó de ellas? Sin Él, lo reconozco, habría podido caer en tanta abyección como la Magdalena; las rotundas palabras del divino Maestro a Simón el fariseo, resuenan con gran dulzura en mi alma. Si, sé que a aquel a quien se perdona menos ama menos (S. Luc. VII, 47), pero sé también que Jesús me ha perdonado más que a Magdalena».

 

—Medítese un momento y pídase la gracia que se desea recibir.

 


EJEMPLO: SOR TERESITA DEL NIÑO JESÚS GUARDA FIELMETE A LOS QUE EN ELLA CONFÍAN

 

   Congregación del Espíritu Santo. Paris, 15-9-1916.

   Una joven de excelente familia y educada cristianamente se encontraba en grave peligro para su salvación a causa de una amistad peligrosa; el peligro se presentaba cada vez más amenazador y difícil de conjurar. Un día, esta joven que había tomado a la angelical Santita de Lisieux por su segunda patrona, aterrorizada al contemplar el abismo que parecía abrirse bajo sus pies, mientras se paseaba en el jardín de su casa pensando en la posible caída, exclamó: «¡Querida hermanita Teresita, guárdanos!», y en el mismo instante oyó claramente estas palabras. «Ya lo he hecho, y seguiré haciéndolo». Estaba sola, completamente sola y persuadida de que la voz venía del cielo, se propuso acudir a Lisieux en peregrinación en acción de gracias. La sierva del Señor cumplió su promesa, salvando a la joven.

J. V., Sacerdote.

 

JACULATORIA: No permitas, Santita carísima, que sucumbamos bajo el dominio de una amistad peligrosa.

 


ORACIÓN PARA ESTE DÍA



   ¡Oh incomparable maestra del espíritu!, que sabia y prudentemente aleccionas a mi alma en el camino del espíritu, haz, que agradecida al perdón de todo lo que me ha perdonado mi Dios le ame con delirio, con locura, no teniendo jamás descanso en el cariño de las criaturas, sino en Jesús, único amigo verdadero de las almas; y para más obligarte, te recordamos tus inefables promesas en favor de tus devotos con las siguientes: 



DEPRECACIONES



   ¡FIorecilla de Jesús, que con tus perfumes virginales atrajiste hacia ti las miradas del Esposo divino, haz que nuestras plegarias merezcan la bendición del cielo!

—Padrenuestro y Avemaría.

 

   ¡Virgen graciosa!, que supiste iniciarte en el corazón del Rey celestial, oyendo de sus labios divinos «Todo lo mío es tuyo», haz que se derrame sobre mi corazón la gracia de tu protección poderosa.

—Padrenuestro y Avemaría.

 

   ¡Oh celestial criatura!, que nos prometiste que tus oraciones serían en el cielo bien recibidas, ruega por nosotros y arroja la abundancia de gracias sobre nuestras almas, como la lluvia de rosas que prometiste hacer caer sobre la tierra.

—Padrenuestro, Avemaría y Gloria Patri.

 

ORACIÓN FINAL PARA TODOS LOS DÍAS


   ¡Oh Jesús! Atraído suavemente por el imán poderoso de tu amor a la escuela donde tus manos graciosas señalan a las almas el camino de la virtud infantil, tomo la resolución de poner en práctica tus enseñanzas a imitación de tu pequeñita esposa Santa Teresita. ¡Oh Jesús divino! Tú, misericordiosamente, te dignaste mirarla, y con solo la mirada de tus ojos claros, serenos, vestida la dejaste de tu hermosura. Dígnate, pues, te lo pido con fe, recompensar este devoto ejercicio, con la dulce y misericordiosa mirada dc tus ojos divinos. «Más qué digo, ¡Jesús mío! Tú sabes muy bien que no es la recompensa la que me induce a servirte, sino únicamente tu amor y la salvación de mi alma». Te lo pido por la intercesión de tu florecilla regalada. ¡Oh querida Teresita! Es preciso que ruegues por mí, para que el rocío de la gracia se derrame sobre el cáliz de la flor de mi corazón, para fortalecerlo y dotarlo de todo cuanto le falta. ¡Adiós, florecilla de Jesús! Pide que cuantas oraciones se hagan por mí, sirvan para aumentar el fuego que debe consumirme. Amén.

 

En el nombre del Padre, y del Hijo , y del Espíritu Santo. Amén.

 

viernes, 24 de octubre de 2025

SAN RAFAEL, arcángel. —24 de octubre.

 


   Los celestiales beneficios que recibió del glorioso arcángel san Rafael, el santo patriarca Tobías, refiéranse en el mismo sagrado libro de Tobías por estas palabras:


«Entonces Tobías llamó a parte a su hijo, y le dijo:


 — ¿Qué podemos dar a este varón santo que te ha acompañado?


 A lo que respondiendo Tobías, dijo a su padre:

—Padre mío, ¿qué recompensa le daremos? O ¿cómo podremos corresponder dignamente a sus beneficios? Él me ha llevado y traído sano y salvo; él mismo en persona cobró el dinero de Gabelo; él me ha proporcionado esposa, y ahuyentó de ella al demonio, llenando de consuelo a sus padres; asimismo me libró del pez que me iba a tragar; te ha hecho ver a ti la luz del cielo; y hemos sido colmados por medio de él de toda suerte de bienes. ¿Qué podremos, pues, darle que sea proporcionado a tantos favores? Mas yo te pido, padre mío, que le ruegues si por ventura se dignará tomar para sí la mitad de todo lo que hemos traído. 




CASAMIENTO DE TOBÍA (HIJO) Y SARA.

TOBÍAS (PADRE) RECUPERA LA VISTA. 



   Con esto padre e hijo le llamaron, y empezaron a rogarle que se dignase aceptar la mitad de todo lo que habían traído. 




   Entonces les dijo él en secreto:


—Bendecid al Dios del cielo, y glorificadle delante de todos los vivientes, porque ha hecho brillar en vosotros su misericordia. Porque así como es bueno tener oculto el secreto confiado por el rey, es cosa muy loable el publicar y celebrar las obras de Dios. Buena es la oración acompañada del ayuno; y el dar limosna mucho mejor que los tesoros de oro: porque la limosna libra de la muerte, y es la que purga los pecados y alcanza la misericordia y la vida eterna. Más los que cometen el pecado y la iniquidad, son enemigos de su propia alma. Por tanto, voy a manifestaros la verdad, y no quiero encubriros más lo que ha estado oculto. Cuando tú orabas con lágrimas, y enterrabas los muertos, y te levantabas de la mesa a medio comer, y escondías de día los cadáveres en tu casa, y los enterrabas de noche, yo presentaba al Señor tus oraciones. Y por lo mismo que eras acepto a Dios, fue necesario que la tentación o la aflicción te probase. Y ahora el Señor me envió a curarte a ti, y a libertar del demonio a  Sara, esposa de tu hijo. Porque yo soy, el ángel Rafael, uno de los siete espíritus principales que asistimos delante del Señor.


TOBÍAS (PADRE) ENTERRANDO LOS MUERTOS.


   Al oír estas palabras, se llenaron de turbación, y temblando cayeron en tierra sobre sus rostros. 




   Pero el ángel les dijo:


   —La paz sea con vosotros, no temáis, pues que mientras he estado yo con vosotros, por voluntad o disposición de Dios he estado; bendecidle, pues, y cantad sus alabanzas. Parecía, a la verdad, que yo comía y bebía con vosotros; mas yo me sustento de un manjar invisible, y de una bebida que no puede ser vista de los hombres. Ya es tiempo de que me vuelva al que me envió; vosotros empero bendecid a Dios, y anunciad todas sus maravillas.

   Dicho esto, desapareció de su vista, y no pudieron ya verle más. 

   Entonces, postrados entierra sobre sus rostros por espacio de tres horas, estuvieron bendiciendo a Dios; y levantándose de allí, publicaron todas sus maravillas.»



   Reflexión: Es el arcángel san Rafael, singular protector de los enfermos; como su mismo nombre lo significa, pues Rafael vale lo mismo que Medicina de Dios.



   
   Por esta causa se han puesto debajo de su amparo todos los hospitales de san Juan de Dios, y todos los fieles deberíamos invocar en nuestras enfermedades su celestial patrocinio.



   Oración: ¡Oh Dios! que diste por compañero para el camino de tu siervo Tobías al bienaventurado arcángel san Rafael; concédenos que seamos siempre protegidos con su custodia y fortalecidos con su auxilio. Por Jesucristo, nuestro Señor. Amén.



FLOS SANCTORVM
DE LA FAMILIA CRISTIANA.

domingo, 19 de octubre de 2025

MES DE SANTA TERESITA DEL NIÑO JESÚS – DÍA DÉCIMONOVENO.

 

Compuesto por el Rev. P. Aniceto de la Sagrada Familia OCD en el año 1925.

  


Por la señal de la Santa Cruz, de nuestros enemigos, líbranos Señor Dios nuestro. En el nombre del Padre, y del Hijo , y del Espíritu Santo. Amén.

  


ACTO DE CONTRICIÓN


 

   Señor mío Jesucristo, con el corazón partido por el dolor que me causan los pecados cometidos contra Ti, vengo a pedirte perdón de ellos. Ten piedad de mí, oh Dios; según la grandeza de tu misericordia y según la muchedumbre de tus piedades, borra mi iniquidad. Mira mi humillación y mi trabajo, y perdona todos mis pecados. Espero de tus bondades que no entrarás en juicio con tu siervo, porque no hay entre los vivientes ninguno limpio, en tu presencia, y que me perdonarás todas mis culpas, y me darás la gracia para perseverar en tu santo servicio hasta el fin de mi vida. Amén.

 


ORACIÓN PARA TODOS LOS DÍAS



   ¡Oh Jesús! Maestro sapientísimo en la ciencia del amor, que aleccionaste en la escuela de tu corazón adorable a tu pequeñita esposa Santa Teresita del Niño Jesús, haciéndole correr por la senda del amor confiado hasta llegar a la cumbre de la perfección, yo te ruego te dignes enseñar a mi alma el secreto del Caminito de infancia espiritual como a ella se lo enseñaste; para esto vengo en este día a tu soberana presencia a meditar los ejemplos admirables que nos dejó tu regalada Santita. Escucha benigno las súplicas que ella por nosotros confiadamente te dirige. ¡Oh Jesús, si pudiera yo publicar tu inefable condescendencia con todas las almas pequeñitas! Creo que si, por un imposible, encontraras una más débil que la mía, te complacerías de colmarla de mayores gracias aún, con tal confiara por entero en tu infinita misericordia, Mas ¿por qué, Bien mío, deseo tanto comunicar los secretos de tu amor? ¿No fuiste tú solo quien me los enseñaste? ¿Y no puedes revelarlos a los demás? Ciertamente que sí, y puesto que lo sé, te conjuro que lo hagas: te suplico que fijes tus divinos ojos en todas las almas pequeñitas, y te escojas en este mundo una legión de Víctimas pequeñas dignas de tu amor… Dígnate escoger a la pobrecita de mi alma para el número de esa legión y haz, por tu piedad que, atraída por la fragancia de las virtudes de tu esposa, corra por la senda del bien hasta llegar a la perfección del amor. Amén.

DÍA DECIMONOVENO – 19 DE OCTUBRE

 

MEDITACIÓN: LAS AMISTADES.

 

Ánima Jónathæ conglutináta est ánimæ David, et diléxit eum Jónathas quási animam suam (I Reg. XVIll). El alma de Jonatán se ligó estrechamente con el alma de David, y le amó Jonatán con toda su alma.

 

   «Entre los conceptos teológicos que más atractiva hacen a mi sensibilidad la grandeza de Dios, es saber que la Divinidad tiene un horror al vacío y a la soledad». Dios lo llena todo, está presente en todo lugar, y no vive solo, es Trinidad y Trinidad creadora. El hombre participe las perfecciones divinas, es un ser que profesa un horror al vacío y odia la soledad.

 

   Dios entre las grandiosas obras de sus manos aparece soberanamente providente, dando al hombre una compañera y a ésta un compañero, que vivirán el uno para el otro hasta la fusión

del amor. El matrimonio es el summum de la amistad, lo mismo en el orden de la naturaleza que en el sublime de la gracia. El hombre, pues, por su naturaleza necesita la amistad.

 

   El gran pensador Lacordaire escribió que la amistad es el consorcio de dos almas que se unen para realizar la labor de la vida.

 

   Pensemos un momento y veremos que la labor de la vida, no es otra cosa que el desenvolvimiento total de las energías espirituales en orden a la verdad, la belleza y la bondad. Trilogía admirable que hace al hombre feliz en este mundo y glorioso en el otro. Porque, en verdad Dios sólo es verdad y belleza y bondad para el entendimiento humano y angélico.

 

   La amistad no une las almas para el sentido sino para Dios. Que bien lo entendían los santos, pero de manera especialísima las dos Teresas, la madre y la hija, la maestra y la discípula: Santa Teresa de Jesús y Santa Teresita del Niño Jesús.

 

   «Este amor se parece y va imitando al que nos tuvo el buen Jesús, que es la pasión de hacer que el alma a quien tiene amistad, ame a Dios para ser amada de Él… Es amor muy a su costa; no deja de poner todo lo que puede porque se aproveche; perdería mil vidas por un pequeño bien suyo. ¡Oh, precioso amor que va imitando al capitán del amor Jesús, nuestro bien!… Así ganan muy mucho los que tienen su amistad: y crean que, o los dejarán de tratar con particular amistad, o acabarán con nuestro Señor que vayan por su camino, pues van a una tierra como hizo Santa Mónica con San Agustín. No les sufre el corazón tratar en ellos doblez, porque si les ven torcer el camino, luego se lo dicen, o algunas faltas, no pueden consigo acabar otra cosa» (Camino de Perfección, VII).

 

   Esta manera de amar es la que produce la amistad que se funda en Dios, y a ella van ordenados todos los deseos de los buenos amigos. La verdadera caridad consiste en soportar todos los defectos del prójimo, en no extrañarse de sus debilidades; pero he aprendido especialmente que la caridad no debe permanecer encerrada en el fondo del corazón; pues nadie enciende una antorcha para ponerla debajo de un celemín… sino que se la pone sobre un candelero, a fin de que alumbre a todos los que están en la casa (Luc. XI, 33). Me parece, Madre mía que esta antorcha representa la caridad que debe iluminar y alegrar, no sólo a aquellos que más quiero, sino a todos los que están en la casa.

 

   ¡Qué fin tan admirable el de la amistad, levar las almas amigas a Dios y escalar juntas las cimas del más sublime de los ideales!

 

   Amar a una persona es amar su alma, y quererla más bella y más grande y más santa. La amistad no alcanza verdaderamente su objeto sino en cuanto contribuya al mejoramiento de nosotros mismos por el ejercicio de todas las virtudes. Dos amigos deben poder decirse lo que Jonatán a David: «Haré por ti cuánto tu alma me dijere», porque el alma de Jonatán se ligó estrechamente con el alma de David, y se amaron con toda el alma.

 

—Medítese un momento y pídase la gracia que se desea recibir.

 


EJEMPLO: CONVERSIÓN DE UNA JOVENCITA

LIBREPENSADORA.


X. (Argelia), 6-8-1918.

   Después de mi primera Comunión, caí en tal impiedad, llegando a adoptar la odiosa teoría de Renán, en su Vida de Jesús. Hasta la edad de trece años he vivido esta vida de pecado, de la cual me siento avergonzada aún estaría sumida en ella a no ser por la intervención de Sor Teresita.

 

   En 1916 fui al campo a pasar el verano en compañía de una primita muy piadosa y más joven que yo. Conociendo mi pasión por la lectura, me ofreció un día el librito Llamamiento a las almas pequeñitas. En un principio leí sólo algunas páginas por darle gusto; cerré el libro, pero una voz interior me reprendió: «No sabrás nunca leer una cosa seria»; parecía repetirme y me vi forzada a abrir de nuevo el librito. Al llegar al pasaje que relata la profesión religiosa de la Santita, reproduciendo la oración que formuló ese día, caí de rodillas Vencida por la gracia y deshecha en lágrimas, conjuré a Sor Teresita a tener piedad de mí, retirándome del abismo. Desde este momento he encontrado de nuevo la fe y la piedad, he comprendido la vanidad de las cosas de la tierra y no sueño más que en unirme a Dios para siempre, lejos del mundo. Quisiera dar a todos los pecadores este librito tan sencillo, pero tan precioso. Creo que nadie resistiría a su saludable influencia. En derredor mío ha obrado otra conversión.

X.

 

JACULATORIA: ¡Oh celestial Santita! Haz que sepamos conocer la Verdadera amistad que conduce al cielo.

 


ORACIÓN PARA ESTE DÍA


 

   ¡Oh bienaventurada virgen Santa Teresita! que inflamada en el amor de Dios supiste conservar las amistades que las criaturas te prestaron «amándolas constantemente y encomendándolas en tus fervorosas oraciones», haz, piadosa intercesora que sepa amar y conservar el amor de mis amigos sintiendo verdadera alegría por el aprovechamiento de sus almas y padeciendo toda suerte de sacrificios  para procurárselos según tus enseñanzas; y para más obligarte te recordamos tus inefables promesas en favor de tus devotos con las siguientes: 



DEPRECACIONES



   ¡FIorecilla de Jesús, que con tus perfumes virginales atrajiste hacia ti las miradas del Esposo divino, haz que nuestras plegarias merezcan la bendición del cielo!

—Padrenuestro y Avemaría.

 

   ¡Virgen graciosa!, que supiste iniciarte en el corazón del Rey celestial, oyendo de sus labios divinos «Todo lo mío es tuyo», haz que se derrame sobre mi corazón la gracia de tu protección poderosa.

—Padrenuestro y Avemaría.

 

   ¡Oh celestial criatura!, que nos prometiste que tus oraciones serían en el cielo bien recibidas, ruega por nosotros y arroja la abundancia de gracias sobre nuestras almas, como la lluvia de rosas que prometiste hacer caer sobre la tierra.

—Padrenuestro, Avemaría y Gloria Patri.

 


ORACIÓN FINAL PARA TODOS LOS DÍAS


   ¡Oh Jesús! Atraído suavemente por el imán poderoso de tu amor a la escuela donde tus manos graciosas señalan a las almas el camino de la virtud infantil, tomo la resolución de poner en práctica tus enseñanzas a imitación de tu pequeñita esposa Santa Teresita. ¡Oh Jesús divino! Tú, misericordiosamente, te dignaste mirarla, y con solo la mirada de tus ojos claros, serenos, vestida la dejaste de tu hermosura. Dígnate, pues, te lo pido con fe, recompensar este devoto ejercicio, con la dulce y misericordiosa mirada dc tus ojos divinos. «Más qué digo, ¡Jesús mío! Tú sabes muy bien que no es la recompensa la que me induce a servirte, sino únicamente tu amor y la salvación de mi alma». Te lo pido por la intercesión de tu florecilla regalada. ¡Oh querida Teresita! Es preciso que ruegues por mí, para que el rocío de la gracia se derrame sobre el cáliz de la flor de mi corazón, para fortalecerlo y dotarlo de todo cuanto le falta. ¡Adiós, florecilla de Jesús! Pide que cuantas oraciones se hagan por mí, sirvan para aumentar el fuego que debe consumirme. Amén.

 

En el nombre del Padre, y del Hijo , y del Espíritu Santo. Amén.